viernes, 16 de agosto de 2019

Versión Original 23. Tokio Blues, Haruki Murakami


Tusquets, 2007

           Rescato del ayer este libro de Murakami, que fuera el primero –si no el único- que encaré hace ya tiempo. Quizás haya sido algo crítico en ese entonces con un texto fluido, llevadero y, si se quiere, amigable con el lector. Pero la sospecha –que mantengo- de forzar la empatía tensando la fibra emotiva, le han restado puntos a la hora de la evaluación final. Y el mote de best seller, más aún.


            Hace un par de años atrás, amigos lectores del más diverso origen, credo, edad y género –muchos de ellos no sólo adeptos seguidores, sino fanáticos apologetas- coincidieron en opinar que ésta era, hasta ese momento, la mejor novela escrita por el autor, lo que me indujo a su compra. Pasado el tiempo y con motivo de la reciente publicación de su última obra, otros tantos ávidos me recordaron que ésta dormía “el sueño de los justos” en medio del tótem, en espera de días más felices para encarar su lectura. Como a todo, le llegó el turno.

            Es la historia de Toru Watanabe, un japonés treintón que, al aterrizar en Hamburgo y escuchar en off la melodía de “Norwegian Wood”, de Los Beatles, desata recuerdos y revive hechos acaecidos casi veinte años antes, entre él y la pareja de amigos compuesta por Naoko y Kizuki, cuyo intempestivo suicidio de éste desencadena una serie de emociones y sentimientos que se convierten en la trama principal de la novela.

            Entonces, ¿es una romántica historia de amor? Sí, pero no solo. Es también un relato de la juventud de fines de los ’60 en Japón, el despertar de la sexualidad y el erotismo -con su característica efervescencia hormonal, en tiempos donde no se tenían ni noticias sobre el SIDA y sólo contaban las enfermedades venéreas-, la amistad y el amor prístino, puro, llevado hasta sus últimas consecuencias, junto al ingreso en la adultez de toda una generación que intenta modificar los códigos de una sociedad anquilosada, aunque sin faltar el respeto por lo tradicional. De paso, hay una velada crítica al marxismo y a la izquierda. Ya de por sí, y solamente por todo esto, justifica la inversión de tiempo en su lectura.

            El acierto de Murakami radica en contarnos la típica historia del triángulo de amor –al mejor estilo occidental- entre chicos que no llegan a la veintena, pero en tempo oriental, donde los silencios cobran relevancia y se vuelven tanto o más elocuentes que lo que sus protagonistas expresan. Descarto la plena identidad de los lectores con el decir y sentir de sus personajes, en una sutil clave adolescente.

            Ambientada en el Tokio de 1970, con una prosa fluida y relatada en primera persona, la novela se torna, por momentos, melancólica, nostálgica y algo sensiblera, donde el suicidio y la muerte campean en más de una ocasión, lo que me condujo a evocar aquello “de sabihondos y suicidas”, en el cantar del inolvidable Edmundo Rivero en “Cafetín de Buenos Aires”, o el más contundente y cercano “Suicide Blonde”, de Inxs, por más que ninguna protagonista femenina fuese rubia.

            Bien propio de la cocina oriental, el resultado de esta experiencia inicial me dejó un sabor agridulce. Por una parte, la narración es realista y precisa, sin digresiones ni intenciones de “estirar” el relato; por otro, sospecho que la trama no sólo intenta contarnos una historia sino también busca agradar al “gran público”, pues el cóctel que reúne sexo, erotismo, amor y muerte siempre reporta beneficios; mucho más si los elementos constitutivos están ensamblados con maestría y buen gusto. No por nada el sello editorial coloca en la portada de esta edición ‘Best seller internacional’.

        En resumen, vale la pena leerlo, aunque sólo sea para acercarnos al universo de Murakami.

domingo, 11 de agosto de 2019

Abandonar la infancia. El origen de la tristeza, Pablo Ramos


Alfaguara, 2014

I.

            Son pocas las ocasiones en que me inclino por autores argentinos. La razón estriba en que resulta difícil abstraerse lo suficiente como para brindar una opinión lo más objetiva posible sobre su trabajo y apartar las opiniones del autor en otras áreas que no se relacionan con su obra. En un país donde todo se cuestiona –con y sin fundamento-, es arduo concentrarse meramente en las letras sin que resuenen o chirríen cosas ajenas. Pero Ramos ofrece un texto fresco, emotivo, con el que cualquier lector podría identificarse y en aras de ello lo encaré. Y por algo más.

II.

            Gabriel –o Gavilán, su apodo- es un niño que ha crecido en los suburbios de la zona sur del Gran Buenos Aires. Tiene un hermano algo mayor, Alejandro, y una hermana bebé; su padre posee un taller de fabricación de bobinas de inducción y su madre trabaja en casa. El nervio central de su vida es el barrio y la barra de amigos, conocidos como Los Pibes. Del conjunto se desgranan aventuras varias, miedos, ilusiones, aprendizajes y algún que otro sinsabor.

III.

            El libro está estructurado en tres partes. En la primera, se narra la relación de Gabriel con Rolando, un hombre de mediana edad que cuida tumbas en el cementerio local, quien lo alecciona en los trucos para obtener dinero de los clientes y le revela un enigma. En la segunda, se evocan los días en que el arroyo vecino se incendió –debido al derrame de inflamables-, mientras el grupo intentaba conseguir su iniciación sexual con alguna profesional. Finalmente, la pérdida de un compinche unida a las dificultades crecientes del negocio familiar y el fin de la educación primaria propician el desmantelamiento de esa cofradía que supo ser sólida, sin fisuras.

IV.

            Ambientada hacia inicios de los años ’80 del siglo pasado, Ramos entreteje historias que construyen un libro de iniciación, del pasaje de la niñez a la adolescencia, con la frescura propia de un Tom Sawyer o de un Huckleberry Finn. El descubrimiento del deseo sexual, la lealtad y solidaridad entre amigos, la fuerza de la vida social y familiar y la aparición de la muerte, en un período que oscila entre los diez y trece años de edad, son temas recurrentes de esa tristeza del título, que no es más que el abandono de la infancia. Algo que al crecer, dejamos atrás.

V.

            Con un estilo ameno, coloquial, narrado en primera persona por el protagonista, Ramos consigue hacernos recordar ese viejo pasado, donde todo era ideal, magnífico y despreocupado. Un libro para disfrutar como chicos, cuya elección no ha sido inocente. Yo transité en mi infancia las mismas cuadras que Gabriel, el mismo cementerio –mis tíos vivían frente a él- y hallé a mi primer y mejor amigo, a fines de los ‘60. Y al igual que él, los perdí poco después a todos, lo que decretó el fin de mi infancia. Agradezco al autor, entonces, por regalarme un recuerdo agridulce.

martes, 6 de agosto de 2019

La cara sombría de la moneda. Billie Ruth, Edmundo Paz Soldán


Páginas de Espuma, 2012

I.

         Habituado a abordar literatura de origen extranjero –europeo, norteamericano, oriental, etc.-, había echado en falta la presencia de letras iberoamericanas entre mis lecturas. Por ello, comencé a saldar esa carencia con autores vernáculos, mas no tenía registro de las letras bolivianas hasta que recordé el empujón que recibió el autor de marras, de parte de uno de los más grandes escritores del continente: Mario Vargas Llosa. Era hora de visitar su obra.

II.

            El libro está constituido por quince relatos de variada extensión. Alguno ocupa más de veinte páginas; el menor, solo cuenta con dos –y no es un microrrelato-. El abanico de situaciones que refleja va desde la violencia familiar, pasando por la complicidad en el robo, las obligadas salidas ajustadas por un juez, la venta de droga, hasta el desprejuicio de vivir una vida solo en tiempo presente. Además, el autor combina el elemento fantástico de manera tal con lo cotidiano que es imposible no creerle.

III.

            La mayoría de relatos se ambienta en el presente y cabalga entre los de naturaleza urbana como los de soledad y aislamiento. Padres a cargo de sus hijos, mineros en la precordillera, antropólogos identificando huesos humanos y hombres violentos de índole diversa transcurren como protagonistas en las páginas que Paz Soldán les ha destinado, intentando mostrarnos la cara sombría de una misma moneda.

IV.

            Con una pluma ágil, de estilo ameno y coloquial, sin intención de elaborar ni pontificar sino de capturar distintas escenas reales, Paz Soldán nos propone una serie de relatos que sólo dan cuenta de las inquietudes que animan nuestro interior, las que por momentos encuentran un cauce y, a veces, se diluyen en un sinsabor. Una obra breve, aunque promisoria.

jueves, 1 de agosto de 2019

e-book 46. Alquimia pictórica. El nervio óptico, María Gainza


Anagrama, 2014

I.

            Cuando una novela –digo bien- conjuga historia personal y de amigos con pinturas varias y cotilleo sobre la biografía del artista, no puede dejar indiferente a ningún buen lector. Al menos, se puede entender por qué la autora, versada en apreciación estética e historia del arte, nos brinda un trabajo que, a la vez, es autoficción y ensayo, una asociación entre el acontecer del mortal y la realización de obras trascendentes.

II.

            Gainza, descendiente de una familia de renombre local que ha perdido fulgor, plantea a través de un tour de force una serie de pequeñas anécdotas tomando como vehículos compañeros obras pictóricas, tanto de maestros consagrados como de artistas vernáculos, muchas de las cuales habitan las salas de museos de Buenos Aires, su lugar de procedencia.

III.

            Si bien cada uno de los once capítulos en que se divide el libro podría leerse de manera independiente, Gainza les brinda un hilván: su propia óptica de los cuadros como así también de lo que ocurre a su alrededor; la comidilla del entorno del pintor sólo agrega condimento a lo que se narra de los mismos.
La versión digital, gentileza de Epublibre

IV.

            Con una protagonista dueña de una voz única que atraviesa todo el texto, Gainza lo estira y comprime a su gusto; el lector participa de una mirada acerca de la obra, del entorno social y familiar del pintor en el momento de realizarla y de cómo un detalle mínimo en la vida de aquélla –la visita a un hermano en el exterior; la fobia de viajar en avión, etc.- ha sido capaz de disparar su convergencia.

V.

             Con una pluma versátil, sin florituras y haciendo buen uso de un vasto bagaje cultural -que incluye citas de obras literarias, además de los conocimientos adquiridos durante años de profesión-, la narradora intercala sabiamente evocaciones personales –reales o no- con las vidas cotidianas de aquellos que han ido modificando técnicas y miradas a través de sus telas, en una suerte de alquimia pictórica entre el creador, su obra y los espectadores. Un libro ameno, algo agridulce, que se lee de un sentón merced a la fluidez del texto y al equilibrio de los temas que aborda. Para no dejar pasar.

sábado, 27 de julio de 2019

Novelas de Stefan Zweig. 7. La impaciencia del corazón, Stefan Zweig


Acantilado, 2012

I.

            Contando con algo más de tiempo, decidí encarar la novela más extensa de las que se incluyen en este volumen –poco menos de un tercio del mismo-. Aquí, Zweig plantea el tema de la compasión y sus efectos nocivos. Adalid de un humanismo a ultranza, aboga por la generosidad y la colaboración con los más necesitados, sin esperar retribución ninguna, ni excederse en un sentimiento que menosprecie las debilidades ajenas.

II.

            Anton Hofmiller narra en primera persona al propio escritor aquel viejo baldón, esa mancha inmunda con la que convive desde hace años –se encuentran en Austria, en 1938-. Ese militar retirado, de carrera brillante, merecedor del más grande encomio por su valentía y arrojo durante la Gran Guerra –v.g., la Primera Guerra Mundial- arrastra tras de sí una historia humillante: ser responsable de la muerte de una adolescente enamorada.

III.

            La historia transcurre en los meses previos al asesinato del sucesor a la corona del Imperio y de su esposa –motivo que dispara el enfrentamiento bélico- en un pueblo cerca de Viena, donde un juvenil teniente de caballería -a la sazón, Hofmiller, con veinticinco años- se ve envuelto en un asunto de faldas –al decir de su coronel- en la mansión del opulento húngaro Lájos von Kekesfalva, con su tullida hija Edith, de tan solo diecisiete años, aunque dueña de un aplomo sin par. Al parecer, la joven habría tenido una infancia alegre y despreocupada hasta que una enfermedad –sospecho que podría ser poliomielitis, muy extendida a principios de siglo XX- la privó del uso de las piernas, restringiéndola a una vida tan dependiente como aburrida.

IV.

            En su afán de ser cortés, el inexperto Hofmiller –quien ha pasado los últimos quince años en la milicia- alimenta las ilusiones de Edith no solo de una cura total sino también, sin quererlo y sin buscarlo, de una promesa de amor. Además, la visita diaria de Hofmiller, a quien sólo le mueve la compasión por esa niña lisiada, auxilia tanto a su padre viudo, para quien Edith es su único motivo de vida, y a Condor, el médico que la atiende e intenta una cura a largo plazo. Las acciones llevarán a un equívoco de magnitud y un hecho trivial desencadenará el triste final.

V.

          Destaco del texto la composición psicológica de los personajes: una arrebatada chiquilla, un médico prudente aunque listo, un padre entregado a su hija y un joven militar que nada sabe de vínculos sociales ni de amor. Todos aportan al malentendido desde sus propias miradas. Con la prosa habitual, el autor vuelve a indagar en la naturaleza humana y sus sentires. La tensión narrativa crece a medida que transcurre la trama, aun cuando su extensión podría haberse acortado en un ciento de páginas. Otra muy buena novela de Zweig.

lunes, 22 de julio de 2019

e-book 45. Después del accidente. Vida de familia, Akhil Sharma


Anagrama, 2015

I.

            Contra las habituales expectativas que despierta el encarar un libro escrito por un inmigrante, donde el acento muchas veces se pone en reflejar los problemas de adaptación al país huésped, las dificultades con el idioma, el probable rechazo de raza y la pertenencia al grupo étnico local ya instalado -para mantener costumbres, ritos religiosos o enlaces entre familias, por citar tópicos comunes-, Sharma sorprende con una historia focalizada meramente en una familia.

II.

            Ajay Mishra es un niño de ocho años que vive en Delhi hacia 1970. La violencia del clima político alienta a su padre a buscar nuevos horizontes, dejándolo en India con Birju –su hermano cuatro años mayor- y Shuba, su madre, mientras él se abre camino en Nueva Jersey. Un año después, la familia viaja a instalarse junto a aquél. Birju, el hijo inteligente y favorito de los padres, poco después de haber sido aceptado su ingreso en una institución de renombre, durante unas vacaciones veraniegas en casa de su tía, sufre un accidente inesperado que lo deja postrado y casi en estado vegetativo, sin oportunidad de recuperación alguna. Cómo afectó este hecho a los Mishra, es lo que nos narrará Ajay en primera persona, muchos años después.

III.

            Ajay ha vivido bajo la sombra que proyectaba su talentoso hermano mayor mientras éste se hallaba bien. El accidente cambia la hasta entonces equilibrada vida familiar. Primero, porque Birju necesita atención continua en una clínica; luego, porque el ingreso familiar ya no permite abordar los costos y se deciden por el traslado al hogar, lo que hace más difícil la convivencia del resto de los miembros. Por último, la presión que ejerce la situación lleva al padre al alcohol como refugio; a la madre a transformarse en una enfermera de tiempo completo y a Ajay a tener que obtener el nivel de perfección en sus estudios como si fuera su hermano. Menudo cuadro.
La versión digital, gentileza de Epublibre
IV.

            El acierto de Sharma radica en utilizar la mirada del niño que crece, narrando con sus propias acotaciones –a veces ingenuas; otras, con cierto humor-. Así, la tragedia familiar se vuelve llevadera, sin generar compasión en el lector. Además, el tono narrativo, neutro y carente de sensiblerías, fortalece la historia que, dicho sea de paso, no posee elementos que conduzcan a lágrima ninguna. No obstante, entre líneas se repasan las relaciones entre cónyuges, la vida social tanto del protagonista como de su familia y los problemas que apareja el alcoholismo.

V.

             En suma, una novela de inmigrantes atípica, con personajes creíbles y cotidianos, que habla del arte de enfrentar las adversidades, sin mártires ni demonios; sólo con voluntad férrea y la lucha diaria por sobrevivir. Un libro interesante.

miércoles, 17 de julio de 2019

Experiencia literaria. El arte de la ficción, James Salter


Salamandra, 2018

          ‘Entonces estaba escribiendo una novela, Años luz, de la que una vez dije que era como las losas gastadas de la vida conyugal: todo lo ordinario, todo lo prodigioso, todo lo que la hace plena o la amarga; se prolonga durante años, décadas, y al final da la impresión de haber visto pasar las cosas como desde la ventanilla de un tren, un prado allí, árboles, casas, pueblos oscuros, una estación de vez en cuando. Todo lo que no está escrito desaparece, salvo por ciertos momentos que perduran, ciertas personas, días concretos. Los animales mueren, la casa se vende, los hijos son mayores, incluso la propia pareja se ha desvanecido, y aún así queda el poema.’

            El breve libro que la casa editora nos presenta recoge tres conferencias que el autor dictara en la Universidad de Virginia en 2014, con ochenta y nueve años de edad, poco antes de su deceso. En la primera, que resulta la más extensa y lleva el título de marras, repasa la influencia de la lectura en su vocación literaria, el descubrimiento de los relatos de Bábel como fuente disparadora y los tópicos de quien se inicia en las letras: la selección de la voz narradora, el hallazgo del estilo personal, dónde abrevar en ideas y sugerencias varias para aquel que desee intentarlo.

            La segunda, que lleva el nombre de Escribir novelas, comienza con un repaso de los consejos que formulara E. M. Forster en su volumen Aspectos de la novela y cuáles son las mayores dificultades que se plantean a la hora de elaborar personajes, mantener el hilo conductor, la composición psicológica e ir urdiendo la trama que mantiene la tensión. Hacia la última, Convertir la vida en arte, analiza las diversas formas de darle curso a una narración, ya sea como imitación de otros autores o la asistencia a cursos o talleres literarios. Sostiene que la búsqueda de la palabra adecuada que redondee una frase y el esfuerzo que impone la corrección continua del texto, son lo más farragoso del arte de escribir.

          Todos los textos están sazonados de anécdotas personales, comentarios a otros libros y a otros autores, análisis de escenas de sus propias obras, reunidos bajo una experiencia literaria vasta y una mirada generosa, de quien sabe que esas lectures tienen visos de legado personal a los más jóvenes. El afectuoso prólogo de Antonio Muñoz Molina quien, sin develar el contenido, nos pone al umbral del material que prosigue, fue tomado de la edición de Babelia del 10 de marzo de 2018. No existe un motivo que lo justifique ni ninguna asociación lícita, pero al concluir la lectura mi mente comenzó a evocar ese viejo tema de Tears for Fears, Advice for the Young at Heart. Un libro esclarecedor.

viernes, 12 de julio de 2019

Desapego. Pendiente, Mariana Dimópulos


Adriana Hidalgo, 2013

I.

            El rol femenino ha cambiado, afortunadamente. La mujer ha cobrado un protagonismo decisivo tanto en la defensa de sus derechos como en la incesante búsqueda de igualdad de género. Temas como el debate sobre el aborto, la legislación sobre acoso y violencia sexual; el acceso a puestos de gestión o a cargos electivos otrora ninguneados, denotan el avance que su esfuerzo ha permitido a la hora de abrirse camino a nuevas posibilidades. Así, la literatura latinoamericana recoge también esos nuevos aires. El libro de marras se enmarca entre ellos.

II.

            La protagonista, al borde de los cuarenta años, narra en primera persona parte de su historia. Acaba de volver a su casa, tras un parto y una internación de mes y medio debido a complicaciones de salud. Su hermana e Iván, un ruso que es su pareja, se hacen cargo del bebé. Ella no posee instinto materno; no siente nada por su hijo ni tiene idea de cómo atenderlo. Antes de Iván tuvo un par de historias: con un primo abusador y tránsfuga, primero, y luego con Pedro, un sociólogo con quien convivió algo más de un año. Vino en plena adolescencia desde un pueblo a vivir en Buenos Aires en casa de una pariente anciana, hasta que murió, y trabó amistad con Mara, una actriz, y Ludmila, de final trágico.

III.

            Hay varios planos a destacar. En principio, está la estructura del relato donde, a la vez que se habla en presente, existe un permanente flashback sobre las demás historias previas. Luego, el estilo narrativo resulta descarnado, sin juicio de valor, sobre lo que le sucede a la protagonista. Como si ella pudiera verse a sí misma como un observador neutral. Finalmente, la composición psicológica de los personajes principales resulta más que acertada. La narradora, al acercarse a algo que le produce dolor, decide ponerse entre paréntesis –una obsesión a hacer cálculos matemáticos- para así soslayarlo.

IV.

            Existe una doble pendiente en el texto. ¿Puede todo llegar a un punto donde desbarrancarse nuevamente?, ¿hay una tendencia a la repetición, o sólo es regodearse en el fracaso? Por otro lado, ¿es una asignatura pendiente el sentir desapego por el hijo engendrado; el percibirlo sólo como una apófisis que necesita de nosotros?; el bebé, ¿me acerca a la pareja o me distancia?, ¿soportará el varón promedio que yo no quiera ser madre? Buenas –y genuinas- preguntas todas. El texto –breve- da lugar a un debate mucho más profundo.

V.

            Con una prosa cortante y algo sintética –propia de las limitaciones de la protagonista-, sin florituras ni erudición, Dimópulos nos ofrece una mirada singular sobre los vínculos que hacen a la vida cotidiana, incluyendo mujeres a quienes la maternidad no les llama. Un libro excelente.

domingo, 7 de julio de 2019

Anhelo y decepción. Música para feos, Lorenzo Silva


Destino, 2016

I.

            Lo apunté apenas una lectora elaboró un comentario entusiasta acerca del contenido, que nada tenía que ver con los famosos policiales que el autor solía entregarnos. Lo que inclinó la balanza para su busca ha sido que el texto incluía varias canciones entrelazadas a la historia principal, lo que picó mi curiosidad melómana. Una vez aquietados los fuegos, me lo llevé conmigo a una semana de descanso. Nada más apropiado.

II.

            Mónica cuenta con veintinueve años, no es demasiado agraciada aunque tampoco fea como indica el título. Periodista, trabaja para la productora de un programa televisivo por un sueldo magro que sólo le permite hacer frente a los gastos cotidianos. Desesperanzada, una noche de viernes se deja llevar por una amiga ligera de cascos y en un tugurio conoce a Ramón, un cuarentón que mantiene reserva sobre su profesión. Entre ellos nacerá una historia de amor sui generis.

III.

            La novela –que se divide en tres partes- va cobrando un enfoque femenino al ser Mónica quien narra en primera persona. A través de diálogos y letras de canciones intercambiadas por los protagonistas el lector accede a una relación que alcanza su clímax pronto, y decrece a medida que se le revela la profesión de Ramón. El texto incluye una lista con los temas y sus intérpretes hacia el final del libro.

IV.

            Lo más logrado es la selección de canciones –algunas de las cuales no conocía-; no solo por los temas que abordan, sino por reforzar la amplia diferencia de edad entre los personajes, respondiendo adecuadamente a ello. Si bien la mirada femenina está bien lograda, no pasa lo mismo con el personaje masculino, que resulta algo escaso. Podrá argumentarse que, dado el desarrollo de la trama, está totalmente justificado, pero a mi humilde entender le ha faltado una pizca de presencia.

V.

            De estilo directo, ameno y coloquial, el libro oscila entre el anhelo de dos seres que, después de sucesivos fracasos, intentan gestar una nueva relación y la decepción que impone la realidad al frustrar el éxito de la misma. Acaso algo previsible, el lector concluye el libro con cierto sabor agridulce en la boca. Ideal para un viaje de algunas horas o como lectura veraniega.

martes, 2 de julio de 2019

Esgrima verbal. Higiene del asesino, Amélie Nothomb


Circe, 2009

I.

            El título me fue sugerido por otro lector al principio de esta década, para quien éste era lo más granado de las letras de Nothomb hasta ese entonces. Yo había incursionado en su obra anteriormente y su marcado cinismo resultaba si no agradable al menos novedoso. Como había pasado algún tiempo, decidí volver a ella.

II.

            Al anciano Prétextat Tach le quedan dos meses de vida. Premio Nobel de Literatura, no concedió entrevistas hasta el momento y solo ahora, al borde de la muerte, le permite a cinco periodistas que se acerquen a él. A los primeros cuatro, no sólo les toma el pelo sino que los apabulla de tal manera que se van humillados y cabizbajos. La última, una joven que ha leído la obra de Tach al completo pone particular énfasis en una novela inacabada que Tach dejó de escribir muchos años antes y, después de ello, decidió no volver a hacerlo. De ella, se deriva una historia oscura y macabra cuyo desenlace sorprende.

III.

            Así, Tach encarna al escritor arrogante y descreído, que se venga de las jóvenes generaciones a las que tilda de insulsas y superficiales. Ambientada en enero de 1990, en los días en que se desatan las acciones de la Guerra del Golfo, la joven periodista –alter ego de la autora- rescata del olvido un hecho de la vida de Tach con fecha 13 de agosto de 1925 –cuando éste contaba con diecisiete años-, que cambiará no solo el tono de la entrevista sino lo que sobrevendrá hacia el fin de la misma.

IV.

           De estilo descarnado, con frases cortas y contundentes, Nothomb elabora una atmosfera opresiva propia de un thriller, que se va cargando desde el inicio del encuentro entre los protagonistas principales. La esgrima verbal sostenida por ambos, con sus respectivas argumentaciones, es lo mejor del texto; la composición psicológica de los personajes refuerza el desarrollo narrativo.

V.

            Con una estructura teatral –todos los personajes se mueven dentro de un único escenario, a saber, la habitación del inválido Tach-, Nothomb sugiere la posibilidad de que el verdadero amor conduzca a la muerte: hasta qué punto una vida edénica, sin preocupaciones ni sobresaltos, puede generar hastío y locura. Por otra parte, se burla de los tics del mundillo literario, con sus posturas de cenáculos que muchas veces no son más que egos híper desarrollados mal disimulados. Un libro breve con frases interesantes, que mantiene la tensión hasta el final. Muy recomendable.

jueves, 27 de junio de 2019

Novelas de Stefan Zweig. 6. Novela de ajedrez, Stefan Zweig


Acantilado, 2012

I.

            No quería cerrar el mes en curso sin la aparición de una novela de Zweig, de las que compone el presente volumen. La elección de la de marras se debió a cuestiones afectivas. El primer regalo de cumpleaños del que tengo recuerdo, fue un tablero de ajedrez con sus piezas a la edad de siete años, de parte de quien fuera mi padrino. En base a ello, me incliné por esta obra.

II.

            Zweig, sirviéndose del ‘juego de todos los juegos’, expone otros horrores no menos importantes que tuvo al nazismo como protagonista principal. Mark Czentovic, campeón mundial de ajedrez, debe viajar desde Nueva York hasta Buenos Aires para participar en un torneo. Rústico, paleto y engreído, sin mayor talento que para este juego deberá cubrir en barco una travesía que le insumirá casi dos semanas. El narrador –alter ego del autor- es testigo de los sucesos. Un ingeniero americano que también viaja desafía al campeón quien, por un puñado de dólares, accede no sin desdén después de haberse negado. Tras la primera derrota surge el señor B. que advierte al americano no caer en una celada, con lo que el resto de los espectadores propone una partida entre el señor B y Czentovic para el día siguiente.

III.

            La verdadera razón de Zweig aparece en un diálogo sostenido entre el narrador y el señor B. que tiene lugar la noche previa al match. Ese hombre ha estado cautivo de los nazis durante cuatro meses dentro de una habitación de hotel sin más comodidades que lo indispensable. Descendiente de una familia de administradores de bienes del clero y de la familia imperial, los nazis no lo enviaron a ningún campo de concentración, solo lo dejaron encerrado hasta que se deshiciera de los nervios y revelara lo que ellos querían: dónde estaban los bienes. El liso robo de un libro de ajedrez le permitió momentáneamente salir de su encierro pero le provocó una enfermedad nerviosa. Este ha sido el verdadero juego de ajedrez: sobrevivir a los interrogatorios.

IV.

            Zweig plantea que la tortura no sólo puede ser física, sino también psicológica y moral. Un ser humano, alimentado diariamente pero sin acceso a otros seres o tan siquiera a un papel, libro o elemento de distracción, queda sometido a una tensión tan extrema que puede conducirlo a la locura. El desenlace de la novela se vincula más a la secuela que ha dejado en el protagonista la experiencia de aislamiento que en la importancia del resultado del juego.

V.

            Con estilo fluido, magnífica composición psicológica de personajes y descripciones de escenas y sentires muy acertadas, Zweig construye una ficción para reflexionar sobre la sumisión y el aislamiento como formas de opresión y dominación. Una novela más que recomendable, de la que hay versión cinematográfica.

sábado, 22 de junio de 2019

Sensaciones. La primavera llegó en un carro tirado por caballos, Riichi Yokomitsu


También el caracol, 2019

I.

            Leí un comentario en una revista y lo apunté. Siendo el autor amigo de Kawabata no podía dejarlo pasar. Para colmo, el volumen era breve. Lo encontré en una librería donde comparten espacio títulos de editoriales de escasa tirada o, como es el caso, noveles que se lanzan al albur del éxito de ventas, basadas en textos marginales o de autores poco difundidos. La presente es una traducción local y un esfuerzo importante realizado por amantes de las letras orientales.

II.

            El libro está compuesto por cinco relatos de diferente extensión. Las preocupaciones por la vida de una sobrina recién nacida, por parte de un tío adolescente que se enamora de ella; las diversas historias por las que cinco pasajeros desean abordar con premura una carreta que los conduzca a la ciudad; la desesperación de un joven marido que ve apagarse la vida de su esposa; los recelos mutuos de un par de dependientes por robar la fórmula de un colorante que los haría ricos y la fuga de un grupo de trabajadores -que han sido estafados por su empleador- por salir de su hospedaje sin pagar no parecen tener un hilo común. Sin embargo, Yokomitsu captura las sensaciones, las elucubraciones de los personajes, los motivos y las acciones construyendo algo así como una literatura de la percepción.

III.

        Con diálogos afilados, protagonistas bien delineados psicológicamente y escenas que alcanzan un lirismo sin par, en el estilo oriental habitual pero con buen ritmo narrativo –raro para textos de origen nipón escritos entre 1921 y 1931-, Yokomitsu nos cuestiona cuánto de lo que percibimos termina siendo como lo suponemos y en qué medida somos los únicos artífices de lo que acaba por ocurrirnos.

IV.

            El texto se acompaña del Obituario de la muerte del autor -acaecido en 1948-, escrito por Yasunari Kawabata, en un sentido homenaje a quien fuera su amigo, y de un Estudio Preliminar a cargo de Miguel Sardegna, que sugiero leer a posteriori porque sus líneas develan gran parte de cada historia. El único baldón es que la presente traducción utiliza giros y modismos propios del lenguaje local con lo que, en aras de una mejor llegada al público nacional, restringe en cierta medida al resto, nada desdeñable, de habla hispana. Aún así, es buena ocasión para incursionar en él.

lunes, 17 de junio de 2019

Versión Original 22. Niels Lyhne, Jens Peter Jacobsen


Acantilado, 2003

           Rescato del recuerdo un título grato a mi formación lectora. Ha pasado casi una década de su lectura y aún evoco ciertas escenas y diálogos de él. Por ello, quiero ofrecer en esta ocasión mis antiguas líneas acerca de un libro que guardo entre los mejores que he leído. Ojalá ellas sean capaces de disparar la curiosidad de buenos lectores que aún permitan emocionarse.


            Había leído una frase incluida en este título en la que se hacía referencia al talento que poseen los jóvenes que, una vez superado el período de la juventud, lo pierden al igual que a éste. La misma resuena toda vez que me encuentro con algún antiguo conocido con quien otrora compartimos tareas o proyectos y nos ponemos al día acerca de lo que han deparado aquellos viejos sueños y anhelos. Por otra parte, tuve que insistir varias veces a un librero amigo para que me allegara un ejemplar, porque parecía casi saldado. Afortunadamente para ambos, quedaba alguno en los anaqueles.

            Es un libro vibrante, extremadamente sensitivo y comparable al Werther, de Goethe -o Peer Gynt, de Ibsen-, donde se narra la historia de este descendiente de una acomodada familia danesa, propenso a dejarse fluir con la vida. Ambientado a fines de siglo XIX, Lyhne va descubriendo la amistad, el arte, la poesía, el amor, el desengaño, toda una gama de vínculos y pasiones humanas unidas a los altibajos que la vida le va mostrando a cada paso.

            Lo maravilloso del texto es la fluidez y el estilo poético del relato. Jacobsen abunda en sutilezas del lenguaje, giros y expresiones de hondo contenido emotivo para delinear a los personajes que acompañan a su protagonista. A la vez que los construye, los hace partícipes de la trama en que se desenvuelven con tal maestría, que el conjunto se vuelve un todo indisoluble.

            Lyhne encarna esa juventud destinada a sentir, soñadora, dotada de una cuota no despreciable de ingenuidad, sin maldad ni codicia ninguna. Como si todo fuera un lento transcurrir desde el nacimiento hasta la muerte sin otra virtud mayor que la de amar la vida por encima de todas las cosas, a flor de piel. Los amores y las muertes se suceden unas a otras, tanto como la felicidad y el desencanto. Pero se viven naturalmente, sin rencores ni euforias.

            En suma, una obra plena de emoción y romance, cuya lectura acompañada de una luz tenue y el susurro de los “Preludios”, de Claude Debussy –entre otros posibles- la convierten en un deleite más que gozoso. La recomiendo para todo aquel que aun se reconozca a sí mismo como un ser sensible.

miércoles, 12 de junio de 2019

Épica renacentista italiana. Orlando furioso, Vol. 1, Ludovico Ariosto


Cátedra, 2002

I.

            Era una cuenta pendiente desde que un colega me lo recomendara y lo comprara a su consejo hace casi dos décadas. Desde entonces esperó hasta hoy. Soy consciente de que una reseña no debiera entregarse por partes, pero debido a la extensión –más de tres mil páginas- me tomo esa licencia. Máxime, cuando la lectura de este primer volumen me ha ocupado parte de todos los sábados y domingos del año en curso. Imagino que otro tanto ocurrirá con el restante.

II.

            Las fuentes en las que abreva el Furioso son, naturalmente, el Orlando Innamorato, de Boiardo; las Églogas y la Eneida, de Virgilio; el Cancionero, de Petrarca; las Metamorfosis, de Ovidio y la Commedia, de Dante Alighieri, entre otras menores. La influencia ejercida por el texto puede hallarse en el Carlo famoso, de Zapata; La Araucana, de Ercilla y, por supuesto, en el Quijote, de Cervantes. Afortunadamente para el profano, esta edición es profusa en citas a pie de página, que revelan origen y alternativas presentes en obras posteriores, como también aclaraciones sobre la traducción del original.

III.

            Basada en el Cantar de Roldán –Orlando, en italiano-, Ariosto retoma el tema de la caballería de aventuras, la defensa del catolicismo, la caballerosidad de los paladines, entre amores, hechizos, batallas, y justas que prueban el temple de los personajes que, en grado sumo, se dan cita en sus páginas. Porque no sólo es el devenir de Orlando y su amada Angélica, sino también de Reinaldo de Montalbán y un puñado de otras figuras menores que sazonan el relato.

IV.

            Ambientada en el siglo VIII, en el asedio sobre la Francia de Carlomagno por parte de los sarracenos, todo el poema –en verso, tanto como su traducción a cargo de Urrea- es una defensa del cristianismo contra el Islam, matizado con historias personales que hacen a la visión épica propia del Renacimiento, cuando Ariosto la escribió, ca. 1530. El poema se estructura en cuarenta y seis cantos –veintitrés en este volumen- escritos en octavas y pueden apreciarse tres planos: el amoroso, que ocupa los primeros trece cantos, da paso a la epopeya carolingia y a fábulas que laudan a la casa de Este, de los duques de Ferrara, mecenas de Ariosto a quienes está dedicado.

V.

            Destaco el estilo narrativo que ha elegido el autor. Cuando considera que ha de aburrir, cambia y centra la historia en otro episodio, al igual que los típicos culebrones contemporáneos. Además, ironiza al hombre racional que la tradición medieval encomiaba. Ariosto se permite incluir la pasión lujuriosa, el deseo y el desatino en los adalides –Orlando está furioso (perdió la cordura, loco de celos y rabia por la infidelidad de Angélica)-, burlándose así de la solemnidad presente en todo cantar de gesta. Un libro atractivo e inconmensurable.

viernes, 7 de junio de 2019

Renacimiento. El viaje vertical, Enrique Vila-Matas


Debolsillo, 2015

II.

            Federico Mayol, exitoso y adinerado empresario catalán, nacionalista, de convicción católica y padre de tres hijos, al día siguiente de celebrar sus bodas de oro es expulsado de su casa por su esposa –quien desea descubrir quién es ella-. Con setenta y siete años, tras constatar la frialdad de sus hijos –que no son todo lo felices que aparentaban-, debe encarar una nueva vida frente a la perspectiva de la soledad y de la muerte. Sin amigos significativos –porque los valiosos ya no están, y los nuevos le saben mediocres-, decide abandonar Barcelona para dirigirse hacia el sur, pasando por Porto, Lisboa y recalando finalmente en Madeira. Una suerte de viaje vertical –como lo indica el título- que a su vez acompaña su descenso a su propio abismo.

III.

            Mayol no está solo en su periplo. Le acompaña Pablo, un sobrino dueño de una cadena de lavanderías en Madeira –al que su mujer se le fue con otro-; y ese otro, llamado Pedro Ribera que, además de ser el director del hotel donde se hospeda Mayol, es el narrador de la historia. Así, el encuentro entre Pedro y Mayol deparará algo más que un vínculo. En un contrapunto memorable, el lector asistirá al renacimiento de un viejo autodidacta que aún no se da por vencido, mientras que el narrador hará de la historia del anciano su primera novela como escritor.

IV.

            Más allá de lo obvio de la trama, y del juego por el cual el protagonista se transforma en personaje mientras que el narrador nace a la escritura, Vila-Matas asume la defensa de aquellos a quienes la Guerra Civil les privó de una instrucción adecuada y les cercenó la posibilidad de alcanzar un estudio universitario, razón de la inferioridad que siente Mayol al ser tratado de inculto por uno de sus hijos, que sabe que ese self made man no ha leído un libro en su vida. Mayol se lamenta de haber vivido una vida para satisfacer las necesidades de otros y no de las propias, aunque ahora, hacia su final, esa vida le ofrece un resarcimiento.

V.

            Confieso que siendo éste mi inicio en la obra del autor, no pudo ser más auspicioso. Cautiva su prosa directa, sin eufemismos, que alcanza ribetes poéticos en algunas frases. Diálogos bien provocados junto a escenas magníficas, hacen el deleite de todo buen lector. Un libro fluido, ameno, que se disfruta ampliamente. Recomendable ciento por ciento.

I.

            Dejé el comienzo para el final. No sabía bien de qué iba el libro ni la razón de su elección pero, a medida que transitaba sus páginas, podía empatizar algo más con Mayol. Cuando nuestras mujeres nos abandonan –como es el caso de quien escribe, desde hace un par de meses-, debemos enfrentar no sólo la soledad, sino cómo habremos de encarar nuestro tramo final. Mayol me ha brindado una mirada optimista. Una ocasión para bucear en mí y hallar las respuestas.