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miércoles, 2 de septiembre de 2026

En la niebla. El proceso, Franz Kafka

Andrés Bello, 1992

I.

               Tres largos años habían pasado después de La metamorfosis, hasta que en un taller se incluyó este título como lectura del año. No dudé en ser de la partida; sobre todo, tras evaluar cuán importante es leer ciertos textos en compañía entrenada, cuyos aportes enriquecen –y, a veces, clarifican- la propia interpretación. Si sumamos la idoneidad de quien lo propuso, de parabienes todos.

II.

                Josef K., apoderado de un banco, despierta una mañana en la habitación que ocupa en la pensión de la Sra. Grubach, acompañado por dos desconocidos, que aguardan para notificarle que, en base a un proceso que se ha declarado contra él, se encuentra detenido. En situación humillante, K. es conducido a otra habitación de la misma pensión para ser interrogado por un juez de primera instancia acerca de su culpabilidad o no. K. desconoce la causa –y nadie le informa acerca de ella-. La detención solo es formal, no impide que siga asistiendo a su trabajo.

III.

               Pasados los días, K. es convocado a un tribunal, sito en una buhardilla de un condominio que, ocupada por una familia, ésta debe liberarla para dar cabida a una multitud que será testigo de su juicio y sus argumentos de defensa. Llegando tarde y desestimando la convocatoria, decide no darle importancia. Pero un tío suyo, radicado en el campo, se apersona para hacerle saber que él supo de la acusación, y que desea ponerlo en manos de un abogado conocido suyo, capaz de enfrentar con ciertas posibilidades de triunfo su caso. A partir de aquí, se desatan una serie de escenas que alternan lo grotesco, lo bizarro y lo irrisorio, hasta el desenlace previsible.

IV.

                Destaco la atmósfera que Kafka crea en torno a su protagonista: K. nunca sabe el motivo de su acusación; es incapaz de preguntar adecuadamente y ningún subalterno puede explicarle: sólo cumplen órdenes. Luego, se ve visitando a interpósitas personas –una vecina, el abogado y su enfermera, un pintor y un capellán- para seguir en la misma situación de ignorancia. Como si toda una niebla burocrática se extendiera en derredor, imposibilitando la defensa adecuada. Finalmente, con supuesta evidencia abrumadora en su contra, K. termina preguntándose si, en definitiva, él no resulta culpable de aquello que se lo acusa –aunque desconoce la razón-. Una obra maestra, donde un sistema de Justicia omnímodo dispone la vida o la muerte de un ciudadano, sin necesidad de justificar su resolución.

V.

               De estilo coloquial, ameno aunque opresivo, Kafka construye una obra que expone la fragilidad que acecha a cualquier persona ante un sistema normativo tan burocrático como arbitrario. Para leer, releer y meditar.

 

jueves, 11 de mayo de 2023

El paria. La metamorfosis, Franz Kafka

 

Andrés Bello, 1992

I.

               Hacía tiempo que el grupo lector se encontraba en estado de deliberación interna. Parece haber una aparente mayoría más proclive a compartir lecturas de aparición reciente –en general, breves, que abordan temas de actualidad- que a debatir iconos de la Literatura Universal como el presente título. Ante una elección que no convocaba adhesiones, el miembro más joven propuso a los disidentes esta alternativa. Sólo un puñado nos dimos cita, pero la puesta en común fue memorable.

II.

                La historia es bien conocida. Gregor Samsa es un joven viajante de comercio que vive junto a su hermana menor y sus padres. El suyo es el único ingreso familiar que, además de permitirles vivir ajustadamente, debe hacer frente a deudas contraídas por el padre con su empleador. Gregor vive pensando solamente en su trabajo y sueña con poder afrontar los gastos que supone la inscripción de su hermana en el Conservatorio de música. Una mañana despierta y se ve convertido en insecto. El resto, es lo que le va ocurriendo a Gregor, y las respuestas del entorno laboral y familiar a semejante transformación.

III.

               La primera maravilla de este texto se halla en la brevedad del mismo. En stricto sensu, es más un relato largo que una nouvelle –en esta edición, no alcanza el centenar de páginas-. Luego, su fluidez, pues Kafka conduce la narración de cabo a rabo de manera lineal, sin resquicio para digresiones ni dudas de interpretación; todo está allí, frente al lector. Por último, la condensación de temas trascendentes incluidos en su escasa extensión lo convierten en una obra maestra.

IV.

                El lector asiste a la creciente desesperación del protagonista, a quien le resulta imposible cumplir ya con su tarea, mientras su familia, pasado el primer estupor, lo va aislando gradualmente tanto en su hábitat como en su naturaleza, hasta negarle su condición humana. Por otra parte, con el correr del relato, se desnuda la dominación de quienes lo emplean -a través de amenazas-, la hipocresía del padre –que no está imposibilitado de trabajar y cuenta con ahorros- y el egoísmo de su hermana que, al volverse un obstáculo su presencia, decide deshacerse de él.

V.

               Es imposible desarrollar en estas sucintas líneas toda la andanada de sentires que dispara esta lectura. Porque Gregor es una metáfora carnal de aquellos que son distintos, que no encajan en la sociedad que les rodea, que son aislados, alienados, negados, ninguneados, convertidos en parias. A nadie le importan cómo sienten, qué pasa por sus pensamientos; sólo son un despojo que es mejor apartar. En suma, una obra que angustia e interpela por partes iguales. No encuentro excusa ninguna para no leerla. Sus reflexiones no mejoran la condición de lector; acaso, mejoran la condición de ser humano.