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domingo, 12 de septiembre de 2021

Miradas de mujer. 9. La revolución de las flâneuses, Anna M. Iglesia

 

WunderKammer, 2019

I.

            Es uno de los libros más citados, junto al de Elkin, por la mayoría de autoras que han aparecido bajo esta etiqueta. Un libro más bien breve pero con un enfoque tan original como interesante: utilizar el análisis de obras de arte o la vida de artistas para historiar cómo ha ido cambiando el rol social de la mujer a medida que pudo apropiarse del espacio urbano.

II.

            A través de seis trabajos Iglesia desgrana la evolución del lugar ocupado por la mujer, desde mediados de siglo XIX hasta casi nuestros días. Comienza con la mujer ubicada en el centro del cuadro Jeune homme à sa fenêtre, de Gustave Caillebotte (1875), quien se encuentra cruzando de vereda, algo totalmente imposible para ese tiempo, donde la mujer respetable sólo podía estar del brazo con un hombre, so pena de ser tildada de prostituta, único rol permitido para una mujer sola en público.

III.

            Luego, toma el cuadro En el palco, de Mary Cassatt (1878), donde una mujer sola que observa el escenario es a su vez observada por un hombre, en clara denuncia de ser considerada un objeto sexualmente disponible. Así, cada uno de los capítulos desarrolla una reivindicación de los derechos de las mujeres, a saber: a ocupar las calles (en igualdad con los hombres), a mirar sin ser vistas (ser espectadoras activas), a no consumir ni ser consumidas, a existir solas, a una identidad propia (la autoría) y a caminar sin atenerse a códigos, como forma de insubordinación.

IV.

             Con jugosos comentarios sobre George Sand -y su atuendo de hombre, con el que accedía a lugares vedados a mujeres-, o sobre el derecho a la soledad –omnipresente en los cuadros de Edward Hopper-, la autora devela formas de dominación masculina y las luchas de las mujeres por emanciparse de ellas. Es llamativa su mirada sobre la aparición de centros comerciales,

‘El centro comercial no es en ningún caso una vía de escape ni un lugar de exilio, sino un destino perfectamente programado […]: es distracción, es ilusoria compensación y, sobre todo es alienación. […] El centro comercial se presentaba –y se presenta- como el espacio donde todo era posible –vestirse, comer, dedicarse al ocio-, como el espacio que ofrecía todo aquello que la mujer podía y debía desear. […] La mujer burguesa se recluía en ese nuevo recinto que la sociedad de consumo había creado para ella, […] del que, sin embargo, no era ajena la clase trabajadora, […] que se reflejaba en esas compradoras, convertidas en modelo a imitar. Ambas […] están atrapadas en una misma lógica: […] son dos piezas de un engranaje que no controlan.’

V.

            Merced a una pluma ágil y el profuso apoyo de citas tomadas de Barthes, Pardo Bazán, Virginia Woolf, Edith Wharton y muchos otros, Iglesia construye un magnífico ensayo sobre la necesidad de igualdad por la que las mujeres vienen abriéndose camino y claman desde mucho tiempo atrás. Un trabajo imperdible.