De Bolsillo, 2004
Hacía cierto tiempo que mi mejor amiga me lo había regalado ‘porque sí’ –según su amorosa dedicatoria-. Tanto le había gustado a ella que quiso compartirlo conmigo y no halló mejor manera que obsequiarme un ejemplar.
La película basada en este ‘best seller’ ha dado la vuelta al mundo. La historia de Tita, la menor de tres hermanas, desde el nacimiento hasta su fin, está impregnada de tradición, sentimientos y pasado nacional mexicano, al que hace continuas referencias.
Ambientada en el México de la Revolución Zapatista, en un rancho alejado de los centros populistas, desde sus primeros días el lugar de Tita es la cocina, con su abanico de aromas, sabores y perfumes. De Nacha, la encargada del servicio, aprendió todas las recetas y los secretos de la gastronomía que, una vez mayor, pone de manifiesto en cada plato de comida con un talento especial, capaz de transmitir lo que su propio corazón alberga.
Una norma tan antigua como obsoleta –la hija menor no puede contraer matrimonio porque debe ser la encargada de cuidar de su madre hasta su deceso- le impide compartir el amor de Pedro, de quien se encuentra enamorada –quien termina casándose con su hermana para estar cerca de ella- y sólo puede alcanzar furtivos –pero intensos- momentos con su amado.
Una madre severa y de férrea disciplina, una hermana débil y celosa, otra hermana aventurera, un médico viudo, un amado conformista, una entrañable ama de llaves y cocinera y su ayudante, una jovenzuela pizpireta, hacen las delicias de esta comedia de amores, desencuentros y enredos varios, en un trasfondo histórico - político bien descripto.
Cada capítulo pertenece a un mes calendario y se abre con una receta de platos locales. No he intentado repetirlos, aunque parecen no sólo factibles sino sabrosos. Ameno y muy fluido, con guiños al lector en más de un sentido, y un final algo poético, la novela se disfruta sin golpes bajos ni nostalgias desmedidas.
Un libro costumbrista latinoamericano, de los que no abundan por lo bien narrado y lo original de vincular la comida con los sentires. Muy sentimental y querible.
Marcelo Zuccotti