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lunes, 17 de abril de 2017

Pelibro 9. La espuma de los días

             Fue la casualidad la que me llevó a armar este Pelibro. Buscando una copia de otro film en la góndola de una tienda, di con él y recordé que tenía la novela de Vian. Posteriormente, una recomendación de ésta por parte de la conductora de un programa local de TV que habla sobre libros, acercó su momento de lectura.

Libro


Boris Vian (Alianza, 2010)

              La novela narra la historia de dos parejas de jóvenes amigos -Colin y Chloé, Chick y Alise- a medida que van dejando atrás la adolescencia y la despreocupación y se topan con la dureza de la vida a la vuelta de la esquina. Colin, un joven apuesto y con fortuna, se enamora de la bella Chloé durante una fiesta y en un breve tiempo deciden casarse. Chick, amigo de Colin y de escasos recursos, estira el momento de hacer lo propio con Alise, por el prejuicio de que sus padres no aprobarán el matrimonio debido a su falta de dinero, aún con un título de ingeniero en su poder.

                 El libro de Vian abunda en guiños al lector –v.g., Chick es un obsesivo fan del escritor Jean-Sol Partre- y en elementos de carácter onírico y surrealista –como que un ratón que acompaña a Colin interpreta a éste moviendo la cabeza-. A medida que el lector se adentra en el texto, estos elementos se hacen mucho más presentes, logrando desdibujar un poco el relato pero brindándole golpes de efecto realmente ingeniosos –Chloé se enferma de un nenúfar en su pulmón; la casa donde viven comienza a achicarse al reducirse los recursos, etc.-, sin perder equilibrio narrativo.

               Fluido y llevadero, el texto comienza como una historia de amor y, con el paso del tiempo –y de las páginas-, ese amor transita el dolor, el desánimo, la frustración. Todo aquello de lo que se nutría se va desvaneciendo hasta deshacerse en el olvido. Eso sí, la prodigiosa imaginación de Vian combina cierta dosis de realismo mágico con los sueños y esperanzas de sus personajes principales, que resultan una metáfora sobre la pérdida de la inocencia, de ese paraíso de romance e idilio perfectos, propios de la juventud, dando paso a un mundo que aparece como hostil y displicente, que encarna la vida adulta.

              Con una prosa directa, escenas que alternan humor y desencanto por igual, con sardónicos personajes secundarios que apuntalan el relato –como el gracioso doctor Tragamangos, que no sabe nada de medicina pero cobra un dineral la consulta- y una evolución adecuada de la trama, el libro bien puede leerse en una tarde, dejando como poso un sabor agridulce hacia el final, donde todo se resuelve en un par de hojas. Algo exótico e interesante.


Film


Michel Gondry (Brio Films & Studiocanal, 2013)

           El film se apega bastante bien al argumento original de Vian presentado en la novela. A mi parecer, la versión cinematográfica contiene dos aciertos y dos errores.

        Entre los aciertos se cuentan las actuaciones de sus roles protagónicos. A cargo de Romain Duris y Audrey Tautou, acompañados por un reparto en el que destaca Omar Sy – el asistente de ‘Inseparables’- son sólidas y convincentes; nada se les puede reprochar. Además, la puesta en escena es soberanamente imaginativa y capta la esencia de la atmósfera que el autor quiso transmitir a sus lectores.

            Pero esa misma imaginación febril del director, que expone toda una gama de efectos y posibilidades -que dividen su existencia entre la naturaleza onírica, la fantasía ilusoria y el más típico surrealismo-, atenta contra el relato en sí, de manera que el espectador no sabe bien si atender a la coherencia narrativa de los sucesos o perderse en las múltiples variantes que Gondry ofrece a la hora de dispersarse. En ese sentido, el director deja poco margen a la elaboración personal de las escenas, que muy bien demarca Vian con el fin de que el lector participe, construyendo el resto de la historia que él no escribe.

          Por otro lado, el puntilloso detalle que Gondry sostiene a lo largo de la historia se vuelve, por momentos, tedioso y sin relieve, toda vez que no aporta más que el comentario de ‘qué ingenioso y original’, sin ningún otro trasfondo.

            Con ello, la película resulta ocurrente y abundosa en escenas fantasiosas –con base real en el texto de la novela-, pero recorre un camino mucho más sugestivo y autónomo, ausente en aquella. Para el público habituado a un film donde el argumento se sostiene a lo largo de él, éste le parecerá algo deletéreo y liviano, con tendencia a lo anodino y efímero. En cambio, para los más artísticos, seguro les deparará excelencia de imágenes y simbolismos. Como en todas las áreas de esta vida, cuestión de gustos.

Testimonio del noveno Pelibro