Anagrama, 2001
Lo
adquirí sabiendo su contenido. Esperaba alguna cuota de aliento en medio de una
realidad desoladora y vergonzante; no pude encontrarla. No soy mujer; no puedo
saber cómo siente una mujer, pero puedo empatizar con ella en determinadas
circunstancias. No reniego de ser varón, pero siento que a veces hay actitudes masculinas
que nos denigran como género.
Drakulic va a narrar en tercera
persona lo que ocurre con S., una maestra de veintinueve años, que es detenida
y conducida a un campo de concentración serbio por el solo hecho de ser bosnia,
es decir, musulmana. No importa que su madre haya sido serbia también; la orden
es para todo perdedor –léase, invadido por el poder militar serbio-. Estamos en
1992 y se desintegra la antigua Yugoslavia del mariscal Tito. S. es una más
entre un centenar de mujeres bosnias que deberán adaptarse a las nuevas
condiciones de vida. Asistir a las enfermas, ayudar en los partos y tratar de
volverse invisible a la mirada de las tropas serbias.
Pero no lo logra. Una vez
identificada, es llevada por un militar para ser violada sistemáticamente por
un grupo de soldados. Después de ser golpeada y desfigurada, se la recoge en el
‘cuarto de mujeres’, un recinto destinado a la satisfacción de necesidades
sexuales de los machos invasores, que algunas noches se hacen presentes y escogen a sus
víctimas, sin posibilidad de rechazo ni escape.
El libro intenta abordar la realidad
de esas mujeres –para lo cual la autora tuvo que mantener cientos de
entrevistas con las damnificadas- a merced del capricho del ejército de
ocupación, muchas de ellas –como la protagonista- con un hijo en sus vientres
producto de semejante atropello. Sin otra seña particular más que ser un botín
de guerra.
La realidad de un campo de
concentración, donde cada cual debe pelear por su supervivencia sin importar
qué le ocurre al otro; las mezquindades y los egoísmos propios, que suelen
aflorar en tales circunstancias; el debate moral de aquellas que son violadas
–que, en compensación, mantienen mejores condiciones de vida y de alimentación
de las que no lo son-; el qué hacer con el bebé una vez éste haga aparición en
este mundo, son parte de las reflexiones a los que Drakulic somete al lector,
explicando los pormenores de las situaciones sin posibilitar respuestas
fáciles.
Fluido, el libro se lee bien, aunque
no sin amargura. ¿Debemos tolerar que un niño nacido de nuestras entrañas, sin
quererlo, sobreviva?, ¿no sería mejor acabar con él apenas respirase? ¿Cuál es
la postura de la sociedad al respecto? ¿Qué ocurre con todos aquellos que
supieron conocernos en tiempos anteriores y ahora nos asumen sin hogar, sin
patria, sin nada y con un hijo no deseado? Estos son algunos cuestionamientos
que Drakulic nos hace llegar a través de una sólida narración, directa y cruda.