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domingo, 25 de mayo de 2014

Crónicas del subsuelo. Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal


Galaxia Gutenberg, 2012


           Leí la reseña que Claudia Pérez realizó acerca de este título aquí mismo, pues no tuve la oportunidad de hallar un ejemplar como para compartir la lectura en tiempo y forma. En una suerte de ‘Estéreo póstumo’, rindo homenaje tanto al autor como a mi compañera con la que iniciamos este espacio.

            Es un libro breve, distribuido en ocho capítulos escritos casi de corrido, donde se narra parte de la historia de Haňt’a, un hombre que hace treinta y cinco años trabaja en un sótano sórdido y mal iluminado acarreando papel de descarte para alimentar una máquina que ha de compactarlo. Cada tanto, escamotea un libro destinado al desguace, para engrosar su biblioteca personal, lo que le permite convertirse en un hombre culto ‘a pesar de sí mismo’, como él lo indica. Vive en una habitación desvencijada, próximo a la miseria, y su mayor alegría consiste en disponer réplicas de cuadros de Cezanne, Manet, Van Gogh y otros pintores con los que envuelve los fardos de papel una vez constituidos.

         La lectura puede realizarse en varios planos. En principio, el protagonista es un defensor de las letras. Con su actitud de quedarse con algún ejemplar que considera valioso y darse de lleno a su lectura, Haňt’a resume su placer por aprender y el valor intrínseco que poseen los libros en la formación de los seres humanos.

            Además, Haňt’a es un artista, al intentar envolver el producto del desecho de manera que ofrezca una imagen reconocible por quienes pudieran verlo o manipulen ese fardo al final de su vida útil.

          También, Haňt’a propicia una simbiosis hombre – ratón. Los ratones que hacen nidos en el papel muchas veces acaban con él dentro de la compactadora, en su afán por acompañar lo que consideran su alimento y vivienda. De alguna manera, la metáfora de terminar nuestros días a mano de las máquinas no deja de tener un correlato en lo que acontece hacia el final; una brigada de jóvenes enrolados en el partido oficial desplazan a Haňt’a de su labor cotidiana, relegándolo al retiro y, con él, al olvido. La crítica a las nuevas generaciones -desprovistas de consideración hacia los más viejos- junto al auge de una tecnología inhumana al servicio de un régimen frío y despótico se manifiestan abiertamente en el desenlace.

          En síntesis, Hrabal ha compuesto en poco menos de un ciento de densas páginas un relato que abarca su visión del autoritarismo y de la modernidad como contraposición al rescate de la literatura, único refugio de aquel que todo lo ha perdido. Con una prosa precisa y rotunda, es una obra concisa, sustanciosa, sujeto de múltiples lecturas. Recomendable ciento por ciento.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Una denuncia transformada en poesía. Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, de Bohumil Hrabal.


     Bohumil Hrabal (Moravia 1914 - Praga 1997), escritor Checo, lo descubrí con su novela "Una soledad demasiado ruidosa"; y cuando me topé con este título no dudé en comprarlo. Sabía lo que tenía entre manos: una narrativa que mastica poesía; una obra poética como ninguna.
     El ejemplar contiene siete relatos: Kafkiana, Qué gente tan rara, El ángel, Lingote y lingotes, La traición de los espejos, El tambor roto y Hermosa Poldi; todos a lo largo del libro se unen para describir y sobrevolar la Checoeslovaquia comunista de la posguerra; y las historias, que del mismo modo son muy diferentes entre sí, se unen en algún punto por la ironía, el humor, la libertad y el sinsentido que se respira en ellas y que el autor lo maneja de una forma fenomenal.
    
Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, título que extrae de la frase de Viola Fischerová que cita al comienzo del libro, a modo de presentación:
Una lechería podría vender incluso en la oscuridad.
Empezar a vivir sola es más que nacer.
Se puede entender la falta de fe
como una atención que no hace distinciones.
Con todo, anuncio una casa
donde no quiero vivir.”

     Uno podría interpretar que a través del título Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, publicada en 1965,
Hrabal anunciara que ya no quiere vivir más en aquella Checoeslovaquia, una Checoeslovaquia comunista de posguerra. A mi entender, este libro como también las obras de “Clases de baile para adultos y alumnos aventajados” y “Trenes rigurosamente vigilados”, ambas publicadas en 1964, le valieron su censura tiempo después. Según su biografía, en la década del ´70 el autor fue censurado por adherirse a la “Anticarta” en la Primavera de Praga, medida por la cual fue expulsado de la Asociación de Escritores Checos, se retiraron todas sus obras de las librerías y de las bibliotecas.
    
Anuncio una casa donde ya no quiero vivir es una obra excelente, donde Hrabal nos sigue deleitando con su habilidad literaria; describe de manera descomunal su visión acerca del mundo y, con el humor que lo caracteriza, detalla lo absurdo de aquella vida cotidiana.
     Es una lectura amena para acercarse a este escritor, que tanto vale la pena descubrir.  


                                                                             Claudia Perez

sábado, 4 de agosto de 2012

Relatos del sinsentido. Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, Bohumil Hrabal


El Aleph, 2006

            Emblemático y trascendente. Este libro es una colección de siete relatos en los que Hrabal, un eximio observador de la realidad checa, construye sendas historias cargadas de imaginación, ironía, sarcasmos y humor, utilizando como elementos disparadores el absurdo y sinsentido de la vida cotidiana.
            En ‘Kafkiana’ entreteje la locura y la cordura del protagonista a través de la superposición de imágenes diarias, sin nexo alguno entre sí, como disrupciones que denotan una esquizofrenia avanzada. Una burla ácida acerca del régimen comunista de posguerra en Checoslovaquia, donde el encargado de la grúa de una acería es un ex - asesor jurídico, y en el que un decreto que hace a los operarios aumentar la producción, deviene en una huelga ‘hasta esperar que el enlace’ explique el por qué, es el tema de ‘Qué gente tan rara’.
            Un guardia-cárcel que, sin dejar su marcialidad en medio de un reciclado de chatarra, se vuelve flexible con el reglamento, permitiendo el acercamiento entre prisioneras y prisioneros es el núcleo narrativo de ‘El ángel’. Una alegoría establecida entre una joven condenada, su violación y la argamasa que devuelve la fusión de los hornos Martin respecto de toda la escoria y desecho de posguerra, se encuentra en ‘Lingote y lingotes’. Particularmente interesante es la visión de Hrabal sobre el ‘reciclado’ de todo aquello que se considera obsoleto –incluyendo los seres humanos, insertos en una nueva realidad-.
            Un artista trashumante y funambulesco que intenta competir para ganar un premio oficial –y repite uno de los dos motivos más representados por los concursantes-, con la ayuda de un Voluntario Civil –magnífica imagen del clásico ‘soplón’ del sistema- es parte de ‘La traición de los espejos’. ‘Hermosa Poldi’ es un relato de la acería en la que se consume la vida de aquellos que se ven forzados al ‘trabajo voluntario’ –otro eufemismo para denotar la disidencia- de más de cien días, con sus rarezas y miserias.
            Finalmente, lo más destacado resulta ‘El tambor roto’, un cuento fantástico cuyo protagonista es un acomodador obsesivo, fanático del orden, al que la disputa entre música culta y popular termina por hacerlo partícipe en una gresca de proporciones; un grotesco inimaginable que captura la atención del lector, poniendo de relieve el más absoluto sinsentido, que atraviesa a todos y a cada uno de los relatos presentes en este volumen.
            El libro resulta entretenido, fluido y ameno, con escenas imperdibles y propuestas a más que inverosímiles en medio del contenido. Esa casa donde Hrabal ya no quiere vivir, es la Checoslovaquia del comunismo, de la irracionalidad, del totalitarismo. El retrato de la opresión, la censura de posguerra, el intento de recuperación económica y las ilusiones muertas de toda una generación son parte de él y convierte al texto en una mirada cáustica y desesperanzada.
 Marcelo Zuccotti

viernes, 13 de julio de 2012

El precio de una pasión no correspondida. La balada del Café Triste, Carson McCullers

            

             
            Este trabajo es parte de una colección de obras de McCullers que la casa editora Seix Barral compiló en el 2008 bajo el título “El aliento del cielo”, tomándolo de su relato homónimo. La misma no sólo comprende los cuentos completos y sus tres novelas breves, una de las cuales reseñamos en esta ocasión, sino también viene acompañada de un prólogo y comentarios del escritor Rodrigo Fresán a propósito de la obra.
            Ambientada en el típico sur norteamericano, en un pueblo en el que solo existe una fábrica de hilados de algodón y granjas a su alrededor, ésta es la historia de Miss Amelia Evans, una mujerona de más de metro ochenta de estatura y musculatura masculina que ha heredado de su padre una casa que, antiguamente, solía ser un almacén. Miss Amelia prospera con las ganancias del comercio y con las que le propina una destilería clandestina en las afueras del pueblo donde elabora el mejor whisky de la región. Una mujer solitaria y trabajadora, para quien el amor de pareja nunca ha sido de su interés, no obstante haber estado casada por espacio de diez días cuando joven.
            La llegada de un jorobado que aduce ser su primo, y la compañía que le proporciona a Miss Amelia, va cambiando la fisonomía del lugar, hasta convertir al viejo almacén en un café, único lugar de reunión al que asiste la mayoría del pueblo.
            Narrado en tercera persona, se nos hacen conocer los detalles de la boda, el por qué del desencuentro y el desenlace final, con las consecuencias nefastas sobre Miss Amelia y el café.
            Yendo al texto, McCullers construye un relato en base a una observación minuciosa del entorno sureño, con sus chismes, idiosincrasia y fantasías colectivas, donde abundan múltiples elementos secundarios que sostienen esta historia de amores no correspondidos. Porque Miss Amelia se enamora de su primo Lymon –razón por la que se dulcifica su vida de sociedad- y a éste sólo le interesa sí mismo y los beneficios que le reporta estar junto a su acaudalada prima. Pero también –y más precisamente- es el amor no correspondido de Marvin Macy, el esposo capaz de caer en la ignominia y jurar venganza al marcharse, debido a los desplantes y el desprecio de que es objeto por parte de Miss Amelia.
            Hay una página que la autora ha decidido incorporar, que nos aporta su propia visión del amor. En ella, habla del amado y del amante.
“En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se de cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario.”
            Éste es un texto en el que todo el universo de McCullers se despliega ante nosotros. Desde un narrador inasible que describe el entorno y los hechos con equilibrio entre nitidez y displicencia, pasando por un dominio de la esfera comunitaria sobre la esfera personal donde el cotilleo se vuelve relevante, y concluyendo con una pelea que alcanza ribetes de grotesca aunque alegórica, sin dejar de lado los mecanismos que la autora supone acerca del amor y de la correspondencia o no, el conjunto de escenas que se representan están elaboradas con las sutilezas que aporta una mirada algo irónica y cansina, resumiendo una visión melancólica y decadente de la vida pueblerina.
            Con un estilo ameno, fluido y entretenido, resulta una recomendable primera aproximación para descubrir la literatura de McCullers.
Marcelo Zuccotti

martes, 10 de julio de 2012

La soledad en su baile más triste. La balada del café triste, de Carson McCullers

Bruguera. Libro Amigo. 1982
 

     La edición de La balada del café triste es para coleccionar; tiene las hojas ásperas y amarillentas, algunas de ellas frágiles, y con un perfume particular que da gusto acariciarlas mientras se lee. El ejemplar, de 190 páginas, aparte de la novela La balada del café triste y del cual lleva su título, contiene los relatos de: “Wunderkind", "El jockey", "Madame Zilensky y el rey de Finlandia", "El transeúnte", "Un dilema doméstico" y "Un árbol, una roca, una nube".
     Carson
McCullers es brillante, tiene la sensibilidad y la habilidad para describir los detalles y las situaciones logrando visualizar las imágenes en todas sus dimensiones; con una prosa a veces poética.
     “El pueblo en sí mismo es tristón. Poco hay allí excepto la fábrica de algodón, las casas de dos habitaciones donde viven los trabajadores, unos cuantos melocotoneros, una iglesia con dos vidrieras de colores y una miserable calle Mayor de sólo cien metros. Los sábados, granjeros de los alrededores llegan para pasar el día charlando y comerciando. Por lo demás, el pueblo es solitario y triste, como un lugar remoto y apartado del mundo.”. Así comienza la novela La balada del café triste. Carson la situó en un pueblo solitario y triste en donde no pasaba nada, sólo una vez hubo un café, que fue el acontecimiento del mismo. Los habitantes estaban alucinados porque era la novedad del lugar; no estaban acostumbrados a reunirse simplemente por placer. La dueña era la señorita Amelia Evans pero el responsable del éxito y de la animación del local era su primo Lymon, el jorobado. Éste, era la atracción del lugar, le gustaba ser el centro de atención y quería que todos le mirasen mientras contaba sus anécdotas. Amelia preparaba los menús y las deliciosas bebidas que se vendían en el café. Además, era la médica del pueblo que recetaba remedios caseros, preparados por ella misma. Desde que su primo Lymon se instaló en la casa, Amelia se había vuelto más sociable, iba a las reuniones evangelistas y a los funerales. En su rostro se asomaban tímidamente algunas muecas, que parecerían ser rastros de sonrisas, cuando sus ojos se clavaban melancólicamente en el jorobado.
     Amelia vivía en una casa grande, de dos plantas y dos habitaciones. Era una mujer solitaria, que vivía en soledad y trabajada de sol a sol. Un día apareció su primo Lymon   -del cual no tenía conocimiento; era hijo de la hermana de su madre-, y lo cobijó en la casa; le contó todo acerca de su vida, menos que estuvo casada diez días con Marvin Macy –“ese remiendatelares con el que estuve casada” como lo llamaba ella. Y resultó que Amelia se enamoró de su primo Lymon. Carson McCullers se pregunta: “¿qué clase de amor era aquél?” y despliega la respuesta de forma deslumbrante, como adelantándonos y poniéndonos a tono a los sucesos que se desencadenarán después en la novela: “Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es solamente  un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. (…)
“El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.”
     Es una novela corta, agradable y melancólica, en el que uno disfruta de cada palabra, de cada párrafo de Carson McCullers.



                                                                                                        Claudia Perez

lunes, 25 de junio de 2012

La genialidad en pocas páginas. El crimen de san Alberto, de Fernando Sorrentino


     A Fernando Sorrentino lo conocí a través de este libro, nadie me lo había recomendado antes, sino que fue su llamativo título y la tapa color petróleo, una mezcla entre verde y azul, que me convenció para alzarlo del estante y llevarlo conmigo. Un estante incómodo y poco visible pegado a la pared. El crimen de san Alberto estaba escondido entre otros títulos policiales. Seguramente, fue la ansiedad que poseía en leer algún policial que llegué hasta él. Y resultó no ser un policial, sino un libro de cuentos, una obra excelente. A partir de ahí, seguí hurgando en sus relatos y quede maravillada. Es un escritor increíble con mucho sentido del humor.
     Los relatos reunidos aquí son de una exquisitez enorme; transcurren entre un mundo real y uno fantástico que sólo los separa una delgada línea transparente, que Sorrentino sabe trazar con una destreza extraordinaria.
     El crimen de san Alberto es el título del cuento más largo que contiene el libro y del cual lleva su nombre. Una genialidad que ocupa la mitad del volumen. En donde el perfil psicológico del personaje principal y la comparación entre el conformismo y el progreso forman una historia alucinante. Un relato que nos atrapa y nos deja suspendidos en el aire cual globo aerostático. Y creo saber cuál es el motivo: una narrativa que pellizca fuerte y de manera contundente.
     En el transcurso de la obra, y después de leer varios libros de Sorrentino, uno sabe que hay gustos y cotidianeidades contadas que son propias del autor y no del personaje en sí. Como la descripción de las calles del barrio de Palermo; como nombrar los libros preferidos; o las estrategias que hacen el accionar de los protagonistas, característica inconfundible del hombre porteño.
     Para quien no leyó nada de él, este es un buen comienzo para introducirse en su obra. Una decisión de la que jamás se arrepentirán. Otros títulos que les recomiendo son:
El centro de la telaraña y Sanitarios centenarios. Si quieren conocer más sobre él, les acerco la página: http://www.fernandosorrentino.com.ar
     Si quieren leerlo sólo tienen que buscar el ejemplar, así que ¡Adelante!

                                                                                                 Claudia Perez

sábado, 16 de junio de 2012

Relatos fantásticos de origen vernáculo. El crimen de san Alberto, Fernando Sorrentino


Losada, 2008

            Este libro llegó a mis manos por préstamo de Claudia, que lo ponderó a Sorrentino como un notable escritor. Como yo no había leído nada de su producción, me pareció oportuno el iniciarme en su lectura en virtud de su gentileza, llevándomelo con rumbo hacia unas cortas vacaciones. Lo abrí ni bien me senté en mi butaca del ómnibus; al bajarme –veinte horas después- lo había concluido.
            El denominador común de estos relatos es lo inesperado. Aparentemente, todo lo que se narra va tomando cuerpo, con su coherencia normal y, de pronto… la historia se convierte en otra cosa. Lo llamativo resulta justamente esa capacidad para pasar de lo trivial a lo fantástico en pocas líneas. Así, en “Romance estival” el enamorado protagonista descubre que el objeto de su amor –que se da a la fuga- no es solo una, sino varias mujeres reunidas en una.
            En “Lectura y comprensión de textos”, de la expresión de un adolescente fanático por el fútbol, que inscribe una leyenda, salta a un Informe de Crítica Literaria que usa esa misma expresión como delirante objeto de estudio. Una caja de cartón -cuyo contenido se ignora- parece justificar el abandono de la casa del protagonista de “Problema resuelto”. Una supuesta relación entre la mascota y su dueño es el núcleo central de “El conejo de Ushuaia”.
            Párrafo aparte merece el cuento responsable del título. Éste ocupa la mitad del volumen y no tiene nada de fantástico. Una broma de mal gusto efectuada por un amigo años atrás cuyo destinatario ha sido el narrador, dispara una envidia y un rencor acumulados en forma de una desmesurada venganza.
            En todos los casos, la composición psicológica de los personajes principales está tan bien lograda, que el brusco cambio que tiene lugar en cada relato nos conduce perplejamente a releer las líneas, como si algo se nos hubiera perdido en la trama. Lo increíble se une con lo trágico y la excitación con lo imposible, fundido todo en una suerte de argamasa, cuyo soporte es una falsa narración objetiva.
            Escrito en estilo coloquial y ameno, todos ellos tienen su ambientación en los barrios de Buenos Aires, entre los que se destaca el de Palermo, por el que su autor pareciera tener cierto afecto personal. En suma, una obra que entretiene y mantiene al lector en suspenso.

Marcelo Zuccotti

jueves, 5 de abril de 2012

La infidelidad al maestro. La plenitud de la señorita Brodie, Muriel Spark

          Dicen que es el mejor libro que ha escrito. No podría ser tan categórico; mucho menos  cuando he llegado a él por recomendación de otros lectores, sin haber leído nada acerca del resto de la obra de la autora. Lo cierto es que resulta entretenido, divertido, con cierta dosis de realidad -no exenta de sarcasmos varios- y muy significativo, para un docente como soy.
           Jean Brodie es una maestra nada convencional del último curso de la primaria de un instituto privado. Cuando el programa que debe cumplir supone muchos datos históricos y fechas, Brodie se encarga de hablar de aquellas cosas que tienen que ver más con el fluir de la vida que con el aprendizaje escolar: el amor, el arte, su propia historia y todo aquello que les supondrá a esas niñas no caer en el sometimiento de ningún varón. Para eso, crea un formidable grupo cohesionado: aquellas que son elegidas para convertirse en “la créme de la créme”. Así, un grupúsculo mínimo –que no sobrepasa la media docena de alumnas- acompaña a su maestra para aprender a apreciar el arte en todas sus expresiones, tanto como a tomar el té y hacer confidencias.
           Enemistada con sus colegas así como con la directora –quien no ceja en su afán de encontrar la manera óptima de deshacerse de la maestra díscola-, Brodie posee una personalidad a la que nada se le escapa, tanto en la observación como en la percepción.
           De carácter más bien ecuménico y con cierto tinte vanguardista, la construcción de Jean Brodie como personaje principal es magnífica. Una mujer situada en la cuarentena, a quien se le conocen algunos amores –y un “flirt” con un colega-, que intenta preparar a las niñas no para el devenir social, sino para la vida. Dueña de una visión más amplia que sus colegas, enseña cómo llevar el sombrero, cómo tratar con los varones para no ser sometidas por ellos y, fundamentalmente, cómo ser independientes en un mundo donde el género masculino parece dominar el futuro.
            Su caída en desgracia -debido a la traición de una de sus pupilas- con el pedido de renuncia consiguiente; el contacto que mantuvo con ellas a lo largo de los años y la visión que cobraron las mismas de sus enseñanzas y ejemplos, son parte no menos sustanciosa del relato, en el que identificaciones y rechazos se despliegan por igual.
           Ameno, fluido y coloquial, narrado en tercera persona, con diálogos entre una de ellas –la responsable de la traición, que deviene en monja- y sus viejas compañeras, el libro resulta fresco y se disfruta plenamente, con la misma informalidad y seguridad en sí misma que despliega la señorita Brodie, en su plenitud.


Marcelo Zuccotti

sábado, 31 de marzo de 2012

Con sonrisas anchas pintadas de carmín seducían encubriendo los secretos de la receta *. La plenitud de la señorita Brodie, de Muriel Spark.



                                                    Pre-Textos, 2010

     La plenitud de la señorita Brodie está considerada como la obra maestra de Muriel Spark. Es una novela sencilla y, a la vez, sensacional. La historia se centra en la educación particular que les inculca Jean Brodie, maestra de primaria, a sus seis alumnas; seis niñas especiales que eligió cuidadosamente para que reciban una educación ejemplar y así pertenecer en un futuro a la crème de la créme. En lugar de hablarles de historia y de matemáticas, sus asignaturas correspondientes, ella les habla de su vida a modo de ejemplo: "Éstos son los mejores años de mi vida. Vais a sacar provecho de mi plenitud". Les relata sobre sus viajes, de los distintos países que visitó, les cuenta sobre las personas que conoció, de los hombres de los cuales se enamoró, les describe los museos que visitó y de sus artistas preferidos.
     Es una novela  sencilla que describe hechos cotidianos y muy sorprendente porque a lo largo de libro tiene cambios temporales constantes; en la cual, la voz omnisciente narra desde el presente hacia el pasado y desde el presente hacia el futuro de una forma muy ágil. Además, lo sabemos todo desde el comienzo del libro, ya que nos revela los pensamientos y secretos de Jean Brodie, de las niñas y algunos personajes secundarios, esto no la desmerece sino que, todo lo contrario, nos la da a conocer para que acompañemos y entendamos los cambios temporales de la historia. Esto es lo que la hace más que interesante.
     "En la década de los treinta había legiones de mujeres como ella, mujeres de treinta años para arriba que distraían su afligida soltería, debida a la guerra, con viajes que les revelaban ideas nuevas y disciplinas prácticas en torno al arte, la asistencia social, la enseñanza o la religión. Las solteras progresistas de Edimburgo no enseñaban en escuelas, y menos aún en escuelas de carácter tradicional como lo era la escuela femenina Marcia Blaine. Allí la señorita Brodie era, como decía el resto de las solteras que integraban el profesorado, una insignificancia fuera de lugar.” La señorita Brodie, diferente, conservadora y feminista, quiere que sus niñas saquen el mayor provecho a sus vidas, que aprendan sobre la belleza de las cosas, del arte, de las pinturas, de la música, del amor, de los valores morales. Quiere encaminarlas para que sepan disfrutar de los años en plenitud, sin más, sin tapujos. Que sean decididas, audaces e independientes.
     Una novela amena, que se disfruta página tras página. Contiene tintes originales y el humor característico de la época.
    

                                                                                                   Claudia Perez


* Frase (utilizada a modo de título) extraída del texto “Del Color del Tiempo”, de Ana María López.

domingo, 16 de octubre de 2011

Una sabia soledad. Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal



Ediciones Destino Áncora y Delfín, 1990

     Deambulando por las redes sociales con el fin de encontrar algo interesante para leer, me topé con el título Una soledad demasiado ruidosa. Algo dentro de mí se accionó, puesto que empecé a averiguar sobre ella, alcanzando ese grado de excitación que poseo cuando me enfrento a los estantes repletos en una librería: espero que algún libro me agarre del cuello y me suplique que lo lleve. Eso fue exactamente lo que me ocurrió: este libro quería que lo comprase. Además, confieso que todo aquello que tenga relación con la soledad se halla entre mis temas favoritos de lectura; es que debe haber algo que despierta en mi una fuerza interior que logra que yo deje de ser yo, desarmándome por completo y dejándome rendida a los pies de las descripciones más nimias de la cotidianeidad, tal como me sucedió al leerlo.
     La obra pertenece a una vieja edición de Áncora y Delfín. La cubierta color celeste pastel se acompaña de un dibujo que semeja un barco moviéndose en altamar luchando al andar contra grandes olas, pero que, en realidad, es una figura construida por pedazos de una ciudad; un rompecabezas armado, con sus partes pegadas desprolijamente unas sobre otras, como si el tema central sólo fuera eso: una soledad construida por situaciones aisladas, inconexas, superpuestas gracias al relato del protagonista.
     Es una obra poética de lo más deliciosa, exquisita desde la primera hasta la última página. Ordenada en capítulos, con pocas comas y algunos puntos, en ella Bohumil Hrabal se desliga totalmente de los párrafos; pero, ¿para qué los querría?, ¿para despedazar aún más la soledad?
     Una soledad demasiado ruidosa transcurre en un subsuelo solitario, húmedo y oscuro, donde se mezcla el bullicio de las ratas, corriendo por las alcantarillas, junto a la sordidez mecánica que emite el ruido monótono de la máquina de prensar papeles. El estilo narrativo resuma tanto realismo, que se transpira una pastosa humedad en la que el amor por los libros traspasa el papel, trepa por las piernas y se apodera del lector, que puede palpar la angustia del personaje con la misma sensación táctil que brindan los granos de azúcar entre los dedos. Además, trasmite percepciones a través de imágenes cinematográficas y metáforas poéticas dejándole anonadado, con la boca abierta, tanta es la poesía contenida -que se halla reunida en pocas páginas, pero con un valor inmenso-.

"Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.”

      Así comienza el relato de este escritor checo, que bien podría interpretarse como una carta dirigida a los lectores -con el objeto de generar conciencia sobre la importancia de la lectura- tanto como ser parte de un diálogo que el protagonista mantiene interiormente consigo mismo. Es la historia de Haňt’a, un hombre que adora el trabajo, se desvive reproduciendo paquetes prensados como si fuera una obra de arte de Piccaso, Klimt, Cézanne, Monet y que se pone contento cuando llena la propia cartera de libros para descubrir luego, en su casa, algo más de lo que él es. El trabajo para Haňt’a representa un calmante para aliviar el alma; es el alimento para apaciguar el hambre que despiertan tantos y tantos libros prensados y tirados a la basura. De todos modos, dice de ellos:

“…porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.”.

     Es un libro para aquellos que disfrutan de la profundidad de las palabras, de la soledad y de la sencillez de lo cotidiano.                                                    
 
Claudia Perez

viernes, 7 de octubre de 2011

Una divertida parodia de la sociedad de nuestros días


Anagrama, 2003
            Mis amigos lectores más cercanos coincidían en advertirme la escasa trascendencia de su contenido, desalentando mi lectura como quien acaso debiera rehuir una propiedad signada por una maldición. Debió ser justamente por eso que, haciéndome eco de una sugerencia de Claudia, acepté la propuesta y me tomé el tiempo para leerlo.
            Si existiera un personaje más bizarro y desmañado, seguramente no empalidecería a éste. Ignatius J. Reilly es un gordinflón treintañero, que vive en una desvencijada casa de Nueva Orleans junto a su madre viuda, sin intención ninguna de trabajar ni aportar más que gastos y problemas. Pero además tiene ínfulas de gran hombre, habiendo estudiado en la universidad, con lo cual trata de sobrellevar su cómoda existencia escribiendo triviales relatos testimoniales en una serie de cuadernos comunes. Siempre, claro está, a expensas de su madre.
            La necesidad familiar de dinero destinado a saldar deudas obliga a este perezoso vividor a proveerse de alguna remuneración, para lo cual primero desembarca en una empresa textil en debacle –de la que es removido al promover una huelga entre los trabajadores con el fin de desplazar a su jefe administrativo-, pasando luego a pertenecer a una empresa de vendedores ambulantes de salchichas, a la que no engrosa tanto sus arcas como a su propia panza.
            Acompañan a semejante protagonista una madre cincuentona con ganas de dejar de vivir miserablemente; una compañera de estudios, que en toda postura política ve motivos suficientes para tener sexo; un policía de patrulla que no es estimado en lo más mínimo por su jefe; una copera con aires de bailarina; la dueña de un boliche de mala muerte que trafica pornografía; el joven playboy heredero de una fábrica textil –que pretende deshacerse de ella-; su esposa, que sólo intenta poner en práctica la caridad aprendida en panfletos de psicología, con la empleada más antigua de la fábrica –en edad de jubilarse-, y un negro que –empujado a conseguir trabajo por las autoridades policiales- hace las delicias del lector con los comentarios más sagaces, plenos de acidez y sarcasmos acerca de su condición de negro y de lo que acontece en su derredor. El cóctel resulta más que explosivo; desopilante.
            Lo más destacable es la manera cómo Toole va hilvanando la trama a través de sus personajes. Cada uno de ellos compone un estereotipo definido, pero absolutamente convertido en un garabato de si mismo. Desde el negro que habla en dialecto comiéndose las eses, hasta la vieja empleada que va a trabajar en camisón, todo resulta una gran parodia destinada a hacernos reír desde el inicio al final. Ni hablar del mastodóntico personaje principal, embustero, ventajero y holgazán, adicto a ver películas sólo para criticarlas. Realmente, toda la obra resulta un disparate tragicómico.
            Si bien reconozco que entre las líneas hay una crítica mordaz a la sociedad de consumo, los intelectuales y el “establishment”, a la vez que es divertida y amena, no puedo dejar de señalar –a mi entender- que la misma está sobrevaluada en la consideración de la crítica. Tal vez, como alguien de mi entorno supo apuntar, las ventas de este libro –galardonado en 1981 con el Pulitzer- se vieron incrementadas al hacerse pública la tragedia del autor, y de su madre, que tardó once años -después de la muerte de aquél- en conseguir no sin arduos esfuerzos que alguien lo publicara. Un premio, pues, para tanta constancia.
            Marcelo Zuccotti

viernes, 30 de septiembre de 2011

El alumno superó al maestro. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole



Anagrama, 1980
            
     Cuando me recomendaron La conjura de los necios emprendí su lectura con cierto recelo, pues ella venía acompañada de la frase: “es el mejor libro que leí”. Ya en otras oportunidades, al finalizar, la entusiasta afirmación no reflejaba en lo más mínimo mi apreciación. Sabido es que hay gustos tan diversos como personas habitan el mundo.
     Para unos, algunos títulos son sensacionales y, para otros, se aburren en las primeras páginas. Por eso la literatura es tan rica y tan amplia que alimenta los corazones de todos los lectores. Uno elije la narrativa que más les guste y el momento más apropiado para llevarlas acabo. Y creo que éste, fue el mío.
     Desde el comienzo, el libro se perfila como una historia desopilante, estrambótica y con mucho sentido del humor.
      …El Plymouth siempre era fácil de localizar en los aparcamientos del supermercado. La señora Reilly subió dos veces a la acera intentando sacar el coche del aparcamiento y dejó la impresión de un parachoques Plymouth 1946 en el capó del Volkswagen que estaba aparcado detrás.
—¡Oh, mis nervios! —dijo Ignatius.
     Estaba espatarrado en el asiento, de modo que por la ventanilla sólo se veía la cúspide de su gorra verde de cazador, que parecía la punta de una prometedora sandia. Desde atrás, que era donde él se sentaba siempre, pues había leído en algún sitio que el asiento contiguo al del conductor era el más peligroso, Ignatius observaba con desaprobación las torpes y disparatadas maniobras de su madre.
—Sospecho que has demolido prácticamente el cochecito que alguien aparcó inocentemente detrás de este autobús. Sería aconsejable que salieses de aquí antes de que vuelva su propietario.”
     Recuerdo que al leer está escena largué una carcajada en el subterráneo y me sentí intimidada por las miradas de varios pasajeros que compartían el vagón conmigo; por lo que cerré mi bocota y seguí con la lectura lo más disimuladamente posible.
     Uno se preguntaría: ¿qué hijo de 30 años dejaría a una madre jubilada manejar borracha? Pero Ignatius Reilly es uno de esos hijos que las dejan ir borrachas al volante, mientras que él supervisa desde el asiento trasero.
     Ignatius es de esos hombres que rompen la regla del estereotipo. Tiene 30 años, vive con la madre –que es viuda-, y se ha tomado ciertas atribuciones después de haberse graduado en la universidad; su única actividad consiste en escribir los pensamientos en los cuadernos “Gran Jefe” para cuando sea un escritor famoso y tenga que desplegar toda su sabiduría en contra del sistema actual. Se pasa la mayor parte del tiempo acostado o mirando algún programa de televisión. Deambula dentro de la casa con un “camisón rojo de franela” y unas chancletas, que hacen un ruido espantoso al andar. Tiene comportamientos de un niño de 5 años: lleva un reloj pulsera de Mickey Mouse; le gusta mirar dibujos animados la mayor parte del tiempo; toma el café con leche en un tazón de Shirley Temple; grita desaforadamente, en la sala del cine, cuando mira películas para niños dejando rastros de pochoclos diseminados alrededor de él, así como aureolas de salsa le quedan impregnadas en su camisa; pega carteles en la puerta de su habitación para que la madre no lo moleste; o los ataques que da a una caja de buñuelos de mermelada: “…ofreció al patrullero Mancuso una caja de pastas rota y grasienta que parecía haber sido sometida a un destroce insólito por alguien que intentara sacar todos los buñuelos a la vez. Al fondo de la caja, el patrullero Mancuso encontró dos mustios fragmentos de buñuelo, de los que, a juzgar por los bordes humedecidos, alguien había sorbido la mermelada.”
     Las descripciones que despliega Toole son sensacionales y extravagantes; pareciera que uno lo estuviese viendo. Ignatius es alto, gordo, hipocondríaco crónico, renegado, pesimista Me niego a «mirar hacia arriba». El optimismo me da náuseas.”-. Es un hombre que no pasa desapercibido a los lugares que va, por su vestimenta anticuada, sus comentarios y los monstruosos eructos que brinda mientras habla.
     La relación entre la madre y el hijo es un tanto simbiótica; de manera tal que el complejo de Edipo parece no haberse superado. Ignatius la hace sentir culpable porque ella lo deja solo en la casa para ir a jugar a los bolos con sus amigos y, en otros momentos, se comporta como si fuera el marido: “… ¿Vas a pasarte toda la tarde entreteniendo a este caballero, madre? He de recordarte que voy a ir esta noche al cine y que tengo que estar listo para llegar a las siete, porque quiero ver los dibujos animados. Creo que deberías empezar a preparar algo de comer…”.
     Ignatius Reilly es un excelente estratega. Posee gran destreza y agilidad para sus respuestas a la hora de dar vuelta todo tipo de diálogo. Cuando algo no le gusta, comienza a quejarse de que su válvula pilórica se le cierra y amenaza con desmayarse.
     La primera vez que me nombraron el libro, me dijeron: “Ignatius Reilly es increíble”. Y es que el personaje alcanza más protagonismo que el autor de la obra, - logrando que “el alumno supere al maestro”-. Es fascinante saber que Ignatius Reilly es más conocido que John Kennedy Toole; hasta tiene su perfil creado en Facebook. Es que la ficción supera la realidad. Ahora, de ser así, yo me estaría preocupando por la cantidad de fans que tiene Ignatius Reilly
     La conjura de los necios es una divertida historia, que tiene algunas escenas muy grotescas y sarcásticas -te arranca más de una carcajada- y, en otras, cuesta un poco avanzar. De todas formas se lee fácil; es ameno y se disfruta con su compañía.

                                                                                                      Claudia Perez