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miércoles, 22 de noviembre de 2023

El Cuarteto de Alejandría. 4. Clea, Lawrence Durrell

Debolsillo, 2009

I.

               Última entrega de este Cuarteto, donde se develan algunos detalles de lo sucedido después, durante los años de la Segunda Guerra. En realidad, el conjunto de la trama parece haber concluido en el volumen anterior y ésta sólo aporta un cierre a todas las historias de sus personajes. El narrador y protagonista vuelve a ser Darley, el escritor. Han pasado años y su regreso a una ciudad destruida guarda aires de nostalgia.

II.

                Este final incluye su reencuentro con Clea, la pintora, con quien intenta rescatar el pasado común a través de un tórrido y efímero romance que, al igual que sus recuerdos, se desvanece lentamente en un presente signado por la fatalidad y la decadencia. Así, cada uno de los protagonistas ha sufrido en carne propia los avatares del paso del tiempo y las limitaciones que ha impuesto la guerra. V.g., Nessim y Justine no solo envejecieron sino que han sido confinados a una exigua propiedad, después de ser despojados de sus bienes; el resto, se debate entre amores y convalecencias.

III.

               Destaco dos elementos presentes en esta historia, asociados al escritor Pursewarden. Primero, el giro que toman los acontecimientos al revelarse los verdaderos motivos de su suicidio –que no deja impávido a ningún lector-. Luego, el magnífico contrapunto entre el escritor y el narrador, cuando éste accede al cuaderno de notas de aquél. En verdad, el primero –verdadero alter ego del autor- hace una defensa a ultranza del rol del escritor, mientras que Darley aparece como un ser carente de perspectiva, aunque con mayor sentido común.

IV.

                Encuentro interesante repasar sucintamente el rol de la ciudad en toda la narración. Al principio, Alejandría se erige como el escenario sensual y natural más apropiado para una historia de amores entrecruzados. Luego, la ciudad da paso a cierto clima de enigma, volviéndose misteriosa sin perder su encanto. Más tarde, se transforma en el centro de la política y la diplomacia, con matices de ciudad cosmopolita. Finalmente, los efectos de la guerra terminan por convertirla casi en una ruina, donde toda aquella voluptuosidad ha dejado de existir.

V.

               Con un estilo directo y coloquial, tanto este volumen como el conjunto de ellos contienen reflexiones y observaciones acerca de la vida y las gentes que componen una sociedad, que resume una época. Además, si bien la novela concluye con múltiples partidas, todos los posibles futuros resultan cuanto menos esperanzadores. En suma, una obra más que recomendable, que merece ser visitada por buenos lectores.

Testimonio final de la obra completa.

jueves, 24 de agosto de 2023

El Cuarteto de Alejandría. 3. Mountolive, Lawrence Durrell

Debolsillo, 2009


 I.

               En esta tercera entrega, los protagonistas son otros personajes; o mejor, son aquellos que han sido considerados secundarios en las obras anteriores, pero cobran importancia para exponer nuevas facetas de lo que se venía narrando. Darley, el escritor, es el narrador de Justine en la primera parte; Balthazar, el médico, relata la segunda. Ahora, es el turno de contar la historia de David Mountolive, embajador británico a la sazón.

II.

             Cuando joven, Mountolive visitó El Cairo para mejorar su manejo del idioma árabe. De origen británico y cercano a la edad de Nessim y de su hermano Naruz, fue acogido con beneplácito por la familia Hosnani durante un par de meses. Los favores y el encanto de la enigmática Leila, madre de los hermanos, fueron elementos disparadores de una tórrida aventura entre un jovenzuelo y una mujer madura con un marido anciano. Tras la despedida, se intercambiaron cartas de distinto tono a lo largo del tiempo, a sabiendas que nada de lo que había sido volvería a ser.

III.

               Después de muchos destinos y experiencias varias, Mountolive es designado embajador en Egipto. Allí se encuentra dirimiendo la rivalidad entre un hombre del Ministerio de Guerra –que acusa a Nessim de traficar armas con fines non sanctos- y el agregado cultural, Pursewarden, quien intenta defenderlo de esa mirada estrecha. Así, con un delicado tema de sospecha se abre el presente capítulo, sin ser ajeno el azaroso reencuentro con Leila, ya viuda y mayor.

IV.

                Lo que destaco del libro es que vuelve mucho más interesante todo el relato; no se circunscribe a una historia de amor –la de Darley con Justine o con Melissa, o la del propio Mountolive con Leila-, sino que ofrece una óptica totalmente diferente acerca de los motivos por los que se mueven sus protagonistas. ¿Cuán cierto es que Nessim intenta encabezar una rebelión para hacer resurgir el poder de los coptos –nativos cristianos- en Egipto? Y su hermano Naruz, ¿es verdad que se ha convertido en algo parecido a un profeta? Las muertes que se suceden solo refuerzan el clima de intriga y suspicacias en torno al equilibrio del poder.

V.

          De estilo ameno y coloquial, con ciertas referencias a los volúmenes anteriores –que no invalidan la lectura por separado de éste-, Durrell nos incorpora en una trama con cierto sesgo policial y de espionaje, donde todo lo que ocurre puede ser interpretado a través de distintos móviles, que no descartan la traición, la impotencia, el amor, la infidelidad, la compasión y el liderazgo místico. Una saga que, en el comienzo del fin, empieza a ser más que significativa. Deseo que el último volumen despeje ciertas dudas y resuma todo lo que Durrell ha intentado legarnos. Al fin, una obra para leer de corrido –una suerte de ligero mea culpa- y sacarle todo el jugo.

viernes, 26 de mayo de 2023

El Cuarteto de Alejandría. 2. Balthazar, Lawrence Durrell

 

Debolsillo, 2008

I.

               En esta segunda entrega, los hechos acaecidos durante el primer volumen son analizados bajo otra perspectiva. Al parecer, el narrador anónimo ha publicado o, en su defecto, hecho conocer su trabajo al médico gnóstico Balthazar, que trataba profesionalmente tanto a Justine como a Melissa. Por ello, y en virtud de su propia mirada, éste devuelve a aquél una serie de Comentarios, que contienen apreciaciones totalmente distintas acerca de lo relatado y aportan una nueva luz, expandiendo las posibles interpretaciones a los distintos observadores.

II.

                Este protagonista incorpora un puñado de nuevos personajes y datos adicionales de los que el narrador carecía al momento de su relato, desnudando la fragilidad de su argumento y, a la vez, despojándolo de su centralidad. Aparentemente, Justine no sólo engañaba a su marido con el narrador, sino que éste era utilizado como una pantalla para los furtivos encuentros con aquél de quien estaba enamorada: un poeta que la necesitaba tanto como la detestaba, y que terminó sus días en suicidio.

III.

               De esta manera, Durrell interpela a los lectores sobre qué se entiende por actos humanos, puesto que existen tantas interpretaciones posibles como testigos oculares, que no tienen acceso a la totalidad de la información necesaria para establecer el valor de verdad sobre lo observado, convirtiendo cada testimonio en una burda expresión subjetiva y, en consecuencia, al hecho descripto en casi una ilusión.

IV.

                Lo novedoso de este trabajo reside en que el autor, sin modificar el tiempo, el escenario, los protagonistas y los incidentes narrados en el trabajo anterior puede, a través de esos comentarios del doctor Balthazar, reelaborar la propuesta utilizando un desplazamiento del ángulo de observación. Además, no solo delinea a Naruz, hermano de Nessim, quien cuida a la madre de ambos y la heredad, sino que describe maravillosamente el Carnaval de Alejandría y el porqué del uso de disfraces –el tan afamado dominó, entre ellos-. 

V.

               Con el mismo estilo narrativo coloquial de Justine, aunque con tintes más dramáticos y misteriosos –que son constitutivos del protagonista quien, además de ser médico es un iniciado en cábala y ciencias ocultas-, Durrell construye una nueva versión -más lineal, pero con mayores digresiones- de su primera obra, aportando ciertos condimentos que son parte más del cotilleo que elementos de importancia. Interesante continuación, que dispara reflexiones sobre cómo dos o más interpretaciones diferentes pueden ser igualmente válidas.

sábado, 25 de febrero de 2023

El Cuarteto de Alejandría. 1. Justine, Lawrence Durrell

Debolsillo, 2008

I.

               Haber adquirido la tetralogía que compone esta obra obedeció a dos motivos distintos que se potenciaron entre sí. El primero fue el enorme empujón anímico que significó la lectura al completo de En busca del tiempo perdido, obra de largo aliento no exenta de complejidades que, por momentos, alternaba entre la fascinación y el tedio. El restante, lo determinó el azar al cruzarme con la única librería que mantenía los cuatro volúmenes juntos, de una misma edición. Después de siete años de espera, me pareció oportuno encarar su lectura.

II.

                El narrador anónimo –un hombre que sobrevive dando clases y aspira a ser escritor-, evoca una historia de amores cruzados que tiene por protagonista a Justine, una mujer de origen judío -casada con el opulento Nessim-, de quien se enamora. A su vez, tiene como pareja a Melissa, una bailarina que enferma y muere posteriormente, dejándole una hija, fruto de su infidelidad con Nessim. Ambos hombres se hacen amigos, hasta que Nessim se entera del amorío con su mujer. La trama se resuelve durante una cacería de patos, pero no de la manera esperada.

III.

               La novela se ambienta en la ciudad de Alejandría hacia los años ’30 del siglo pasado y el autor hace continuas referencias al gran poeta del lugar, Constantinos Cavafis, tanto como a ese crisol de razas y religiones, donde se dan citas griegos, egipcios, franceses y sirios, entre otras nacionalidades. Un lugar donde la pobreza extrema convive con la riqueza y la sexualidad se ejerce sin prurito, promiscuamente. En ese sentido, las descripciones de acciones y sentires impregnan fuertemente de erotismo al texto.

IV.

                Destaco sobremanera la composición psicológica de los personajes. El narrador se muestra apático y displicente con su vida. Comparte su techo con un miembro del consulado francés y tiende a observar su entorno con una mirada distante y poco comprometida. Justine, encarna a la mujer alejandrina por antonomasia y es el núcleo del relato: intuitiva, apasionada e incapaz de actuar racionalmente. Nessim es un hombre de negocios, posesivo aunque temeroso de perder a su esposa. Melissa, una antigua modelo ahora tísica, se prostituye para afrontar los gastos suyos y del narrador. A estos protagonistas los acompañan un médico gnóstico –Balthazar- y un puñado de personajes secundarios que refuerzan la solidez de la novela.

V.

               De estilo coloquial, como la historia transcurre durante varios años, Durrell hace uso –y abuso- de analepsis y prolepsis que, de a ratos, pueden confundir al lector. A su favor, contiene un cúmulo de reflexiones acerca de la vida en esos parajes, las creencias –cábala y ocultismo incluidos- y pensamientos que obligan a meditar. Con un final emotivo, el conjunto despierta el necesario entusiasmo para encarar ilusionadamente el resto de la obra. Un comienzo feliz.