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domingo, 8 de marzo de 2020

Pelibro 18. La naranja mecánica

            Tenía ganas de volver a sendas obras, libro y film. Era muy joven cuando encaré el texto y algo más maduro cuando me decidí a ver la versión cinematográfica. Al reeditarse el primero en una edición económica, lo llevé junto a otros títulos incluidos en la colección.

Libro
Anthony Burgess (Planeta, 2018)
            
           La historia se centra en las acciones de Alex, un adolescente de quince años quien, junto a tres amigos, sale por las noches a robar a los comerciantes, violar a jovencitas, luchar contra otras pandillas y ejercer violencia sobre los viejos indefensos. Ambientada en una sociedad futura, Alex es el líder de su propia pandilla y miente descaradamente a sus padres acerca de sus actividades, diciendo que trabaja de noche. El conjunto se reúne en una lechería, en la que se sirven preparaciones lácteas que incluyen drogas, capaces de exacerbar el lado violento de los clientes.

        Alex, amante de la música clásica, ya ha sido detenido antes. Un tutor le advierte que abandone las prácticas nocturnas violentas, so riesgo de cometer un delito mayor. Cuestionado por sus pares, tiene la desgracia de caer en una redada policial después de fustigar –y matar- a una mujer que vivía sola con sus gatos. Apaleado en el destacamento, juzgado y condenado a prisión varios años, su vida transcurre como asistente del capellán hasta que hace méritos en su comportamiento para ser parte de un novedoso proyecto, propuesto al Ministerio del Interior, que realizará la cura de los violentos, con miras a reducir la cantidad de delincuentes encerrados.

            Así, Alex participa del mismo, pero una vez efectuada la cura, el tratamiento lo vuelve incapaz de tomar decisiones acerca de su vida. Para colmo, es despojado de su habitación en su casa y se vuelve a encontrar con todos aquellos que de alguna manera han sido sus víctimas, tomando la previsible revancha.

            El libro está estructurado en tres partes bien definidas, cada una con siete capítulos. Esta edición se acompaña de un prólogo del propio autor, donde aclara que la edición en E.E.U.U. –la que tuvo Kubrick en sus manos- no contaba con la redención propuesta en el último capítulo, debido a una supresión de corte netamente editorial.

            En estilo coloquial, profuso en una jerga propia de los adolescentes –nadsat, que requiere acudir al glosario al final del volumen-, Burgess captura la naturaleza violenta de algunos jóvenes y la lleva hasta sus límites. Publicada en 1962, sostiene que el hombre debe poseer el derecho inalienable de decidir el curso de sus acciones morales, sin injerencia del poder del Estado. Se le podrá juzgar por ellas, pero no prohibir o censurar su ejercicio de la libertad con la excusa de que ‘es por su bien’, un eufemismo para someter al ciudadano contra su expresa voluntad. Además, aprovecha para burlarse –con mucha altura- de los avatares del poder y sus negociados. Una obra pionera, mal incluida en la categoría de Ciencia Ficción. Deja poso para reflexionar.
           

Film

Stanley Kubrick (Warner Bros, 1971)

            ¡Qué se puede decir del film! El trabajo de Malcolm McDowell en el rol protagónico de Alex es simplemente espectacular: transmite a la perfección todo el cinismo y la violencia de su personaje principal. El guión se apega bastante bien a la historia original, aunque Kubrick se ha tomado algunas licencias, siendo la más notoria el final abierto, mucho más sugerente que la conclusión que hace Burgess en el libro.

            Destaco el manejo de la cámara, que alterna primeros planos con tomas panorámicas, haciendo un uso moderado del zoom. Filmado en Inglaterra, tanto la ambientación como la música seleccionada para los distintos cuadros acompañan apropiadamente la narración. El resto del elenco está a la altura de la interpretación de McDowell, con puntos sobresalientes en Patrick McGee (F. Alexander) y Anthony Sharp (Ministro).

            El hecho curioso del film es la resolución de cómo Mr. Alexander reconoce a su viejo atacante: esto ocurre cuando Alex, tomando un baño en la mansión de aquél, entona la canción Cantando bajo la lluvia  (inexistente en el texto del autor), la que también cantaba mientras obligaba a su víctima a observar la violación de su mujer, sujetado por sus esbirros amigos. Dicen que fue el propio actor el que sugirió al director incluir el cantillo en ambas escenas. En el libro, Alexander sólo alberga la sospecha acerca de Alex, pero la tortura subsiguiente se debe más a una cuestión de naturaleza política que personal.

            Otro acierto de la realización es haber reducido el vocabulario nadsat – adolescente a una mínima expresión. De no haber sido así, hubiera corrido riesgo de perderse parte de la fluidez narrativa –cosa que ocurre al inicio del libro, hasta que el lector se familiariza-.

            En suma, una obra maestra de Kubrick que vale la pena ver una y otra vez.
Testimonio del decimooctavo Pelibro