II.
Apenas lo vi, me pregunté qué
podrían tener en común los elementos que componen su portada: un molinillo de
café, una regadera, un zapato rojo, La Maja de Goya o El matrimonio Arnolfini,
de Van Eyck, entre otros. Los dieciocho relatos que componen el volumen llevan
como nervio conductor un único elemento: el agua. Ése que ha hecho de Madrid
(“madre de las aguas”) y, particularmente, del Barrio de las Letras, el hábitat
fecundo y emotivo de Clara Obligado.
III.
Cada relato se abre con un título
relacionado con el agua y donde las historias, a medida que el lector se
adentra en la propuesta, se van entrelazando unas a otras. Lo que comienza en
la buhardilla de una casa con una investigación sobre la figura de la hija
bastarda de Lope de Vega, se continúa con un par de hermanas durante la Guerra
Civil, pasando por una charla entre fantasmas o con parte de la biografía del
portero del edificio y con una relación sexual en el Congreso mientras Tejero
lo invade con sus esbirros, todo ello sin solución de continuidad.
IV.
Así, Obligado teje relatos que
tienen como epicentro el Madrid de varias épocas, yendo desde el actual hacia
atrás en el tiempo. Por eso el conjunto bien podría leerse en ambas
direcciones, sin menoscabo de su contenido, tan bien se hallan dispuestas las
historias como sus conexiones externas. En ese orden, el libro resulta
original, brindando una fluidez no habitual en un compilado de cuentos que
pueden leerse independientemente –aunque perderían algo de su eficacia-.
V.
Con una prosa amena, directa y muy
coloquial, Obligado construye un grupo de narraciones que, al cabo, termina
siendo una única historia, la de Madrid y su Barrio de las Letras. Para el
deleite de los madrileños, que han de ver en él un fiel reflejo de su ciudad,
no es óbice para que el profano pueda prodigarse buenos momentos con un libro
inteligente y llamativo.
I.
Fue una lectora allende los mares quien me entusiasmó con su reseña, tan frugal como certera; por ella adquirí el ejemplar. Pero no han sido gratas las circunstancias que rodean este libro. Estuve físicamente en su presentación en esta ciudad, en una librería del barrio de Palermo que contaba con un espacio cultural para no más de cincuenta personas… y éramos más de cien. Hacinados y casi sin movilidad, no fue lo que esperaba. Para colmo, la mitad de los asistentes eran amigos y conocidos de Obligado, a quienes destinó la mayor parte de los comentarios, sin tener en cuenta a los que concurrimos para escuchar algo acerca del libro, al que hizo meras alusiones de compromiso. Tal fue mi desazón que me fui sin siquiera ir por un autógrafo. Dejo estas líneas para el final, para no salpicar con él mi experiencia de lectura.
