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domingo, 16 de septiembre de 2018

Tríptico McCullers. 3. Frankie y la boda, Carson McCullers


Seix Barral, 2008

I.

             Frankie Addams es una púber de doce años que ha pegado el estirón, lleva el cabello corto junto a unos tejanos y tiene modales más de tomboy que de chica. Vive en un pueblito sureño junto a su padre, un relojero que no la comprende, y la criada negra, Berenice, una madre putativa. Huérfana desde su nacimiento, pasa su tiempo estival en la cocina, acompañada de John Henry West, un primo de seis años que la sigue como fiel mastín.

II.

            El problema de Frankie es que no encaja con nada ni nadie. No es parte de un grupo de amigas del colegio porque éstas son algo mayores y ya han adquirido definidos modales de señoritas. No cuenta más que con su primo y la criada -¡menudo trío al que pertenecer!-. Por esta razón, la boda de su hermano, cuyo viaje posterior será hacia Alaska, da alas a Frankie para creer que tiene una inmejorable oportunidad de dejar el pueblo junto a ellos y conocer, al fin, el gran mundo.

III.

             McCullers despliega todo su talento narrativo para desarrollar en los días previos a la boda un relato sobre el pasaje de la infancia a la adultez, combinando los anhelos de una mocosa sin experiencia de vida con los viejos dolores de una criada que, además de haber perdido a su único amor, es negra –lo que remarca las limitaciones-. Es la búsqueda del sentido de pertenencia –‘el nosotros de mi’- lo que atraviesa el texto. Así sus suposiciones y fantasías den al traste en breve, ella elucubra su inminente ingreso al mundo de los mayores.

IV.

            Ambientada hacia los años ’40 del siglo pasado, en plena guerra –hay una ínfima alusión en el hermano casadero, que es soldado-, Frankie toma conciencia que ese pasaje al mundo adulto no lo podrá enfrentar sola; la fascinación de volverse grande no va en zaga a los miedos propios del paso a dar. Pero ella es consciente del cambio obrado en la apropiación de su adultez: deja de llamarse Frankie (diminutivo de Francis) para pasar a ser F. Jasmine Addams.

V.

            La historia de esta suerte de metamorfosis juvenil viene enmarcada en el verano cansino de un pueblo donde no hay espacios para la recreación, la atmósfera religiosa –en la que abreva la espiritualidad de Berenice-, la necesidad de sexo y diversión de los soldados destacados en la guarnición cercana –a los que, por razones de edad y desconocimiento, Frankie no puede aspirar- y una boda que resulta una puerta de salida, entendida como fuga hacia adelante. Con la misma prosa concisa que ya es su estilo, McCullers nos brinda una lectura amena y fluida, todo un modelo de cómo elaborar una novela de aprendizaje con escasos personajes.

martes, 4 de septiembre de 2018

Tríptico McCullers. 2. Reflejos en un ojo dorado, Carson McCullers


Seix Barral, 2008

I.

            Tal vez hoy el contenido de esta novela breve tienda a resultar trillado, en aras que ya han sido muchos los que han tratado la monotonía de la vida en una base militar en tiempos de paz, sin mayores oscilaciones que las que el chismerío entre comadres pudiera alentar. Pero imagino que para 1941, cuando fue publicada, en pleno auge marcial debido a la II Guerra Mundial –los E.E.U.U. declararon la guerra en diciembre de ese año, después del ataque nipón a la base de Pearl Harbour-, el tema de la homosexualidad debe haber causado cierto revuelo. Al menos, no pasaría inadvertida para el público lector.

II.

            La historia conjuga un asesinato en medio de una infidelidad, una homosexualidad en ciernes y una depresión que deriva en locura. La bella Leonora, esposa del capitán Penderton, mantiene una relación adúltera con el comandante Langdon. Su marido, a sabiendas de ello, fija su atención en el callado y circunspecto soldado Williams –quien atempera sus propios fragores en la contemplación de la desnudez del cuerpo de Leonora, sin mayores avances-. Mientras que Alison, la mujer del comandante Langdon, cae en un pozo depresivo cada vez más profundo tras la muerte de su hijo y al enterarse del adulterio de su marido. Sólo los buenos oficios de Anacleto, su criado de origen filipino, atenúan su caída.

III.

             Cada uno de los personajes lleva una vida insatisfecha. Leonora Penderton se encuentra aislada, sin roce social más que aquel que le otorga la base. Morris Langdon tolera a una mujer que no sólo se ha afeado sino que resulta una carga. Alison no puede superar la muerte de su hijo y, para colmo, se tortura con la relación espuria entre su marido y aquella. Weldon Penderton mantiene una obsesión con el soldado Williams, una suerte de odio que podría transformarse en amor. Y Ellgee Williams, quien no conoció ni tocó nunca a una mujer, queda deslumbrado por la desnudez del cuerpo de Leonora, a la cual decide visitar mientras ella duerme.

IV.

            Estructurado en cuatro partes, no es el clásico triángulo amoroso sino que abarca a la totalidad de los personajes, incluyendo al criado que intenta liberarse de su servicio una vez que Alison se ausente. McCullers desarrolla una ficción con una tensión narrativa cada vez más asfixiante sin dejar de delinear perfectamente la psicología de cada uno de ellos, en medio de un entorno geográfico costumbrista y rutinario. Ese efecto de contraste entre las convenciones sociales de una guarnición militar, la represión sexual y los deseos más primitivos fortalecen el carácter dramático de la historia. En estilo coloquial y preciso, el texto fluye rápidamente. Una obra maestra de concisión y destreza literaria.

jueves, 23 de agosto de 2018

Tríptico McCullers. 1. Cuentos completos, Carson McCullers


Seix Barral, 2008

            Encaré este volumen, que reúne la totalidad de los cuentos y las tres novelas cortas de la autora bajo el título de uno de aquellos, con la intención de allegarlos por separado. La balada del café triste la hemos visitado anteriormente junto a quien fuera mi socia en este espacio, por lo que no será incluida.


I.

            Esta edición compila diecinueve relatos de Carson McCullers –trece de los cuales son inéditos en español, según se afirma en la contratapa- y cada uno de ellos se acompaña de una breve presentación a modo de comentario a cargo de Rodrigo Fresán -que sugiero leer siempre al final-. Escritos en diferentes momentos de su vida, los mismos abordan diversos temas.

II.

             No menos de tres relatos enfrentan el deterioro y la miseria a la que conduce el alcoholismo, ya sea a cargo de una mujer, de un hombre o de una pareja alcohólica. En un par de ellos el elemento disparador es la iniciación sexual o el inicio de la menstruación. También reitera la presencia del orfanato, los huérfanos y los centros de rehabilitación en sendos trabajos. En unos, la música se convierte en vehículo de amores no correspondidos, talentos falsos o desechados y veladas que revelan superficialidad social. En otros, un viaje de regreso o un encuentro casual son suficientes para despertar la reflexión sobre la propia vida y la búsqueda del amor verdadero.

III.

            La falta de reciprocidad en las relaciones humanas, la insensibilidad social ante la tragedia ajena –sea en forma de accidente, desempleo o hambre-, el flagelo del alcohol o simplemente el abandono de la infancia son parte del contenido que la autora desarrolla a través de mujeres borrachas, suicidas o frívolas –nunca demasiado amables-; judíos escapando de la guerra; jóvenes que intentan abandonar sus pueblos por aburrimiento; reencuentros fugaces que abrevan en la nostalgia de todo aquello que no pudo ser, entre otros tópicos.

IV.

            Con una prosa amena, vívidas descripciones de circunstancias y sentires -que no buscan la empatía del lector hacia sus personajes- y una minuciosa observación del entorno, McCullers construye un universo de relatos donde el amor de alguna manera siempre está presente, aún en los momentos más difíciles, como si su sola presencia albergara la esperanza de una redención. Una excelente introducción a sus letras.