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sábado, 7 de enero de 2017

Catarsis literaria. Autorretrato, Édouard Levé


Eterna Cadencia, 2016

I.
            El suicidio vende. O mejor, el suicida vende. Si es un escritor suicida, vende más. Y si su obra tardó en publicarse algunos años después de muerto, como el caso de The Confederacy of Dunces, de John K. Toole –libro divertido, pero sumamente sobrevaluado-, se vuelve un superventas. ¿Será el destino de Levé?

II.
           En poco menos de un ciento de páginas, Levé desgrana su vida. Lo hace en frases cortas, a medida que surgen en él detalles que contar. Como si todo fuera una serie de instantáneas que se ha encargado de dejarnos para que empaticemos, tomásemos distancia, repudiemos y, en definitiva, nos involucráramos como lectores en los pormenores de su vida cotidiana; antes de que tomase la fatal decisión de suicidarse, claro. Lo que dio lugar a otro libro –al que no tengo aún acceso-, bien destripado por Ana Blasfuemia, lectora disparadora de esta lectura.

III.
         Su estilo narrativo recuerda el de algunos autores norteamericanos, basado en sentencias breves y secas, en la que abundan afirmaciones, negaciones, pequeñas anécdotas, sarcasmos; así, nos brinda una minuciosa idea de su visión del mundo, de sí mismo y de la sociedad que le rodea, situada hacia 2004, cuando el autor contaba con treinta y nueve años.

IV.
           Sus opiniones, donde ningún tema queda afuera, se suceden sin solución de continuidad. Mezcladas de forma ecléctica -como alguien que se esfuerza en recordar sobre qué no se ha expedido aún para añadir algo sobre ello-, recogen pensamientos, juicios críticos, ilusiones, contradicciones y toda una vaguedad de impresiones sobre cada tema abordado, en una suerte de catarsis literaria que acaso pudiera permitirle hallarse a sí mismo.

V.
          En lo personal, no resto mérito a Levé en la manera elegida de dirigirse a los lectores. Ha encontrado una voz propia, original, para exhibir su forma de ver el mundo. Pero cuestiono firmemente el contenido: no aporta nada memorable. Sospecho que cualquiera que hubiera tenido la oportunidad de ganarse la vida como pintor, escritor y fotógrafo, viajar y conocer mundo y adquirir una vasta experiencia de vida en sociedad, podría haber escrito algo semejante. Tal vez mejor. Un libro tan breve como la vida de su autor, lleno de pinceladas impresionistas.