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domingo, 4 de abril de 2021

Miradas de mujer. 4. Flâneuse, Lauren Elkin

Malpaso, 2017

I.

            Este ensayo pone el énfasis en el paseante ocioso o flâneur, término que sólo estaba asociado al género masculino en el siglo XIX. De origen netamente urbano, su placer consistía en observar la vida cotidiana de las ciudades y sus gentes y, en ciertos casos, describirla. Sólo los hombres estaban permitidos: las mujeres, destinadas al matrimonio, la cría de sus hijos y las tareas hogareñas no sólo no eran bien vistas si se dedicaban a ello, sino criticadas y denostadas por no apegarse al rol tradicional. El libro de Elkin abre justamente con esta explicación.

II.

            La estructura elegida por la autora se establece en capítulos con nombres de ciudades, en los que repasa su propio derrotero en ellas y las evocaciones que otros personajes disparan en su observación y memoria. Así, comienza por Long Island, en el norte de Nueva York, lugar donde se afincó su familia y narra su experiencia al trasladarse a la gran ciudad para iniciar sus estudios. Luego, va descubriendo el París de 1920 a través de las letras de Jean Rhys. Al viajar a la ciudad en 1999, comienza a intercalar su propia experiencia con las de otros personajes de la cultura.

III.

            Asociaciones, citas literarias y paseos son parte del periplo que Elkin desarrolla en los distintos centros urbanos que visita. En Londres se hace presente en lo que queda de Bloomsbury y las hermanas Stephen; vuelve a recorrer las calles de París bajo la mirada de George Sand, y la Venecia de la artista plástica Sophie Calle. Tras ello, relata la empatía que despierta Charlotte –el personaje encarnado por Scarlett Johansson en la memorable Lost in Translation, realización de Sofía Coppola de 2003-, al vivir con su pareja en Tokio, una ciudad en la que, al no poder comprender el lenguaje local, uno se siente vacío, angustiado, perdido.

IV.

             Más tarde, Elkin vuelve a París, y lo analiza en su doble aspecto. Primero, como centro de protestas sociales –como el Mayo de 1968 o la Comuna de 1871- y después, como seguidora de Agnes Varda quien, en su film de 1962 Cleo, de 5 a 7, recorre y expone una renovada mirada sobre los suburbios parisinos, cámara en mano. Finalmente, sigue las huellas de Martha Gellhorn antes de volver a Nueva York y redescubrirla tras una década de ausencia.

V.

            A lo largo del texto, Elkin va dejando ver cómo son esas ciudades actualmente, en comparación con aquellas descriptas por sendas figuras en otros tiempos. Sus párrafos intercalan su historia personal con la de sus inspiradoras –siempre mujeres pioneras-, de manera que el libro mantiene fluidez y sostiene la curiosidad lectora. Hacia el final, señala que cualquiera que intente asentarse en una ciudad extraña a su origen, debe apropiarse de ella; hacerse dueño de un lugar, para poder disfrutarla y adquirir sentido de pertenencia. Otro libro más que interesante.