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domingo, 24 de octubre de 2021

El arte de desaparecer. Doctor Pasavento, Enrique Vila-Matas

 

Anagrama, 2008

I.

            Exagero sin ninguna duda. Que un título de un autor reconocido espere algún tiempo para ser leído, hasta me resulta natural; la pirotecnia inicial deja paso a las letras para que hablen por sí mismas, sin interlocutores ni interpretadores. Mas habiéndolo adquirido desde su aparición en esta edición, este retraso es casi un acto de herejía. Las causas del mismo, sospecho, habrá que hurgarlas en que esta novela no es una, sino varias.

II.

            Andrés Pasavento es un escritor y doctor que goza de cierto renombre. En medio de un viaje surge una pregunta: ¿de dónde viene esta pasión por desaparecer? Ahí mismo, sin mediar aviso, decide abandonarlo todo y apartarse, siguiendo la propuesta de su numen inspirador, Robert Walser, que pasó más de veinte años en un manicomio en Suiza antes de morir, sin volver a escribir ni publicar, salvo ejercicios caligráficos microscópicos realizados con lápiz.

III.

            El problema de la renuncia es la constatación plena y dolorosa de que nadie parece estar interesado en saber qué ha sido de él. Por eso se hace pasar por psiquiatra y, a la vez que explora lo que le ocurre socialmente, analiza su propia necesidad de ser otro. Guarda interesantes reflexiones, como la siguiente,

‘La literatura consiste en dar a la trama de la vida una lógica que no tiene. A mí me parece que la vida no tiene trama, se la ponemos nosotros, que inventamos la literatura.’

IV.

            El derrotero de Pasavento se acompaña de un montón de citas a otros textos, que ramifican y derivan su acontecer. En sus páginas desfilan no solo Walser sino Gracq, Sebald, Blanchot, Jaeggy, Sterne, Tabucchi, entre otros, despertando la curiosidad de todo ávido lector, quien encuentra en estas letras un torrentoso caudal de futuras lecturas, a propósito de aquello que está leyendo.

V.

            Fluido y coloquial, con muchos guiños y veladas alusiones, Vila-Matas compone un texto sobre el arte de desaparecer y sus posibles consecuencias, por más que algunas de ellas arriben al plano de la fantasía y la elucubración. Pero, qué sería de la literatura si así no fuera. Una novela con mucho condimento literario, de ese que nos gusta a todos los lectores.

viernes, 7 de junio de 2019

Renacimiento. El viaje vertical, Enrique Vila-Matas


Debolsillo, 2015

II.

            Federico Mayol, exitoso y adinerado empresario catalán, nacionalista, de convicción católica y padre de tres hijos, al día siguiente de celebrar sus bodas de oro es expulsado de su casa por su esposa –quien desea descubrir quién es ella-. Con setenta y siete años, tras constatar la frialdad de sus hijos –que no son todo lo felices que aparentaban-, debe encarar una nueva vida frente a la perspectiva de la soledad y de la muerte. Sin amigos significativos –porque los valiosos ya no están, y los nuevos le saben mediocres-, decide abandonar Barcelona para dirigirse hacia el sur, pasando por Porto, Lisboa y recalando finalmente en Madeira. Una suerte de viaje vertical –como lo indica el título- que a su vez acompaña su descenso a su propio abismo.

III.

            Mayol no está solo en su periplo. Le acompaña Pablo, un sobrino dueño de una cadena de lavanderías en Madeira –al que su mujer se le fue con otro-; y ese otro, llamado Pedro Ribera que, además de ser el director del hotel donde se hospeda Mayol, es el narrador de la historia. Así, el encuentro entre Pedro y Mayol deparará algo más que un vínculo. En un contrapunto memorable, el lector asistirá al renacimiento de un viejo autodidacta que aún no se da por vencido, mientras que el narrador hará de la historia del anciano su primera novela como escritor.

IV.

            Más allá de lo obvio de la trama, y del juego por el cual el protagonista se transforma en personaje mientras que el narrador nace a la escritura, Vila-Matas asume la defensa de aquellos a quienes la Guerra Civil les privó de una instrucción adecuada y les cercenó la posibilidad de alcanzar un estudio universitario, razón de la inferioridad que siente Mayol al ser tratado de inculto por uno de sus hijos, que sabe que ese self made man no ha leído un libro en su vida. Mayol se lamenta de haber vivido una vida para satisfacer las necesidades de otros y no de las propias, aunque ahora, hacia su final, esa vida le ofrece un resarcimiento.

V.

            Confieso que siendo éste mi inicio en la obra del autor, no pudo ser más auspicioso. Cautiva su prosa directa, sin eufemismos, que alcanza ribetes poéticos en algunas frases. Diálogos bien provocados junto a escenas magníficas, hacen el deleite de todo buen lector. Un libro fluido, ameno, que se disfruta ampliamente. Recomendable ciento por ciento.

I.

            Dejé el comienzo para el final. No sabía bien de qué iba el libro ni la razón de su elección pero, a medida que transitaba sus páginas, podía empatizar algo más con Mayol. Cuando nuestras mujeres nos abandonan –como es el caso de quien escribe, desde hace un par de meses-, debemos enfrentar no sólo la soledad, sino cómo habremos de encarar nuestro tramo final. Mayol me ha brindado una mirada optimista. Una ocasión para bucear en mí y hallar las respuestas.