lunes, 9 de octubre de 2017

El lado oscuro del progreso. Moloch, Aleksandr Kuprín


La Compañía de Libros, 2017

            El título vio la luz hace pocas semanas. Esta pequeña casa editora se afirma en el mercado local rescatando autores de cierto renombre (Turgueniev, William Goyen, entre otros) algunos de cuyos trabajos han quedado relegados al olvido, como es el presente caso. Dio la casualidad de aparecer en el apogeo de mi Año Ruso y, como era de suponer, me hice de un ejemplar.

             Moloch alude al nombre del dios al que los cananeos ofrecían sacrificios humanos, generalmente bebés o niños, para fertilizar la tierra y proteger a sus súbditos. La breve historia que nos narra Kuprín está ambientada en la Rusia de principios de siglo XX. Allí, el ingeniero Bobrov, un joven sensible y débil de carácter es empleado de una enorme acería donde consume sus días. Habiendo destinado sus estudios a una profesión por la que no siente vocación, su frustración no halla más que un consuelo momentáneo en compañía de Goldberg, el médico judío del que dispone la planta de producción, y en las visitas que realiza a los alrededores para verse con Nina, una de las cinco hijas de la familia Zinienko, con quien mantiene simpatías.

            Con motivo de la inauguración de un nuevo alto horno, la comunidad se ve conmovida con la llegada de Kvashnín, un maduro director de la empresa, pleno de recursos que dispensa a mansalva. La familia Zinienko en general, y Nina en particular, sucumbirán ante él, y todo el amor que ambos jóvenes se profesaban desaparecerá inmediatamente, dejando a Bobrov en la más absoluta soledad.

            Bobrov encarna al joven tierno y reflexivo quien ve cómo la fábrica –el verdadero Moloch- devora vidas humanas. Incapaz de competir con el opulento Kvashnín, queda marginado de la única aspiración de felicidad: casarse con Nina. Ésta es la bella joven provinciana, superficial y sin mayores cualidades, a la que atrae el dinero y el poder. Kvashnín es el representante de la burguesía; un hombre lascivo e hipócrita que nada sabe de producción pero es hábil y oportuno, a quien le place ostentar su poder tanto como desentenderse a la hora de brindar mejoras, tan necesarias a las familias de sus trabajadores.

            El texto puede analizarse desde diversos planos. Rescato la crítica de Kuprín a los aspectos sociales que apareja el progreso en general y el capitalismo en particular. Así, el libro resulta una diatriba contra las ganancias exageradas a costa de la salud de la población –a la que no son ciegos ni el ingeniero ni el médico; el primero no tiene armas para combatir y el segundo es indolente-. Es esta tragedia, unida a la mansedumbre y desconocimiento de los pobladores -que agrandan la desigualdad social-, lo que nos advierte el autor. Una desigualdad que sólo podrá poner fin o remedio la violencia de las masas. En este sentido, el libro resulta profético.

            Breve, intenso, con personajes bien construidos, social y psicológicamente, la historia fluye rápidamente dejando mucho material para meditar y reflexionar, en especial los daños inherentes a un capitalismo desenfrenado, ese lado oscuro que pocos quieren ver y enfrentar.

4 comentarios:

  1. Tengo un "empacho" ruso considerable. Hace un par de días fui a una exposición y a través de los cuadros explicaban la historia de los zares, sí, de todos. Cuatro horas y media y me acordé de vos, pensé, en cierta manera estoy cumpliendo. A pesar del cansancio disfruté aprendiendo y sentí mucha curiosidad así que cuando pase un poco de tiempo la emprenderé con ellos.
    También tengo que decir que con la visión global que tengo a raíz de lo que has ido contando, tengo la sensación de que era o es una sociedad triste y dramática.
    Besos aplicados.

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    1. Gracias por seguir de cerca mis humildes percepciones, Norah. De hecho, coincido en que la sociedad rusa es sufrida. Nunca ha terminado de pasarla del todo bien, y los momentos de alegría son escasos. No obstante, saben hacerse espacio para burlarse de ellos mismos, de sus miedos e ilusiones.
      Espero que hayas disfrutado de la exposición; para mi, sería del mayor interés.
      Besitos con reconocimiento.

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  2. Hola Marcelo, interesante reseña. No me queda claro en qué época fue escrito el libro. Saludos

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    1. Hola, Doc.
      Si no me equivoco, la primera aparición del libro data de la última década del siglo XIX, aunque de la Rusia zarista no debe quedar nada, ni en los anales...
      Gracias por tus líneas y por darte una vuelta por aquí.
      Saludos.

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