Alfaguara, 2025
I. Había una doble propuesta y decidí adherir. El
grupo lector de una librería lo iba a encarar para el pasado octubre –y yo ya
tenía el ejemplar digital-. Pero el plato fuerte era que su líder había comprometido
al autor para una reunión virtual transatlántica cuando concluyéramos su
lectura. Siendo Neuman quien me definió como lector nómade en la dedicatoria de uno de sus libros, no quería
perderme la ocasión de charlar con él, una persona por demás accesible.
II.
La novela podría inscribirse en el rubro de biografía no autorizada si no fuera que
el lector, al poco de andar, se diera cuenta de la ficción. Si bien el propio
autor reconociera todo el trabajo previo -que le llevó mucho tiempo: documentarse,
entrevistar a personas allegadas y familiares, acceder a varias ediciones del
trabajo de su biografiada, entre otras actividades-, lo cierto es que meterse
en la cabeza de María Moliner –de quien trata esta novela-, solo puede lograrlo
exitosamente aquél que se hubiera empapado de su quehacer; de su vida
cotidiana.
III.
Porque de María Moliner hablamos.
La mujer que se dio cuenta de que el uso de las palabras expresadas
diariamente, muchas veces no obedecía a las acepciones que la magna institución
que es su depositaria –la Real Academia Española- registraba en sus conceptos y
definiciones. Para colmo, algunos giros y modismos locales –centro y
sudamericanos- que enriquecían el idioma original, no eran contemplados por aquélla,
aunque eran comunes en el habla de millones de hispanoparlantes. Si a ello le
añadimos la incorporación de vocablos que la incipiente tecnología empezaba a
dar muestras, estamos ante un proyecto mayúsculo.
La versión digital, gentileza de una amiga lectora
IV.
El trabajo de Neuman, por otra parte, no se
circunscribe al área profesional de Moliner sino que abarca toda una historia,
desde pequeña, donde sus intereses filológicos comienzan a percibirse, mezclado
con hechos de su vida: su educación; su noviazgo y posterior matrimonio; el
nacimiento de su prole, sin descartar sus inquietudes y resquemores. Párrafo
aparte merece el contrapunto con motivo de ser candidata al acceso a ser
miembro de la Real Academia, y las razones que le esgrimen quienes,
responsables del otorgamiento, le niegan ese reconocimiento.
V.
De estilo coloquial y ameno, con
un puñado grande de reflexiones sobre cómo nos expresamos quienes compartimos nuestra
riquísima lengua y un detalle minucioso acerca de su investigación sobre el
idioma –nadie pierda de vista que se trata de una mujer, en pleno franquismo-,
Neuman nos ofrece una mirada única sobre quien vivió por y para las palabras.
Una obra emotiva, que hará las delicias del lector sensible.

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