I.
Era una lectura más que esperada por mi. De hecho,
anduve comparando ediciones antes de decidirme y me incliné por la de marras en
virtud de su puesta en contexto, vida de la autora y análisis de la obra, que
suelen acompañar estas ediciones. El numeroso grupo que compartió la lectura
ahondó sobre algunos temas que tanto la escritura como el contenido dispararon
en su momento, de lo que haré un sucinto resumen.
II.
La historia es conocida: el joven Victor
Frankenstein, curioso e imaginativo desde niño, ha destinado sus estudios y
afanes a las ciencias naturales; en especial, intenta lograr dar vida a una
criatura amalgamando fragmentos de cadáveres. Cuando alcanza su objetivo
utilizando supuestos principios e instrumentos de la química, su repulsión es
tal que lo abandona inmediatamente. La historia, entonces, cobra tintes
trágicos, porque ese ser, dado su aspecto, es rechazado por el resto de la sociedad, confinándolo a un estado de aislamiento del que solo podrá salir
acudiendo a su creador. Y si éste se negara a ayudarlo, entonces…
III.
Existen varios planos para debatir. El primero
y no menor es la autoría del texto. Son tantas las sugerencias que Percy
Shelley ha anotado en el original –e incluso, incorporando párrafos propios-
que muchos dudaban que fuera Mary su autora. Pero existen claros indicios que
denotan una sensibilidad femenina en el escrito, de la que Percy parece carecer.
Otro plano es la identidad monstruosa: ¿qué entendemos por monstruo?, ¿siempre lo
hemos de considerar desde nuestra propia perspectiva, como si fuera otro?, ¿o existe también una parte
monstruosa que habita en nosotros mismos y que, bajo ciertas circunstancias, se
pone en evidencia?
IV.
Es curioso cómo el común de los
mortales –que sabe de la novela- asocia a Frankenstein
con el ser contrahecho y desproporcionado que ha creado el doctor, cuando esa
criatura en toda la novela no lleva
nombre; hasta de eso su creador lo ha privado. Así, ¿quién es el verdadero
monstruo?, ¿la creación espantosa abandonada a su suerte desde el inicio, o aquel
que, aun habiendo sido educado e instruido le dio origen e intentó
desentenderse de él? Quizás el vulgo no se halle equivocado y, en una suerte de
transmutación, el monstruo sea Frankenstein…
el doctor.
V.
De estilo coloquial y directo, con una prosa fluida, esta novela que consta de tres volúmenes, escrita entre 1816 y 1818 y reeditada con ciertos cambios en 1831, ha interpelado a generaciones de lectores acerca de lo que puede ocurrir cuando el ser humano intenta jugar a ser Dios: las consecuencias de nuestros actos pueden no ser las esperadas, aunque debemos responder por ellas. Una obra para leer y releer. Más que recomendable.
