Impedimenta, 2025
I.
Apareció hacia fines de octubre pasado, cuando
el más grande buscador de libros digitales aun estaba activo. Nunca hubiera
imaginado lo que sucedería: el libro voló
–literalmente- de las librerías. Tal fue su éxito, que hasta en las ciudades
del interior del país se ha agotado. Lo propuse como lectura grupal, y al
conjunto de participantes le pareció maravilloso. Ganador del premio Booker
Internacional con su obra anterior, el autor búlgaro comienza a ser reconocido.
II.
¿Quién no ha perdido un ser
querido -un pariente, un amigo, o hasta una mascota-? Pero el dolor de la
pérdida de un progenitor es un hecho único, pues con él también se pierde un
testigo ocular de nuestra infancia; alguien que ha conservado esa etapa de
nuestras vidas en su memoria. El padre del autor fallece pocos días antes de la
Navidad de 2023, tras una larga agonía; algunos meses después su hijo rescata su
figura y el recuerdo de anécdotas y momentos compartidos cuestionando –con dolor
y congoja, pero sin refugiarse en la nostalgia o en la melancolía- cómo
sobrellevar la propia existencia ahora que nos quedamos sin protector. Sin
héroe.
III.
La breve novela, de neto corte autobiográfico,
reúne dos elementos significativos. Mientras repasa la vida de aquel hombre
nacido hacia fines de la guerra, que concluye sus días como un eximio jardinero,
cuya respuesta omnipresente –para quien atravesó el hambre, la pobreza, el
comunismo, entre otros- es No hay nada
que temer, Gospodínov elabora una serie de reflexiones que interpelan al
lector, no desde el sentimiento de culpa por las ausencias y lo que no se pudo
compartir sino desde el rol de hijo, ahora que la pérdida nos expone a la sensación
de desvalimiento, de soledad.
La versión digital, gentileza de Anna's Archive
IV.
Destaco la sutileza con que el
autor aborda un tema tan escabroso como es asistir al final de los días de un
padre, trasegando a su lado el deterioro que conlleva, la pérdida sucesiva de
facultades físicas e intelectuales, sin hacer de ello motivo de vanagloria ni
negando el dolor, que fluye libremente a través de sus páginas; incluso, con
escenas o comentarios que convocan el humor y la sonrisa de quien lee. Pero el
peso lo llevan las preguntas que dispara el fin de una vida. Un ejemplo: ¿seguimos existiendo si se va la última
persona que nos recordaba como niños?
V.
De estilo directo y coloquial, con una prosa que alcanza cierto lirismo, Gospodínov ofrece una manera distinta de enfrentar los primeros meses de un duelo, haciendo buen uso de la memoria. Un libro emotivo, sin golpes bajos pero no apto para lectores con pérdidas recientes. Asimismo, muy recomendable.

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