viernes, 8 de diciembre de 2017

Archipiélago Gulag. Libro 1, Alexandr Solzhenitsyn


            Final de mi Año Ruso, con apoteosis y fanfarria. He debido hacer malabares para poder conseguir esta ya agotada edición en tres volúmenes, puesto que ninguna librería local poseía más que alguno de ellos –casi siempre los mismos-. Debido a su extensión de más de dos mil páginas y la importancia de la obra en cuestión, presentaré su contenido en sendas reseñas. Ojalá que las líneas que siguen estén a la altura del titánico esfuerzo que significó no sólo su lectura sino los meses de búsqueda, desánimo, hallazgos fallidos y finalmente el éxito tan ansiado, frutos del tesón y del empeño, propios de la naturaleza obsesiva de quien escribe.

            Para comenzar, es necesaria una aclaración. Este libro no es una novela; es un ensayo minucioso sobre el accionar del gobierno soviético y de su policía política -con su red carcelaria clandestina- a lo largo de un período que abarca el ascenso de los bolcheviques hasta la caída de Jruschev, y más aún.

            Este primer volumen se divide en dos partes, con sugestivos títulos. La Primera Parte, La industria penitenciaria, detalla en una docena de capítulos los pormenores de los motivos de arresto; la existencia de riadas, es decir, de detenciones masivas de opositores o sospechosos contrarrevolucionarios de cualquier índole; el destino inmediato de los detenidos en las cárceles en espera del sumario, y la instrucción del mismo; los encargados de las detenciones y las características de las celdas; los mecanismos de la ley y la composición del famoso Artículo 58 –por cuya interpretación podía ser denunciado y condenado cualquier mortal-; el comportamiento de los jueces; la vida en la cárcel; el trato brindado a los que regresaron tras la IIGM; las sentencias, los tribunales y el régimen penal.

            Lo más destacado de esta parte se encuentra en el trato dado a los detenidos: la tortura como medio extendido para sonsacar información, las condiciones infrahumanas a las que eran sometidos –que, comparadas con las de la época zarista, éstas eran lujosas-, los apremios y despojos de que eran objeto en las celdas, el sometimiento al hambre y a los trabajos forzados a que eran destinados. También se acompaña de una investigación documental sobre los distintos procesos judiciales que tuvieron lugar en el período, que fortalecen la narración.

            La Segunda Parte, Perpetuum mobile, se ocupa, en cuatro capítulos, de la composición y traslados al supuesto Archipiélago que, a estas alturas, ya sólo resulta un eufemismo. Al inicio, expone las características de los traslados a través de vagones con zeks (reclusos políticos) y delincuentes comunes hacia las prisiones de tránsito, en las que los detenidos pasaban un cierto período para ponerse en marcha nuevamente hacia otro destino, transitorio o definitivo. Luego, narra la vida en estas prisiones y cómo se podían cambiar plazos de reclusión o de destino mediante sobornos; cómo eran ‘comprados’ como esclavos y tratados como tales; los traslados en barco hacia Magadán, capital de Kolymá, en Siberia y, por último, las ventajas en la vida y la alimentación de los presos con destino especial –científicos en su mayoría-.

            Rescato de esta parte el traslado continuo al que alude el título, en vagones hacinados, con carencia de agua; la exposición al saqueo de los centinelas y a las inclemencias climáticas extremas, la escasez de víveres en general y el destino a una muerte segura ya fuese en tareas extractivas o de infraestructura. En las antípodas se encuentra el tratamiento brindado a aquellos que, formados en ciencias duras, podían tener un pasar mucho más acomodado –sin ser brillante, tampoco-, con celdas más espaciosas y una alimentación más acorde, por el solo hecho de poner a disposición del Estado soviético sus conocimientos en aras de alcanzar un grado de desarrollo nuclear competitivo con la emergente potencia mundial de la Gran Guerra Patria -los E.E.U.U.-, quienes ya habían hecho conocer al mundo su poderío, tras arrojar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

            Todo el libro es un relato testimonial de cómo el hombre común podía caer en las garras de un sistema totalitario, tan hegemónico como opresivo, sin lugar a la disidencia ni al fracaso –para esto, basta con leer acerca del trato recibido por los soldados que habían caído prisioneros de los alemanes, al concluir la guerra-. Si mucho se ha escrito sobre la Shoá, a través de los recuerdos de quienes tuvieron la dicha de sobrevivir a los campos de concentración nazis y su estela de muerte, Solzhenitsyn nos revela la trastienda del triunfalismo stalinista, con sus millones de muertos y desterrados, que no van a la zaga de su oponente teutón, si no más bien al contrario, se funde con él. Una acabada muestra de lo que el poder omnímodo puede deparar a sus ciudadanos cuando se ausentan los resortes legales que limitan y controlan ese poder.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Burlarse de la propia herida. Mil cretinos, Quim Monzó


Anagrama, 2008

         ¿Qué ocurre con nuestra perspectiva de la vida futura, a medida que nos vamos poniendo grandes? La pérdida de seres queridos, con quienes hemos transitado parte significativa de la vida, siempre entraña el desafío de proseguir sin ellos, por más que el dolor nos agobie en lo inmediato. La literatura ha encarado de diversas formas ese momento, o su paso previo: el (notorio) deterioro de aquellos que se acercan a abandonar este mundo. Sin ir muy lejos, encontramos un texto clásico sobre el dolor: Una pena en observación, de C. S. Lewis. También J. Banville algo nos ha expresado en El mar y, como si fuera poco, J. Barnes se sincera ante la muerte de Pam, su esposa, en Niveles de vida. Sin embargo, pocos autores echan una mirada ácida de la realidad -propia y ajena- que conlleva el envejecimiento humano. Éste es el caso.

         Un hijo que visita a su padre en un geriátrico, mientras lo ayuda a travestirse; un hombre que acepta el matrimonio con una mujer a la que no ama porque le anuncian que se va a morir en breve; una mujer madura que se deshace de todo lo que es de su marido porque descubre un engaño y sendas situaciones complicadas de aquellos hijos que tienen que hacer frente a uno o ambos padres en institutos para mayores, ocupan la primer parte del texto. La segunda la componen relatos cortos que abrevan en circunstancias extremas: la Virgen María negándose a engendrar a Jesús; un maestro que le pide compostura y modales a un alumno que se desangra, una mujer que regala a su marido cosas que son de su gusto y no el de él y otras tantas historias semejantes.


Monzó visitando la laguna de Chascomús, Pcia. de Buenos Aires, Argentina

          En esta colección de cuentos hay una burla cáustica, hiriente, que sobrevuela por encima de la realidad de los personajes, que se debaten entre obrar como la moral indica y la sociedad postula y el sentir verdadero de quien, expuesto a tener que tomar decisiones angustiosas, debe reprimir cualquier atisbo de renuncia y desconsideración.

          En un estilo directo y parco, Monzó despliega escenas donde aparecen con frecuencia la vejez, la muerte, el miedo, el desamor, la soledad, todos tomados con ironía y cierta dosis de sarcasmo, como si las heridas que provoca el dolor, cualquiera sea su naturaleza, pudieran ser soslayadas o conjuradas con una burla cruel e irreverente. Una mirada descarnada e irrespetuosa con temas con los que no se suelen hacer bromas.

martes, 28 de noviembre de 2017

La obsesión de un pedófilo. Lolita, Vladimir Nabokov


RBA, 1993

          Transitando el final de viaje de mi Año Ruso no podía –ni quería- dejar fuera de esta épica a Nabokov, sobre todo en su obra más renombrada. Había otras obras suyas por las que hacer opción, pero preferí encarar aquello que ha sido considerado una revolución en las letras. Aparecida en 1955, supuso un cambio de paradigma acerca de las relaciones entre niños y adultos, pues exponía situaciones que hasta ese momento sólo se murmuraban en voz baja.

            La historia comienza con un prefacio de John Ray Jr., quien ha recibido un manuscrito de un tal Humbert Humbert, un profesor europeo de treinta y siete años a la sazón, quien recala en Ramsdale, E.E.U.U., en 1947, y renta una habitación a la viuda Charlotte Haze, sólo después de haber visto a su seductora hija de doce años, Dolores (Lolita), de quien queda prendado.

            Para mantenerse cerca de la niña, Humbert decide casarse con Charlotte, aún sin sentir amor. Ésta descubre el diario de aquél –donde apunta su obsesión por Lolita- y, en su despecho de mujer engañada, saldrá precipitadamente de su casa, muriendo atropellada por un auto. El ahora padre legal irá en busca de su hija a un campamento veraniego para comunicar la noticia y, luego de que Dolores confiese su inicio sexual con el hijo de la organizadora, consumarán su relación pedófila.

            Tras dos años de relaciones y de viaje por E.E.U.U. en automóvil, Lolita se fuga con Clare Quilty, un dramaturgo con quien se ha puesto de acuerdo previamente. Algún tiempo después, los avatares de la vida la fuerzan a escribirle a Humbert solicitándole dinero para trasladarse con su marido, Richard Schiller, a Alaska, donde éste ha conseguido un buen empleo. Está embarazada y son pobres. Humbert la visita y, a cambio del dinero, le pide el nombre del hombre con quien se fugó. Una vez obtenido, decide asesinarlo.

           Nabokov relata esta perversión entre un adulto y una púber desde la persona de Humbert; su estilo es descarnado aunque movido por la pasión que el protagonista siente por su nínfula. El lector asiste al carácter enfermizo del vínculo, puesto que el coqueteo propio de Lolita –que le otorga poder sobre Humbert- sucumbe ante la necesidad de éste de poseerla, con el consiguiente deterioro moral del que, al menos Humbert, es plenamente consciente. El autor bien se cuida de no caer en el intento de una apología; sólo refiere los hechos con cierta emoción.

            Rescato la composición psicológica de los personajes centrales, la fuerza narrativa del argumento central –novedoso para la época- y el estilo escogido. Lo único opaco es la violenta escena final, más propia de un grotesco o vodevil que de un adecuado cierre de novela. Un libro distinto, con mucho de sufrimiento y una pizca de escándalo.

             Párrafo aparte merecen las versiones de esta obra adaptadas a la pantalla grande. Existen dos: la primera es de Stanley Kubrick, de 1962, y la siguiente es de Adrian Lyne, de 1997. Las comparaciones son odiosas, pero puestos a opinar, las palmas se las lleva la de Kubrick.

jueves, 23 de noviembre de 2017

e-book 23. Viaje por el interior. La mujer es una isla, Auður Ava Ólafsdóttir


Alfaguara, 2012

‘No eres capaz de amar a alguien si no eres autosuficiente.’
I.

            El aparente éxito de una obra publicada posteriormente disparó el boom de esta autora de origen islandés. Tomando como punto de partida una frase adjudicada a John Donne: ‘Ningún hombre es una isla’, con la que abre el libro, Ólafsdóttir compone una historia donde el viaje alrededor de Islandia, una isla cuya ruta nacional es un camino de circunvalación a su alrededor, acompaña al viaje que realiza su protagonista hacia su propio interior.

II.

          Debe ser difícil para quien transita la treintena, tiene una profesión redituable y un pasar sin sobresaltos junto a un amante marido, recibir de éste la noticia de que ha de ser padre de una criatura con otra mujer –por lo que solicita el divorcio- y, a la vez, asumir el encargo de su mejor amiga que cuide por tiempo indeterminado de su sordo hijo de cuatro años, con evidentes limitaciones para la comunicación con los demás. Menudo desafío…

III.

           Lo sorprendente de la novela es la decisión de la protagonista: tomarse unas adeudadas vacaciones en esa tierra en pleno Noviembre –de frío glaciar, cuando no de lluvia persistente-, junto al pequeño discapacitado. Si bien ha tenido la fortuna de ganar –literalmente- la lotería y, con ello, la propiedad de un bungaló en el otro extremo de la isla, encara la aventura de ser novel propietaria como una oportunidad para el redescubrimiento de sí misma, acompañada de una serie de situaciones y relaciones ocasionales que consolidarán esa necesidad de libertad que clama su protagonista.

Testimonio del e-book

IV.

            Con una prosa amena y coloquial, Ólafsdóttir construye una novela que combina un renacimiento con una suerte de road movie. Personalmente, la protagonista me ha resultado algo fría, demasiado racional e inanimada, pero sus reflexiones no dejan de ser interesantes y su apropiación del rol adulto ante un niño con problemas –algo impensado para ella, tan elusiva a la hora del compromiso- compensan esa falta de calor personal.

V.

            Por último, agradezco a Ana Blasfuemia que me hizo llegar el ejemplar digital hace algún tiempo, y a Norah Bennett que lo recomendó. Sus apreciaciones podéis encontrarlas aquí.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Tríptico Oriente u Occidente. Infancia mágica. 3. Yo, Kótik Letáiev, Andréi Bieli


Nevsky Prospects, 2010

           Una de las obsesiones de la intelectualidad rusa del siglo XIX era el debate acerca de si Rusia era una nación europea o asiática. Dostoievski supo resumir el dilema en esta frase:

‘En Europa somos segundones y esclavos, pero en Asia somos los amos. En Europa somos tártaros, pero en Asia también somos europeos.’

            Esta disyuntiva fue la que inspiró el trabajo del autor.

          Este último volumen del tríptico que Bieli nos propone tiene un carácter más personal e intimista que los anteriores, más ecuménicos. El protagonista –una suerte de alter ego de Bieli- intenta bucear en la prístina memoria personal para rescatar elementos de su propia infancia y del entorno familiar y social que lo rodeaba.

            En su derrotero, que abarca los primeros años de vida, comienza como si la mente pudiera evocar estados de conciencia desde el nacimiento, llegando a la apropiación del Yo y a la diferenciación de los otros. Para ello, se vale de lo que la imaginación infantil puede crear en base a sombras, sospechas, miedos niños y otras fantasías de origen irracional, propias del inconsciente. Luego, da paso a la asunción de significado de elementos cotidianos: las habitaciones, las personas. Por último, refleja las impresiones que un niño de cinco años posee a la hora de representar el mundo circundante.

            En sí, el libro alude a una infancia mágica, plena de escenas familiares donde un padre matemático –que encarna la filosofía occidental- y una madre, de origen asiático, de singular belleza se erigen como los acompañantes centrales del protagonista, junto a un puñado de allegados –la criada, las institutrices, los amigos, etc.- con los que ese Kótik –gatito, en ruso; apodo que su madre destinó al propio Bieli- va haciendo sus primeras experiencias de vida.

         Ambientada en la Rusia zarista, repartida entre San Petersburgo y Kasianovo, Bieli ofrece una singular mirada de cómo un individuo asume su toma de conciencia a partir de los opuestos que aportan sus progenitores. Con una prosa precisa aunque algo fragmentada, el autor construye, en una espiral expansiva, una obra personal que abreva en la psicología y en la historia social.

            Finalmente, las tres novelas que componen este tríptico enfocan distintos aspectos de esa conjunción euroasiática que ha hecho de Rusia y su gente un conglomerado plurinacional con identidad propia. Una obra literaria necesaria para comprender mejor la historia rusa.

Testimonio del Tríptico

lunes, 13 de noviembre de 2017

Víctimas de la intolerancia. Los peces de la amargura, Fernando Aramburu


Tusquets, 2008

‘Era, cómo les explicaría yo…, una mezcla de desánimo y compasión al ver que existen personas convencidas de que, para formar el país de sus sueños, por fuerza hay que causar dolor al prójimo.’

I.

            Comienzo con toda una definición. Creo que, a esta altura, todos conocen la postura de Fernando Aramburu respecto del accionar de ETA en el País Vasco, y la estela de sangre que, durante años, tiñó la vida cotidiana de sus vecinos. Me pareció más que oportuno rescatar esta serie de relatos cuando, a la distancia geográfica que me separa de la Madre Patria, sigo sin poder comprender el sinsentido del enfrentamiento entre catalanes y españoles. ¿Es que no han tenido suficiente con la Guerra Civil o con la lucha etarra de emancipación?

II.

            Este libro de Aramburu recoge el sentir de aquellos que vivieron en carne propia el accionar de ETA, desde las víctimas directas de la intolerancia etarra, pasando por las madres de los gudari –combatientes de la causa vasca- y las familias amenazadas, sin apartar a los signados como soplones de aquella –aún sin serlo-, ni a los vecinos de los atentados.

III.

          Esa atmósfera cargada de presagios nefastos, de convivencia con el padecimiento y el sufrir de todos los que han tenido que sobrellevar su propia vida tras verse involucrados en los golpes, son la parte destacada y constitutiva de la prosa de Aramburu, que tampoco elude los trastornos psicológicos a los que han tenido que hacer frente las víctimas, sus familiares y allegados.

IV.

            Con estilo directo, diálogos bien provocados y una mirada punzante y crítica sobre las distintas instancias y repercusiones de los hechos, el autor describe magníficamente el sentir de propios y ajenos. El lector percibe desde el principio la finalidad de tamaña denuncia: que dejemos atrás nuestras diferencias y las discutamos y consensuemos civilizadamente. La violencia no despierta empatía, ni es el vehículo adecuado para el reconocimiento de derechos conculcados a los habitantes de una región, por más que se esté de acuerdo con el reclamo.

V.

          Si la literatura pudiera servir como medio de expresión para quien se ha puesto decididamente a favor de la vida –propia y de sus semejantes-, seguramente los textos de Aramburu que tienen relación con la violencia política lo ponen en la vidriera de los escritores más comprometidos. Un libro necesario, sin golpes bajos.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Tríptico Oriente u Occidente. Vientos de cambio. 2. Petersburgo, Andréi Biely

Akal, 2009

         Al parecer, nadie había recalado en esta novela hasta que V. Nabokov la incluyó entre las cuatro más representativas del siglo XX -a su criterio-, acompañada nada menos que del Ulises (Joyce), Metamorfosis (Kafka) y la primera mitad de En busca del tiempo perdido (Proust).

         Y es verdaderamente descomunal. Primero, deseo prevenir al lector interesado. Existen dos traducciones en el mercado, que responden a sendas versiones. La primera fue publicada durante 1913 – 1914, mucho más extensa. Luego, el autor recortó su propio trabajo para hacerlo más dinámico, con lo cual la obra se volvió más inteligible, a costa de perder vuelo literario. La presente, de más de setecientas páginas, obedece a la inicial. Para comparar, utilicé una versión digital de la segunda (bajo el sello de Alfaguara)… y no hay atisbo de comparación.

         La novela se ambienta en San Petersburgo alrededor de 1905 y abarca algunos meses del mismo. Biely coloca a sus personajes en un período de efervescencia política. El argumento es bastante simple: Apolón Apolónovich Ableújov es un funcionario de la autocracia zarista, responsable de hacer llegar a los confines del Imperio sus decretos y, por esa razón, un hombre impopular. Con algo más de sesenta años de edad, cuenta con un único hijo en la veintena, Nikolái, con quien mantiene escaso diálogo y sospecha que es un opositor político. Su esposa, Sofía Petrovna, lo abandonó tres años atrás para vivir un romance con un artista italiano. Nikolái, un introvertido estudiante kantiano, debido a una promesa formulada en un arrebato pasional recibe un encargo difícil: debe hacer estallar una bomba en los aposentos de su padre.

            En rigor, es una novela poliédrica. Desde el punto de vista literario, hay una realidad dialéctica que opone al hijo contra el padre (recuerda al Turguéniev de Padres e hijos y al binomio Bloom/Dedalus del Ulises); al orden zarista contra el caos revolucionario; a la ciudad contra las islas aledañas; a la geometría contra la niebla y esa linealidad de la avenida Nevsky –propia de una construcción occidental- con el acontecer zigzagueante de sus habitantes, que asumen una protección fetiche a través de la estatua de Pedro I el Grande –El jinete de bronce, según Pushkin-.

            Además, el entorno pantanoso de la geografía, con sus vapores mefíticos, es el caldo de cultivo de percepciones oníricas donde los objetos se corporizan y despiertan fantasías en las mentes de sus protagonistas. El trasfondo social –de lucha colectiva y reivindicación- subyace en toda la obra, con una atmósfera de muerte que refleja el final de un ciclo y el despertar de otro. Son esos vientos de cambio los que soplan a lo largo de las páginas. La necesidad de dar una respuesta a los oprimidos, alcanzar una cuota mayor de bienestar y adentrarse en el capitalismo en el que las otras potencias europeas ya habían ingresado.

            Con cierta dosis de ironía, misticismo –ya presente en el trabajo anterior-, crítica social y esperanza de renovación, Biely construye una obra que lo excede; a nivel de lo mejor escrito en el siglo XX. Fluido aunque algo enrevesado, con repeticiones que podrían haberse evitado, el libro se disfruta mucho. Para leer con tiempo y sin prisas.