martes, 19 de marzo de 2019

Al límite. Calles y otros relatos, Stephen Dixon


Eterna Cadencia, 2014


I.

            Fueron varios los libros aparecidos de este autor bajo un mismo sello editorial. Parece ser fruto de una recomendación que Rodrigo Fresán –autor del prólogo- hiciera a sus amigos y que Eduardo Berti, en virtud de ello, realizara una selección de trabajos que, en definitiva, componen el presente volumen, a partir de sendos títulos del autor.

II.

            Dixon se especializa en mostrarnos cómo una situación completamente cotidiana y vulgar puede degenerar en otra totalmente distinta y asaz violenta, cuando no absurda o surrealista. Un hombre con ciertas limitaciones y dificultades de relación plantea cuestiones que no pueden invalidarse por su naturaleza; una historia contada desde diversas posibilidades alumbra distintos aspectos de esa relación; una carta que cambia su contenido cada vez que es leída, o las diversas miradas acerca de un hombre al que deben amputarle una pierna, entre otros, son parte de relatos que combinan, violencia, desidia, incredulidad, heroísmo y una cuota de sarcasmo unida a grotescos que arrancas sonrisas.

III.

            Además, exhibe en un puñado de circunstancias la carnalidad de nuestra esencia humana, el lado primitivo y animal, la naturaleza agresiva, el costado menos amable y más censurable de nuestras decisiones, o de nuestras indecisiones –varias, a lo largo de los relatos-. Los vínculos quedan al desnudo; no hay escondite posible para actos brutales e insensibles, como para los tiernos y emotivos. En su paleta desfilan hombres comunes, con ropajes de héroes o villanos.

IV.

            Con una pluma ágil y escenas bien construidas, Dixon repasa nuestra toma de decisiones en situaciones que se hallan al límite de lo correcto, sin importar la mirada prejuiciosa de la sociedad ni de sus cánones de corrección política y social. Parece decirnos ‘también somos esto; mirad’. Y lo hace de manera brillante, con humor e ironía.

V.

            Finalmente, con un texto ameno, acompañado de un prólogo que conviene saltear, para encarar una vez concluida la lectura, la selección de relatos resulta una bocanada de aire fresco en medio de un streaming editorial más abocado a otras propuestas, de mayor actualidad aunque quizás menos profundas. Un libro de bienvenida al universo del autor.

jueves, 14 de marzo de 2019

Lengua materna. Los palimpsestos, Aleksandra Lun


Minúscula, 2015

I.

            Es harto difícil hallar dentro de las novedades literarias algo tan poco rentable como una novela burlona y desopilante; más, cuando el streaming se inclina a publicar creaciones que abordan cuestiones de género, aborto y otros temas de actualidad. Sin embargo, esta casa editora decidió enfrentarse a todo ello, incluyendo el formato –que no mide más de 15 x 10 cm-.

II.

            Aquí, Lun despliega todo su oficio de traductora políglota, ofreciendo una novela breve que combina una gran dosis de humor, sorna e inteligencia por igual. En ella, Czesław Przęśnicki, un inmigrante de origen polaco que ha escrito en lengua antártica su primer gran fracaso, se encuentra internado en un manicomio en la ciudad de Lieja, Bélgica, para curarse de escribir en lengua extranjera y volver a hacerlo en su propio idioma materno. Para ello, le aplican una terapia bartlebiana –desarrollada por el doctor Pasavento- que consiste en hacerle olvidar la lengua en que concibió sus libros.

III.

            Para que el tratamiento sea eficaz, el protagonista comparte su habitación con el padre Kalinowski, quien padece insomnio, reza continuamente por Przęśnicki, es obseso de la bicicleta fija y devoto de la imagen de Karol Wojtyla –Juan Pablo II-, en una suerte de sinergia polaca. Pero eso no es todo. A medida que transcurren las sesiones en el despacho de la doctora, hacen su aparición nada menos que Joseph Conrad, Vladimir Nabokov, Samuel Beckett, Karen Blixen, Eugene Ionesco, Agota Kristof, todos pacientes del manicomio –y autores que han escrito sus obras en idioma adoptado- que alientan a Przęśnicki a que continúe su segunda obra.

IV.

            Con estilo directo, haciendo gala de un humor socarrón no exento de autocrítica –la autora es polaca pero ha escrito el libro en español-, Lun nos hace reflexionar sobre el por qué escribir en otro idioma; si autores tan afamados lo hubieran sido de haber escrito en lengua materna; cuáles son los costos personales al tener que adaptarse a una lengua foránea y las limitaciones que esto impone al escritor.

V.

            Podría haber sido material para un ensayo. En cambio, Lun encontró una expresión mucho más lúdica y juguetona para plantear las mismas preguntas y, de paso, hacerlas más llevaderas, con un material que arranca sonrisas y carcajadas. Algo totalmente distinto, que vale la pena leer. Más, porque se lee de un sentón y deja una sensación final muy grata.

sábado, 9 de marzo de 2019

e-book 40. Capucha. Cuatro por cuatro, Sara Mesa


Anagrama, 2012

I.

            Apenas concluí esta lectura, intenté conseguir el libro ganador del Premio Herralde de ese año. Si esta pequeña maravilla sólo alcanzó a ser finalista, no quería pensar cómo sería aquélla que se hizo del galardón, por más que muchas de las premiaciones estén salpicadas de otros condimentos extraliterarios. No lo pude encontrar, porque el título jamás llegó. Llamativo.

II.

            La novela se compone de dos partes. En la primera, asistimos al Wybrany College, un colegio de élite, aislado de la ciudad más próxima, cuyo alumnado está compuesto por los Normales –hijos de clase rica- y los Especiales –hijos de los empleados, que nunca podrían asistir si no fueran becados-. Y lo hacemos a través de la mirada de dos marginales: Celia, una alumna tan lista como díscola, e Ignacio, un joven de cierta cojera que es objeto de burlas y malos tratos. La segunda, es un diario que un profesor sustituto escribe desde su llegada al colegio.

III.

            En la aparente fachada de convivencia normal entre autoridades, comunidad educativa y alumnos, poco a poco se van filtrando vínculos y acciones que sugieren otra realidad existente, sórdida, abusiva y enferma, que mantiene a los personajes en continua tensión, creando una atmósfera de sospecha. Como nadie puede enfrentarla sin correr serios riesgos, todos se vuelcan hacia el silencio. Es que, cuando los derechos humanos son conculcados, lo más fácil es mirar para otro lado.
La versión digital, gentileza de Ana Blasfuemia
IV.

            Mesa desnuda cómo una situación horrorosa puede existir con la complicidad tácita de quienes, conociéndola, deciden callar o participar en ella. También expone que siempre son los pobres, desclasados, las víctimas de los poderosos, que se mueven con la impunidad que les otorga ese mismo poder. Los demás, viven en un compartimiento estanco, un mundo de escasa comunicación y medias palabras. Destaco la arquitectura elegida, que permite desde el inicio ir aumentando progresivamente la tensión; el estilo narrativo, directo y frontal, y la composición psicológica de los personajes, que perciben algo de lo que subyace aunque sin certezas. Como si todos ellos asistieran a una gran farsa, bajo una capucha que les impide ver con claridad.

V.

            Una aclaración final. Capucha ha sido el salón principal del Centro Clandestino de Detención (CCD) ubicado en la Escuela de Mecánica de la Armada de la ciudad de Buenos Aires durante la última dictadura militar. Por ella desfilaron cientos de los que hoy llamamos eufemísticamente desaparecidos, de quienes no hemos recobrado cuerpos ni historia. Tiene su origen en que a los secuestrados se los maniataba y se les colocaba un antifaz o una bolsa de arpillera sobre su cabeza –se los tabicaba-, de manera que no pudieran identificar a sus secuestradores y torturadores y estuvieran a su merced. Este libro ha bordeado cierta similitud con el dolor de nuestra historia. Una gran novela, sin duda.

lunes, 4 de marzo de 2019

Corporaciones e Imperialismo. Soñando la guerra, Gore Vidal


Anagrama, 2003

I.

            Decidí poner rumbo al ensayo tras muchos libros de ficción, de manera de no saturarme y, por otro lado, hacer armas en un género que frecuento extremadamente poco. Encontré este título por casualidad; lo tenía esperando su ocasión desde hace varios años y observé, no sin sorpresa, que se hallaba vinculado a otros que había seleccionado para el presente año.

II.

            Quizás el autor haya sido, como él mismo lo expresa, el último republicano de E.E.U.U. Esta mezcla de escritor, periodista y político norteamericano destinó gran parte de su vida a esclarecer al pueblo a través de novelas, ensayos e investigaciones históricas, con el fin de que el ciudadano común acceda a los entretelones del poder político y económico de esa nación.

III.

            El breve libro recopila diez artículos escritos por Gore Vidal en diversos medios locales entre 1992 y 2003. En todos ellos critica la pérdida de la Vieja República tras la sanción de la Ley de Seguridad Nacional, de 1950, cuando la representación del pueblo pasó a manos de las corporaciones –empresas de defensa, bancos y compañías de seguro-, de manera que el Parlamento les garantizara pingües beneficios dentro y fuera de sus fronteras, sin importar el incremento de la deuda pública y la carga impositiva necesarias para hacer frente a ese esfuerzo.

IV.

            En principio, menciona las acciones de la CIA cometidas en Chile para eliminar al presidente Allende; repasa el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, cuyo único error táctico fue intentar cobrarle un mínimo impuesto a la mayor empresa instalada en su territorio: United Fruit. Pero lo prodigioso se resume en el trabajo central, sobre los atentados a las Torres Gemelas en setiembre de 2001. Denuncia que el gobierno de Bush estaba al tanto de los posibles atentados, y los dejaron correr, así tenían motivo para atacar Afganistán que, con la excusa de la búsqueda de Bin Laden –supuesto responsable de los mismos- procedieron a domesticar a los díscolos talibanes que impedían la construcción de un oleoducto sobre el Mar Caspio, en los que ¡oh, casualidad!, estaba interesada la empresa Unocal, perteneciente al monopolio del petróleo manejado por Cheney… y el propio Bush.

V.

            Con una prosa amena, directa, sin ambages, Vidal desnuda el imperialismo de su país, al que culpa de haber generado la mayor deuda pública de todo el mundo, haberse entrometido en la política de otros países sólo para defender sus intereses y valerse de los medios de comunicación de masas para desinformar a la población, que será quien deba pagar los gastos con sus impuestos. Un libro colosal e irrepetible.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Soliloquios. Prosas apátridas, Julio Ramón Ribeyro


Seix Barral, 2007

             Fue primero un programa de TV el que rescató la obra de Ribeyro un año ha. Luego, a principios del presente, una librera amiga me lo señaló. Pero fue el rescatador de olvidados Paco Castillo quien lo puso sobre el tapete luego de su viaje por los andes peruanos. No pude dejar de ceder a la tentación, y aquí está.

            Ribeyro mismo dijo que lo titulaba de esta manera porque su contenido no podría ser incluido en ningún género, y temía que el material que lo compone quedara fuera del conocimiento del lector. Así, en una suerte de compilación de diversos textos de la más variada índole, soliloquios que van desde el aforismo hasta el diario personal, nos participa de los temas por donde discurren sus pensamientos y sentires.
      
            Este libro contiene, entre sus muchos matices, impresiones,

‘Un toro negro a la sombra de un olivo. Praderas de melones rampantes. Poca vid. Naranjas a pérdida de vista. Montículos de olivares. Un tunar extraviado. Cabras sedientas. Poco agua. Pobreza. Planicies de girasoles secos. Una vieja enlutada cavando la tierra bajo el sol. Gitanos andarines. Andalucía.’

            También observaciones finísimas,

‘Las turistas norteamericanas del ómnibus: viejas y arrugadas. Pero arrugadas de una manera diferente a como se arrugan las mujeres por otras latitudes. Se habían arrugado en el confort y la bonanza. Los surcos de su cara eran el fruto de gestos placenteros, jubilosos y hartos, repetidos hasta el infinito, hasta haberles impreso la máscara de una vejez sin grandeza, la vejez de la satisfacción.’

            Algunas sagaces reflexiones,

‘¿Por qué nos aflige tanto la muerte de un niño? ¿No es acaso lo mismo morir a los ocho años que a los treinta o a los cincuenta? No, porque con los niños muere un proyecto, una posibilidad, mientras que con los adultos muere algo ya consumado. La muerte de un niño es un despilfarro de la naturaleza, la de un adulto el precio que se paga por un bien que se disfrutó.’

            Y meditaciones personales,

‘Hay veces en las cuales la taberna tiene un aire siniestro y entonces las noches se cubren de una irremediable tristeza. En el mostrador los borrachines y putillas de costumbre. La sala del fondo casi desierta: una pareja abrazada, una vieja tomando un agua mineral, un tecnócrata discutiendo con un burócrata. Yo y mi gigondas en un rincón, mirando, esperando. ¿Esperando qué? Eso, el milagro, un azar, un encuentro, un soplo de misterio o de poesía. Pero nada. A la tercera copa apago mi cigarrillo y me voy, no vencido, sino avergonzado por haber creído que aún cabe aguardar en este mundo trivial la irrupción de lo maravilloso.’

            Dueño de una pluma exquisita y un ritmo ágil no exento de profundidad, Ribeyro desgrana en dos cientos de párrafos gran parte de su mundo interior, su vida en París o en Miraflores, su familia, su profesión. Y da rienda suelta a sus cavilaciones, sus temores, sus –pocas- certezas. Un libro entrañable, sin desperdicio. De esos que iluminan cualquier mesilla de noche, siempre al alcance de la mano, para meditar una y otra vez. Una maravilla.

viernes, 22 de febrero de 2019

Novelas de Stefan Zweig. 2. El candelabro enterrado, Stefan Zweig


Acantilado, 2012

I.

            Prosiguiendo con la propuesta anual, en esta ocasión me incliné por este título pues contaba con algo de tiempo y su extensión lo permitía. En verdad, insumí menor tiempo del pensado por lo atrapante del texto, una nouvelle de matiz histórico. Supe de mi acertada elección cuando leí el siguiente párrafo,

Pregunta, hijo. Pregunta con valentía todo cuanto desees. Yo te responderé. Peor es para los hombres no saber que preguntar. Sólo aquel que ha preguntado mucho, puede comprender mucho. Y sólo aquel que mucho comprende hace justicia.’

II.

            La historia comienza en el año 455 d.C. Mientras se desarrolla un espectáculo dentro del Coliseo romano, el emperador Máximo es notificado de la invasión vándala. Sin tropas disponibles para la defensa, la capitulación es total y la ciudad es saqueada y pillada. Dos semanas después, cuando los vándalos se retiran, en el botín se encuentra el candelabro de oro de Moisés, la menorah del antiguo Templo de Jerusalén, destruido por Tito años antes. La comunidad judía del lugar se inquieta: mientras estaba depositado en las arcas del Tesoro romano, se hallaba a resguardo, pero ahora quién sabe cuál será su destino. Así, los ancianos deciden seguir el candelabro hasta el puerto, en procura de que un milagro les devuelva el objeto sagrado. Para que quede testimonio de la peregrinación, uno de ellos levanta de su camastro a su nieto de siete años, Benjamín, quien habrá de acompañarlos. En un arrebato infantil, Benjamín intenta llevárselo, pero no solo falla sino que, por ello, se rompe el brazo, quedando tullido de por vida.

III.

            Ochenta años después, el general Belisario, a las órdenes de Justiniano I, invade a los vándalos y restituye los objetos saqueados a Roma –entre ellos, el famoso candelabro-, al emperador, sito en Constantinopla –la antigua Bizancio-. Cuando la noticia llega a la grey judía en Roma, Benjamín interpreta cuál ha sido el motivo de su longeva vida: ir al rescate de la menorah.  Tras peripecias varias, su misión concluye, no sin antes tomar una decisión: mientras exista la codicia entre los hombres, el objeto no estará seguro en ningún lado; por eso decide enterrarlo. Con el convencimiento de que, una vez reconstruido el Templo en Jerusalén, seguramente el candelabro hallará la manera de volver a su casa.

IV.

            El texto combina elementos de leyenda judía, conocimiento de los rituales y una minuciosa observación de los instintos del género humano, con lecciones de sabiduría y humanidad. En este aspecto, al estilo poético personal, Zweig le añade reflexiones sobre la misión que cada uno tiene en esta vida, que debe descubrir por sí mismo. Un compromiso de vida para con los demás.

domingo, 17 de febrero de 2019

e-book 39. Documento de identidad. La maleta, Sergéi Dovlátov


RBA, 2012

I.

            Debe ser una suerte de energía oscura la que, por momentos, confluye hacia una única lectura. Primero, fue una vasca llamada Katixa quien, habiendo descubierto al ruso, se aficionó a sus letras durante el 2017 y lo propaló a los cuatro vientos. Luego, fue la aparición –con escasa promoción local- del biopic de apellido homónimo, que tuve la fortuna de ver. Tras ello, a un pájaro verde se le dio por leer este título y allegarnos su opinión y, por último, una de mis libreras amigas, Nat, me confesó a principios de enero cuántas ganas tenía de leer este libro, ausente en el país –por lo que me hice de esta versión digital-. Acaso, ¿necesitaba más señales?

II.

            Había visitado las letras de Dovlátov durante mi Año Ruso -aunque con un trabajo de menor repercusión que éste, sólo porque era uno de los dos títulos disponibles en ese momento-, quedándome la sensación de que este ruso disidente en algo continuaba aquella mezcla de ironía y sarcasmo con las que se burlaba de la burocracia soviética Bohumil Hrabal. Con el presente, no albergo dudas de que es un digno sucesor.

III.

             Dovlátov desgrana en poco más de un ciento de páginas su documento de identidad. Y lo hace a través de los objetos que ocuparon su maleta al momento de emigrar. Podía llevarse hasta tres de ellas, pero siempre con elementos permitidos… De todo el resto se tuvo que deshacer; bien dejándolos a amigos o consiguiendo un canal alternativo para sacarlos del país.

La versión digital -misma traducción, otra portada-, gentileza de Epublibre

IV.

            Los seis o siete escasos elementos –un par de guantes, un traje, una chaqueta gastada, un gorro, unos calcetines, etc.- son asociados a instantes de su vida en la URSS, que aprovecha no solo para revelarnos la historia de su origen sino también para mostrar la vida de aquellos que intentaban abrirse un camino independiente en medio de un sistema tan opresivo como uniforme. Así, no elude las raterías que los ciudadanos comunes ejercían sobre el Estado toda vez que podían –aún sin motivo o necesidad-; el apremio de las redacciones por hallar algo que les permitiera mantener el apoyo del Estado –es decir, sobrevivir-; el proverbial consumo de alcohol de sus habitantes y la propensión a hacer dinero fácil por medio del contrabando, entre otros.

V.

            Con un estilo directo, haciendo uso equilibrado de la ironía y la sorna, exponiéndose a sí mismo –con sus fortalezas y debilidades- y con un puñado de personas y personajes que lo acompañan muy bien delineados, Dovlátov compone un retrato de la Rusia en la que le tocó vivir, hasta que no quedó más que emigrar a E.E.U.U. Una novela tan brillante como testimonial.