jueves, 16 de febrero de 2017

Lazos virtuales. Apropiación indebida. Una novela sobre el amor, Lena Andersson


Alfaguara, 2015

I.

          El título refiere al Código de Derecho Privado de Suecia por el que cualquier persona que usurpare el derecho de otro a hacer uso de un bien propio o lo impidiere es reo de apropiación indebida. La autora lo extiende a aquellos que, con sus actos, generan dependencia en otro/s sin corresponder a las expectativas.

II.

            La ensayista Ester Nilsson es invitada a participar en una conferencia sobre el célebre artista local, Hugo Rask –algo mayor que ella-, quien estará presente. Al finalizar la misma, se conocen y Ester queda prendada del encanto de Rask. Después de idas y venidas consuman su relación, pero ésta no se consolida.

III.

            En toda la trama existen dos planos. La historia que sirve de vehículo para plantear el desamor, la no correspondencia entre uno que ama y el otro que se deja amar –un vínculo asimétrico-, y el planteo ético, con ribetes filosóficos, que tienen que ver con el cuestionamiento sobre la falta de honorabilidad de quien, sabiéndose en poder de la rendición ajena, no responde a los cánones como se espera.

IV.

            Hay párrafos que no tienen desperdicio, como el siguiente,

‘La fortaleza y la habilidad inspiran admiración, pero no amor. Lo que infunde amor es la fragilidad humana, las grietas que llevamos dentro. Pero la fragilidad por sí sola no basta, debe completarse con autonomía y una cierta capacidad de reflexión crítica sobre uno mismo. Las grietas despiertan ternura, pero tarde o temprano aquello que produce ternura acaba engendrando agresividad. La menesterosidad pura es, a causa de su impotencia, tan imposible de amar como la fuerza bruta.’

V.

            Andersson brinda a lo largo de algo más de doscientas páginas una mirada sobre los lazos virtuales que hacen que una persona quede a la espera de una respuesta adecuada a lo que ha sido para ella trascendente –v.g., relaciones sexuales de por medio- de parte de otra que vive mucho más el presente sin preguntarse acerca de lo que sus actos generan en los demás. Con una prosa fluida y aristas filosóficas que llaman al debate entre géneros, el libro fluye bien. No obstante, me pareció demasiado apegado al enfoque femenino.

VI.

        Coda anecdótica. Mi ex decía que todos aquellos que fueron pareja solían reaparecer cual fantasmas en el horizonte cuando se enteraban de que estabas sola. Los llamaba cadáveres insepultos. Toda una definición, ¿no?

sábado, 11 de febrero de 2017

Pentalogía Alexiévich. 3. Los innecesarios. Los muchachos de zinc, Svetlana Alexiévich


Debate, 2016

I.

            El primer período de la Guerra Civil de Afganistán cubre los años 1978 a 1992, donde el partido socialista en el poder, tras una revuelta de los islamitas, solicita socorro a su vecino aliado, la U.R.S.S. El Politburó, a cargo de Leonid Brezhnev, decide enviar efectivos en defensa del comunismo amenazado, en calidad de ‘soldados internacionalistas’. Abusando de la negligencia y el desconocimiento de la población y apelando a un mal entendido patriotismo, fueron enrolados y enviados al frente jóvenes bisoños. Más de quince mil de ellos perdieron la vida y muchos volvieron mutilados de las tierras afganas. Los cuerpos de los occisos –o partes de los mismos- fueron devueltos a cada familia en un ataúd de zinc sellado.

II.

            Fiel a su particular estilo, Alexiévich reúne en esta ocasión los testimonios no sólo de aquellos que pudieron regresar y contar las atrocidades cometidas y sufridas en Afganistán sino también el de las madres que recibían los cuerpos, dando así lugar a la expresión de dolor y repudio por la pérdida de vidas humanas en lo que hoy se considera una guerra inútil.

III.

            Es que, valiéndose de la figura y del culto al héroe, una cantidad ingente de jóvenes se vio en la disyuntiva de empuñar las armas en un país ajeno o ser tildado de cobarde y, por ello, expulsado del Partido –lo que equivalía a ser deportado de los escasos beneficios y de la vida social-. Así, muchos también incentivados por la buena paga o, simplemente, por adherir al comunismo, se alistaron voluntariamente, sin saber que eran conducidos a una muerte segura.

IV.

          El cuestionamiento sobre el rol ejercido por los soldados rusos que tomaron parte –a quienes llaman afganos- ha cambiado sustancialmente pocos años después, pasando de héroes y mártires, a asesinos, drogadictos y otros epítetos, puesto que aquél era un ejército de ocupación; no peleaba por su patria sino en nombre del sacrosanto comunismo. No por nada, el Politburó terminó considerando la decisión de brindar ayuda como un error, y endilgó a los sobrevivientes y muertos el estigma de criminales e innecesarios, para acallar las quejas del pueblo; más, a partir del retiro de las tropas y la derrota de lo que dio en llamarse el Vietnam ruso.

V.

       Algunos años más tarde, Alexiévich saca provecho de cuanto se le relata. Intenta esclarecer si la lucha y la guerra son parte del alma rusa. Ordena los testimonios en tres capítulos e incluye en forma de epílogo los juicios civiles que tuvo que enfrentar por la publicación de esta obra considerada literatura documental. En todos los casos, deja en claro que los responsables únicos de tamaño horror han sido las autoridades soviéticas, no los jóvenes ni sus familias, quienes no dejan de criticarle a la autora el renombre y los ingresos percibidos por este libro.

lunes, 6 de febrero de 2017

La otra realidad. La flor púrpura, Chimamanda Ngozi Adichie


Debolsillo, 2006

I.
            
          Tanta alharaca por esta joven escritora nigeriana, llenando espacios en la blogosfera con ecos de sus trabajos más recientes, me forzaron a ir por ella. Fiel a mi principio de iniciar por el comienzo, encontré éste, su primer trabajo, y lo llevé. El sello de portada que advierte al incauto que se trata de un best seller, obra más en contra que a favor para lectores que hurgan un poco más allá de las letras destinadas al público masivo –aunque bajo esa denominación también pueden hallarse algunas notables excepciones-.

II.

            Situada en Enugu, una ciudad nigeriana, la vida de los hermanos Kambili y Jaja semeja más un entrenamiento militar y religioso que la típica adolescencia de dos teen agers que asisten a la escuela. Hijos de uno de los hombres más ricos y reconocidos del lugar, deben cumplir con una estricta agenda que, además, incluye las plegarias y elude el ocio.

III.

            Pero tras una aparente vida familiar ordenada y disciplinada se esconde un padre que habiendo abrazado con fervor el cristianismo, abjura del pasado fetichista y pagano de sus ancestros –e impide el ingreso a su casa y regula el contacto con el abuelo paterno de los chicos-; mantiene el control de los mismos a través del chófer, de manera de estar continuamente informado de sus actividades extraescolares; inflige castigos corporales brutales ante el incumplimiento de sus normas, y ejerce la dominación  y violencia de género contra su esposa.

IV.

            La estereotipada y rutinaria agenda cotidiana se desmorona debido a un golpe militar que amenaza la pax armada de los protagonistas, cuando el padre decide enviar a sus hijos a visitar a su hermana Ifeoma, madre de tres hijos y viuda, que vive en el campus universitario de otra ciudad. Tanto Jaja como Kambili despiertan a otra realidad, en un entorno donde se valora el juicio crítico e independiente, la vida se comparte con alegría y con menos apego a las reglas impuestas por el padre. Al regreso, ya nada volverá a ser lo mismo.

V.

             Una historia bien narrada y bien llevada, con sólidos argumentos literarios, que intenta ser una denuncia contra la violencia familiar y el abuso de malos tratos. De trasfondo, una mirada socarrona a la sociedad nigeriana –exportable a otras geografías africanas-, que se debate entre golpes de estado y persecución política. En estilo coloquial, el texto fluye amenamente. Un inicio que resulta prometedor para posteriores lecturas de otras obras de la autora.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Pentalogía Alexiévich. 2. Las que no han tenido voz. La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich


Debate, 2015

I.

            De los combates, aciertos y errores, triunfos (más) y derrotas (menos) de la Segunda Guerra Mundial, hemos visto y aprendido a través de los films bélicos que Hollywood (en su mayoría) nos ha querido mostrar (vender); sobre todo, del protagonismo yanqui en la misma, como si ellos hubieran sido los (únicos) triunfadores. También hemos vibrado con la defensa aérea inglesa al intenso bombardeo de sus ciudades y la acción de la resistencia francesa una vez que los nazis ocuparon su territorio. Poco se ha exhibido, en cambio, del frente ruso, verdadero vencedor o, al menos, responsable de inclinar la balanza a favor de los Aliados. Pero mucho menos se sabe de las mujeres soviéticas que participaron junto a los hombres en la contienda.

II.

            Con este trabajo, Alexiévich viene a cubrir un enorme vacío que dejó la Gran Guerra Patria –así se la llama a la IIGM en Rusia- con todas esas mujeres que de alguna manera tomaron la valerosa decisión de enfrentarse a un enemigo poderoso y mejor equipado. El libro compila una serie importante de testimonios de las sobrevivientes, tomados entre 1978 y 1985, dándole de esta manera voz a las que, por prudencia, miedo o principio de conservación, callaron una vez alcanzada la Victoria. Porque hasta ahora, la guerra era sólo cosa de hombres.

III.

          No solo narran sus anécdotas aquellas destinadas a comunicaciones, enfermería, medicina y propaganda, sino también las que tomaron armas -francotiradoras, pilotos, tanquistas, etc.- y las que formaron parte de los partisanos, la milicia rural. Cada una, a medida que evoca sus recuerdos, le va entregando al lector jirones de su propia vida. Varias de ellas lloran; otras prefieren callar para no volver a sentir aquel dolor. Alexiévich sabe darle el espacio a todas para que se explayen, se tomen sus tiempos y prosigan con sus relatos. Como siempre, desgraba las pláticas una vez concluidas y las vuelca al papel sin su participación.

IV.

            Los testimonios abordan distintos temas: el horror de los bombardeos, las condiciones sanitarias, los motivos por los que se enrolaron en la milicia, los actos de heroísmo, el escaso reconocimiento de las autoridades, el frío y el hambre, el miedo a quedar mutiladas, el amor y el regreso a casa, entre otros. Para muchas, la guerra no concluyó el día de la Victoria; prosiguió desactivando minas del terreno y enfrentando a las otras mujeres –las que se quedaron en casa- que las tildaron de prostitutas.

V.

            Alexiévich agrupa la temática por capítulos en un libro que es fiel reflejo de lo vivido por todas esas mujeres que, fusil o gasa en mano, decidieron hacer suya la lucha contra la invasión nazi.

viernes, 27 de enero de 2017

e-book 15. Álbum familiar. Mi abuelo, Valérie Mréjen


Periférica, 2007

I.

            Los libros de Mréjen han aparecido bajo este sello editor de súbito, como brote de hierba tras una lluvia copiosa y, por lo que se aprecia en la Red, gozando de buena aceptación. Esta razón unida a su breve extensión –un ejemplar que no alcanza el ciento de páginas-, decidieron su lectura.

II.

            Resulta original el estilo literario. La narradora nos describe en primera persona no sólo las características sobresalientes de su abuelo materno –un ser obsceno y promiscuo en el plano sexual; intolerante, con acento fascista en su inclinación política y cultor de los buenos modales en la mesa- sino de todos y cada uno de los miembros de su familia, utilizando frases cortas y multitud de párrafos, muchas veces sin ilación entre ellos.

Mréjen en la reposera

III.

          Como quien recorre un álbum de fotografías familiar, la protagonista repasa su propia historia a través de anécdotas, recuerdos y observaciones que incluyen muletillas, tics, modismos y cualquier otro elemento discursivo que permita establecer psicológicamente un estereotipo del personaje abordado. Además, siempre en una atmósfera íntima, el texto incluye escenas en las que se sugieren perversiones -no confirmadas- y algunas disparatadas que arrancan risas en el lector.

IV.

           Ameno, directo y mordaz, el libro retrata perfectamente a una generación nacida a fines de los ’60 que creció en medio de rápidos cambios en la forma de vincularse y de comunicarse. Lo hace con desenfado y cierta mirada crítica, aunque sin juicio de valor alguno. Un libro para acercarse al universo de Mréjen.

domingo, 22 de enero de 2017

Pentalogía Alexiévich. 1. Desmoronamiento radiactivo. Voces de Chernóbil, Svetlana Alexiévich


Debate, 2015

I.

        Aquél sábado 26 de abril de 1986 desperté con la noticia de la avería del reactor ucraniano. Supuse que mis alumnos me preguntarían algo sobre eso el lunes siguiente, con lo que comencé a prestar más atención. No había Internet ni ningún otro medio de información que las noticias que llegaban por TV o periódicos. Nadie parecía saber bien nada. Pero yo sí sabía. Paradojas del destino, sólo habían pasado poco más de dos años de defender mi tesis de Seminario, último bastión para lograr graduarme de profesor de química. Había trabajado en ella durante todo el año; su título era Reactores nucleares de fisión. Supe que se abría una nueva era.

II.

            Diez años después del terrible accidente, Alexiévich entrevista a un enorme abanico de damnificados: esposas de los bomberos que intentaron en primera instancia apagar el incendio del reactor; personal destinado a liquidar los restos –escombros, casas, animales, etc.- contaminados con los residuos radiactivos; pobladores que fueron evacuados –muchos de los cuales han vuelto a sus lugares, aún a costa de sus vidas-; soldados, miembros del Partido, científicos y todos aquellos vinculados de alguna manera por cercanía u otros motivos con las zonas afectadas. Y lo hace en forma de monólogos, es decir, deja hablar al entrevistado, contándole cómo se vio afectada su vida por la catástrofe, munida de una grabadora a cinta de la que ha desgrabado cada uno de los testimonios.

III.

            En sus cuatrocientas páginas desfila no sólo lo ocurrido a quienes entraron en contacto con la intensa radiación emergente –causa de muerte inmediata en no menos de treinta casos, y de centenares tras pocos años-, sino también las consecuencias de las radiaciones ionizantes, que provocaron malformaciones congénitas a nonatos, abortos espontáneos y otras series de desgracias no menores.

IV.

         Lo que asombra en la colección de monólogos es la incapacidad de la población de hacer frente a un enemigo invisible. Todos aducen que la zona evacuada aún conserva la belleza natural de sus tierras, bosques y ríos, su flora y su fauna, y ellos no tienen acceso para regresar a lo que en definitiva sigue siendo su tierra, su hogar… No pueden despojarse de su historia y, para colmo de males, en los lugares donde fueron trasladados son parias, a los que el resto de los habitantes mínimamente señala y muchas veces elude el contacto.

V.

     La autora deja bien en claro que las autoridades soviéticas sabían perfectamente lo que habría de ocurrir con el personal que envió sin la más mínima protección ni advertencia; falseando los valores de los dosímetros, ocultando los efectos y cualquier información relacionada. Además, expone cómo ha sido utilizada por el Politburó la supina ignorancia de la población en materia nuclear en pos de obtener los brazos necesarios para sepultar los restos contaminantes, fomentando el culto al héroe y el patriotismo idiota, mal entendido. En este sentido, pone énfasis en la responsabilidad de los gobernantes, quienes han convertido el accidente en un crimen de lesa humanidad. No es de extrañar que esta tragedia –evitable desde cualquier punto de vista- haya sido uno de los elementos disparadores del desmoronamiento del mundo soviético, que perduró más de setenta años.

VI.

           Finalmente, el libro es crudo y desgarrador. Alexiévich demuestra que el ser humano no estaba –y aún no está- preparado para enfrentar adecuadamente el problema nuclear que, sospecha, es la herencia pesada que ha legado el siglo XX a los habitantes del futuro. Una obra para abrir los ojos y despertar inquietudes.

NOTA:
            
          Si bien la autora es de origen bielorruso, la he incluido en este ‘2017, Año Ruso’ pues al momento de la catástrofe Belarús era una de las repúblicas socialistas soviéticas, al igual que Ucrania, donde tuvo lugar el hecho.

martes, 17 de enero de 2017

Violencia de género bajo el Islam. La piedra de la paciencia, Atiq Rahimi


Siruela, 2010

I.
            Parece haber una creencia persa que indica la existencia de una piedra a la que, si le contamos todos nuestros sufrimientos, desgracias y miserias, la piedra las absorbe y un buen día, ¡pum!, la piedra explota y así quedamos liberados. Sería bueno poder contar con una. Pero, ¿qué pasaría si convertimos a un ser humano, moribundo, en esa piedra?

II.
           Hace más de dos semanas que un guerrero, héroe de la Yihad, se encuentra en estado vegetativo por alojar una bala en su nuca, producto de una reyerta doméstica. Su mujer, madre de dos niñas, reza por él, le atiende diariamente con suero y colirio para los ojos, mientras le habla. Aún sin saber si él la oye, se afana por sus cuidados. Pero ya no da más; el Corán no es suficiente contención para una mujer desbordada por la situación, a quien los familiares han abandonado a su suerte y que expone su vida en medio de balaceras.

III.
            Así, convierte en ‘piedra de la paciencia’ a su marido, reprochándole en principio haber consagrado su vida a la Guerra Santa –sin importarle esposa e hijas-. Pero no se queda allí; sigue desgranando todo lo acumulado a lo largo de diez años de matrimonio: sus miedos, sus frustraciones, sus anhelos y, lo mejor, le revela sus secretos ocultos. Mediante esta catarsis, el lector asiste a todas las vejaciones y actos de violencia de género perpetrados tanto por el marido como por su familia política, quien solo ve en ella un objeto para saciar la necesidad sexual y procrear descendencia.

IV.
            Rahimi compone una denuncia sobre el rol de la mujer bajo el Islam, con una protagonista y un par de personajes secundarios que fortalecen el relato principal. Además, aprovecha la narración para exhibir el sinsentido de la guerra fratricida, pues la sitúa entre los escombros de un pueblo, en medio de enfrentamientos armados entre distintos bandos, poniendo de manifiesto cuánto juega el pellejo su protagonista para cuidar a su marido.

V.

            En estilo crudo, aunque con cierta dosis de lirismo, Rahimi construye un relato contra la guerra, el fanatismo y la opresión de las mujeres, sea que se lleve a cabo en cualquier geografía y bajo cualquier religión. Es un libro breve pero intenso. Para tomar en cuenta.