miércoles, 18 de julio de 2018

Alegoría sobre el principio del fin. Bajo el techo que se desmorona, Goran Petrović


Sexto Piso, 2014

I.

            Una adicta a las letras de Petrović me recomendó TODO. Poco a poco fui haciéndome del material del serbio y guardé alguna de sus obras para tiempos más oportunos. En medio de tanto escenario oriental, decidí intercalarlo, y recalé en un momento particular de su historia, sin saberlo. La brevedad del texto nunca estará a la altura de su contenido.

II.

            Parece que en Kraljevo, lugar de donde es oriundo el autor, existía un cinematógrafo llamado Uranija que se convirtió en otro, Sutjeska, cuando el socialismo soviético se hizo cargo de la Yugoslavia del mariscal Tito. Pero anteriormente, ese local había sido parte del predio del Gran Hotel Jugoslavija, de propiedad de un avivado que amasó una fortuna gracias a comprar en subasta pública por una bicoca botas militares de rezago –primero, todas las destinadas a los pies derechos, y luego a los izquierdos-.

III.

            Lo que narra Petrović es ese día de primeros de mayo de 1980, donde una treintena de personas presentes en el cine por distintos motivos y con características totalmente disímiles, debido a una aparente interrupción del film, se notifican de la muerte del mariscal Tito, el baluarte que durante muchísimos años ha mantenido férreamente unidos a serbios, croatas, montenegrinos, eslovenos  y bosnios, aun al precio de reprimir grandes movimientos con arrestos de independencia.

IV.

            A la vieja Yugoslavia le llevó, a partir de ese momento, once años más desmembrarse en lo que hoy se ha convertido: estados independientes, con religiones diferentes. Y no sin derrame de sangre, por cierto, sino tras un doloroso enfrentamiento entre quienes hasta ayer eran poco menos que vecinos geográficos. Los personajes que se dan cita dentro del cine configuran a todo el pueblo yugoslavo, con sus virtudes y miserias. Petrović los dispone por hileras y elabora, con ellos, una semblanza donde desfilan el acomodador ya desilusionado, el comunista ligero, los romaníes o gitanos que nada entienden del idioma, las parejas que buscan algo de sexo en la oscuridad, el mirón que va a ver a esas parejas, los jóvenes rebeldes, etc.

V.

            Así, el texto resulta una alegoría de aquello que se ha de extinguir. Desde el propio edificio, con un pasado brillante y un presente ruinoso, hasta la vida de quienes fueran sus propietarios –incluido el Estado socialista- y de su gente, da cuenta de una época a punto de desaparecer. Con estilo fluido, el uso adecuado de la ironía, guiños al lector y escenas tragicómicas, Petrović nos brinda en esta breve novela su cosmovisión del principio del fin de Yugoslavia. Una obra original y fantástica, que disfrutará todo buen lector.

jueves, 12 de julio de 2018

El mar de la fertilidad. 3. Religiones y creencias. El Templo del Alba, Yukio Mishima


Alianza, 2012

I.

            Este tercer volumen de la tetralogía abre en Bangkok hacia 1940. El país ha cambiado su nombre –Siam- hace un año y Shigekuni Honda, con cuarenta y seis años a la sazón, por motivos meramente profesionales debió viajar hacia allí, para enfrentar una causa contra sus defendidos –una cuestión de derecho internacional de una empresa comercial japonesa-. La ciudad contiene numerosos templos budistas, entre los que destaca el que da origen al libro, al otro lado del río.

II.

            En esta ocasión, Honda se encuentra con una descendiente de uno aquellos príncipes de Siam que habían ido a estudiar a Japón, junto con él y con su amigo Kiyoaki Matsugae, cuya historia había acabado tristemente. La princesa Ying Chan, una niña de siete años, parece retrasada, pero ni bien se reúne con Honda, le hace saber que es la reencarnación de Isao Iinuma, por más que deba acudir a un intérprete que le traduzca. Esto despierta nuevamente en él la curiosidad sobre la posibilidad real de la transmigración de los cuerpos.

III.

             El libro se divide en dos partes. En la primera, asistimos a las peripecias de Honda en tierras extrañas y su regreso a un Japón bombardeado por los aviones norteamericanos. En la segunda, se narran los sucesos en la finca que Honda ha comprado años después, en Gotemba, Ninooka, frente al monte Fuji, y las fiestas y celebraciones que tienen lugar en ella mientras perdura la ocupación norteamericana. La reaparición de la princesa, con su mayor esplendor debido a su juventud, alimenta las fantasías de Honda quien, presa de su curiosidad, se convierte en una suerte de voyeur.

IV.

            Todo el texto mantiene el estilo literario de los volúmenes anteriores, como si la obra completa hubiera sido escrita de un sentón. En este caso, se analiza detalladamente la posibilidad de la reencarnación –una creencia extendida en el Japón- y se debate sobre religión; sobre cómo el hinduismo fue prevaleciendo sobre el budismo, las características del karma, del samsara y otros pormenores, en los que Mishima se esfuerza para despertar nuestro interés sobre teología oriental, sin lograrlo.

V.

            Por último, hacia el final deriva en connotaciones sexuales, donde el sacrosanto ex juez Honda se descubre un mirón, alguien que observa las escenas de sexo ajeno a través de una perforación entre paredes. La consiguiente decepción de sus fantasías y la desaparición de todo ese mundo sensual por un incendio, no obstan para sostener que la obra retrata con fidelidad los cambios suscitados en el Japón de posguerra, a punto de rebelarse contra las fuerzas de ocupación. Un libro más que interesante.

viernes, 6 de julio de 2018

e-book 30. Emancipación. El Domingo de las Madres, Graham Swift


Anagrama, 2017

I.

            Había transcurrido una década desde la lectura de otra obra de Swift y lo encontré cuando hurgaba en la tablet la tarde en que, de regreso a casa, me había quedado sin lectura disponible. Para mejor, su título coincidía con la celebración homónima ese fin de semana en España. La pertenencia del autor al denominado British Dream Team de toda una generación de escritores propició su ocasión.

II.

            Jane Fairchild es una joven huérfana de veintidós años que trabaja de criada en casa de la familia Niven. El domingo 30 de marzo de 1924 en Inglaterra todas las criadas tienen el día de licencia para visitar a sus madres con lo que las casas quedan prácticamente deshabitadas, pues sus propietarios, al privarse del servicio, deciden reunirse en restaurante o clubes. Pero mientras el resto del personal cumple con el cometido, Jane se reúne con su amante, Paul Sheringham –el único hijo que les quedó vivo a los vecinos de los Niven tras la guerra- para despedirse de él después de años de relación clandestina, puesto que éste va a casarse con alguien de su clase en un par de semanas. Lo que no sabe Jane, es que pocas horas después de ese último encuentro sexual su vida cambiará rotundamente.

Testimonio del Inicio en la tablet

III.

             Jane se convertirá en afamada escritora con el paso de los años, y ahora, al final de su longeva vida evoca aquel momento donde su vida dio un vuelco de tal magnitud que le permitió dejar atrás un pasado de humillación y estrechez, sin futuro, para dar los primeros pasos en busca de su emancipación. Porque los lectores asistimos a la génesis de esa emancipación, mientras nos preguntamos sobre el amor, el sexo, el erotismo, cuánto hay de verdad en nuestros recuerdos y cómo un simple hecho cotidiano puede convertirse en literatura.

IV.

            Con una prosa exquisita y una descripción minuciosa de gestos y sentires, Swift construye una novela breve, escasa de páginas, pero con una multitud de recursos y escenas memorables que sorprenden al lector tanto por la fuerza emocional como por la concisión de la que hace gala. De estilo coloquial, la lectura fluye rápidamente dejando una amable sensación de frescura. Un libro para regalar y regalarse, con el que deleitarse unas horas.

viernes, 29 de junio de 2018

Volverse adulta. Las chicas de campo, Edna O'Brien


Errata Naturae, 2014

I.

            Hizo furor apenas salió al mercado, a principios de 2014. No había espacio en la blogosfera en el que no se encontrara al menos un comentario. Parecía que una autora ahora redescubierta pasaba a encarnar la gran literatura irlandesa del siglo XX, en paridad con James Joyce, nada menos. Con el tiempo, los ardores se fueron apagando y hubo quien se atrevió a esbozar unas líneas tildándola, si no de mediocre, al menos de indiferente. Cuatro años me parecieron un lapso de tiempo prudente para encarar una lectura algo más objetiva.

II.

            Caithleen Brady es una aplicada teen ager que destaca en la escuela local en una aldea lejana a Dublín. Vive con escasos recursos junto a su madre y teme a su padre quien, por efecto del abuso del alcohol, tiende a golpear seriamente a ambas. Tiene una amiga y compañera, Baba, con quien mantiene una relación de amor/odio. Un día se hace acreedora de una beca para estudiar en un colegio de monjas, lugar al que han de asistir las dos –Baba, sin beca-. Un accidente familiar fuerza el destino de Caithleen y, tras algunos años de internado junto a Baba, deciden escapar del claustro y alcanzar la gran ciudad, donde se tendrán que valer por sí mismas.

III.

             El valor de la amistad, el despertar de la sexualidad, la diferencia entre la dureza de la vida en las aldeas respecto de las metrópolis son algunos de los temas que O’Brien retrata maravillosamente en esta suerte de Bildungsroman, una novela de formación. Ello, sin eludir una crítica mirada a la Irlanda de los años cincuenta del siglo pasado, con los devastadores efectos del alcoholismo sobre las familias y el estrecho rol que le asignaba a las mujeres la tradicional sociedad católica irlandesa.

IV.

            Destaco la fluidez del estilo narrativo que vuelve muy amena la lectura, y la composición psicológica de los personajes que O’Brien elabora, con una protagonista madura, que no pierde el aplomo aún en las escenas más difíciles junto a un puñado de personajes secundarios que acompañan perfectamente la evolución de la trama. El texto resuma autenticidad; no hay detalles en los que el lector detecte la ficción y la narración en primera persona es otro acierto de la autora. Si bien el estilo puede parecer bastante simple o ligero, nunca se vuelve superficial. Y la voz de Caithleen es siempre la de una adolescente con ganas de crecer, de volverse adulta.

V.

            No es la gran novela irlandesa, profunda y épica, pero en su frescura juvenil revela aspectos de la necesidad de emancipación de las mujeres y da cuenta del movimiento migratorio que éstas han hecho desde los medios rurales hacia los centros urbanos en busca de mejores oportunidades y, por qué no, de cierto grado de igualdad y liberación. Interesante propuesta.

viernes, 22 de junio de 2018

La magia de crecer. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou


Libros del Asteroide, 2016

I.

            Apenas apareció por estas costas decidí llevarlo porque estaba al tanto de su contenido y me parecía una bocanada de aliento en medio de tanta mediocridad. Mientras lo hojeaba, me preguntaba cómo podrían narrarse circunstancias dolorosas sin poner el énfasis en el dolor ni victimizarse. Creo que el libro vino a explicarme justamente eso: se puede vivir con dificultades y afrontar situaciones angustiosas sin necesidad de regodearnos en ese pasado triste y trágico, y hacer de ello la plataforma de lanzamiento para una vida más plena.

II.

            Este libro narra la infancia de su autora, hasta el momento en que es madre, a los dieciséis años. Angelou enfrenta varios problemas, a saber: en principio, es negra en un pueblo donde los blancos viven literalmente separados de ellos –y quienes se consideran recíprocamente poco menos que casi humanos-. Además, su familia es pobre. Sus jóvenes padres se separan y dejan la crianza de ella y de su hermano Bailey al cuidado de la abuela en un pueblo de Arkansas mientras prueban fortuna en California. Si bien su Yaya tiene una proveeduría con la que subsiste, los recursos no huelgan. Para colmo, la enseñanza religiosa tradicional restringe las posibilidades y aspiraciones para las mujeres. Contra ello deberá batallar la pequeña Maya.

III.

            En sus páginas desfilan escenas de violencia, de racismo, de despertar sexual y también de ilusiones y fantasías. Mas lo realmente destacable es que Angelou las relata con una mirada cálida, sin recelos ni rencores, tomando siempre las enseñanzas que pueden sacarse aún de vivencias atroces. Y lo hace con naturalidad, sin acudir a golpes de efecto. Por otra parte, el texto abunda en gestos de ternura y cierta dosis de humor sano que condimentan la trama volviéndola mágica. Porque lo que transmite Angelou en todo momento es la magia de crecer, de asumir la identidad, de apropiarse de ese Yo irrenunciable.

IV.

          La vida pueblerina entre negros –con su manto de protección y solidaridad-; el descubrimiento de la gran ciudad -y la consiguiente vulnerabilidad-; la relación entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos; la necesidad de referentes de la propia raza, el sexo y la maternidad son los temas por los que se desliza esta suerte de memorias de la autora, que no renuncia nunca ni a su raza ni a su compromiso con la sociedad a la que pertenece.

V.

            En estilo extremadamente ameno, con una pluma ágil y divertida, Angelou reconstruye un pasado difícil y lo convierte en un canto a la vida. Un libro esperanzador, indispensable para todo buen lector.

viernes, 15 de junio de 2018

El costo de las apariencias. Una cena en casa de los Timmins, William M. Thackeray


Periférica, 2016

I.

            Dicen que las letras de Thackeray no iban a la zaga de las de Dickens, los representantes más conspicuos de la literatura inglesa de la era victoriana. Sólo que el realismo naturalista del último carece de cierta nota satírica que sí ha sido el sello distintivo del primero. Y esta brevísima obra demuestra palmariamente ese costado burlón, tras una mirada perspicaz de esa clase media que intentaba copiar a la aristocracia, sin poseer los recursos necesarios. La escasa extensión de páginas me permitió intercalarlo entre otras lecturas.

II.

            El señor Timmins comete el error de comprar cosas y algún regalo a su esposa con unos ingresos extra que la profesión leguleya le ha deparado. Este simple hecho dispara en la señora Timmins la tantas veces postergada realización de una cena en su casa, donde pueda ponerse de manifiesto la prosperidad de la familia, a la vez que originar envidia en sus amistades más cercanas. Para ello, no escatima los pocos fondos disponibles aún –sin tomar en cuenta las deudas que mantienen con los proveedores de lo cotidiano- para llevarla a cabo, participando a una veintena de conocidos –por los que no sienten apego alguno- en una casa minúscula y económica, de algún barrio periférico, donde resulta imposible sentar a más diez personas en su sala y con paredes cuyo espesor es tan delgado que permite escuchar los sonidos en las casas vecinas.

III.

             Thackeray describe con maestría y oficio a una típica familia de clase media con aspiraciones sociales. Allí está el marido permisivo y mediocre, su esposa insatisfecha y una suegra entrometida, dándose aires cuando el presupuesto no lo permite, con el único objeto de aparentar más de lo que pueden. De más está suponer lo que ocurrirá: la velada se transformará en algo no deseado y el costo será el ridículo.

IV.

            Con un puñado de personajes perfectamente delineados, situaciones grotescas y escenas hilarantes, aunque no desopilantes, Thackeray se burla de toda una clase social que intenta vivir más allá del alcance de su propio bolsillo, algo que aún mantiene cierta vigencia en diversos estratos. De estilo coloquial, ameno y fluido, resulta una buena opción para adentrarse en el universo literario del autor cuando se dispone de un par de horas de ocio.

viernes, 8 de junio de 2018

e-book 29. Cordón umbilical. Mi madre, Richard Ford


Anagrama, 2010

I.

            Es un libro de tintes autobiográficos que Richard Ford quiso allegarnos como un reconocimiento que él mismo tributara a quien en vida fuera Edna Akin, su madre, que entre otras cosas tuvo que cargar con que su propia madre se largara de su casa conyugal tras un boxeador algo más joven siendo ella pequeña, haciéndola pasar por su hermana.

II.

            Su única asistencia a una escuela fue con unas monjas de Santa Ana; se mudaron muchas veces de localidad debido al trabajo del padrastro; se enamoró y casó con Parker, el padre del autor, en 1928 y juntos conformaron una pareja sólida, que se llevaba bien, viajaban mucho y juntos, hasta que la muerte de Parker en 1960 la dejó casi sola y con un adolescente algo díscolo.

III.

             Ford narra en poco menos que un centenar de páginas su relación con Edna, a la que agradece el clima de libertad responsable en el que lo crió, su intención continua de ayudarlo –como supongo hacen todas las madres-, sus múltiples cambios de actividad, su único amorío después de Parker y, fundamentalmente, los últimos años, donde Edna debió enfrentar un cáncer de mama que retornó y al final la llevó de este mundo.

La versión digital, en otra gentileza de Epublibre
IV.

            En una atmósfera intimista y coloquial, Ford va ofreciendo escenas donde ambos son protagonistas de lo acontecido entre ellos, como quien exhibe una serie de fotografías de un álbum familiar que conforman parte de esa evolución que se ha mantenido a lo largo de los años como una continuidad del cordón umbilical que alguna vez los había unido. Un libro emotivo y cariñoso.

V.

            Párrafo aparte merece mi elección de este libro. Mientras leía las páginas que Ford destinó a la enfermedad de su madre y su posterior deceso, no pude dejar de identificarme con ellas, puesto que, tan hijo único como él, yo también he tenido que vérmelas con circunstancias semejantes aunque en otro contexto y tiempo, aprendiendo a hacer frente a una insoslayable agonía que, por más que se asuma racionalmente, nunca alivia el dolor que supone la pérdida de la propia madre, que en mi caso tuvo lugar el pasado 30 de marzo. Sirvan entonces estas líneas para recordarla con todo mi amor de hijo y mi agradecimiento eterno por haberme legado la gran pasión familiar que ha sido siempre la lectura.