miércoles, 17 de julio de 2019

Experiencia literaria. El arte de la ficción, James Salter


Salamandra, 2018

          ‘Entonces estaba escribiendo una novela, Años luz, de la que una vez dije que era como las losas gastadas de la vida conyugal: todo lo ordinario, todo lo prodigioso, todo lo que la hace plena o la amarga; se prolonga durante años, décadas, y al final da la impresión de haber visto pasar las cosas como desde la ventanilla de un tren, un prado allí, árboles, casas, pueblos oscuros, una estación de vez en cuando. Todo lo que no está escrito desaparece, salvo por ciertos momentos que perduran, ciertas personas, días concretos. Los animales mueren, la casa se vende, los hijos son mayores, incluso la propia pareja se ha desvanecido, y aún así queda el poema.’

            El breve libro que la casa editora nos presenta recoge tres conferencias que el autor dictara en la Universidad de Virginia en 2014, con ochenta y nueve años de edad, poco antes de su deceso. En la primera, que resulta la más extensa y lleva el título de marras, repasa la influencia de la lectura en su vocación literaria, el descubrimiento de los relatos de Bábel como fuente disparadora y los tópicos de quien se inicia en las letras: la selección de la voz narradora, el hallazgo del estilo personal, dónde abrevar en ideas y sugerencias varias para aquel que desee intentarlo.

            La segunda, que lleva el nombre de Escribir novelas, comienza con un repaso de los consejos que formulara E. M. Forster en su volumen Aspectos de la novela y cuáles son las mayores dificultades que se plantean a la hora de elaborar personajes, mantener el hilo conductor, la composición psicológica e ir urdiendo la trama que mantiene la tensión. Hacia la última, Convertir la vida en arte, analiza las diversas formas de darle curso a una narración, ya sea como imitación de otros autores o la asistencia a cursos o talleres literarios. Sostiene que la búsqueda de la palabra adecuada que redondee una frase y el esfuerzo que impone la corrección continua del texto, son lo más farragoso del arte de escribir.

          Todos los textos están sazonados de anécdotas personales, comentarios a otros libros y a otros autores, análisis de escenas de sus propias obras, reunidos bajo una experiencia literaria vasta y una mirada generosa, de quien sabe que esas lectures tienen visos de legado personal a los más jóvenes. El afectuoso prólogo de Antonio Muñoz Molina quien, sin develar el contenido, nos pone al umbral del material que prosigue, fue tomado de la edición de Babelia del 10 de marzo de 2018. No existe un motivo que lo justifique ni ninguna asociación lícita, pero al concluir la lectura mi mente comenzó a evocar ese viejo tema de Tears for Fears, Advice for the Young at Heart. Un libro esclarecedor.

viernes, 12 de julio de 2019

Desapego. Pendiente, Mariana Dimópulos


Adriana Hidalgo, 2013

I.

            El rol femenino ha cambiado, afortunadamente. La mujer ha cobrado un protagonismo decisivo tanto en la defensa de sus derechos como en la incesante búsqueda de igualdad de género. Temas como el debate sobre el aborto, la legislación sobre acoso y violencia sexual; el acceso a puestos de gestión o a cargos electivos otrora ninguneados, denotan el avance que su esfuerzo ha permitido a la hora de abrirse camino a nuevas posibilidades. Así, la literatura latinoamericana recoge también esos nuevos aires. El libro de marras se enmarca entre ellos.

II.

            La protagonista, al borde de los cuarenta años, narra en primera persona parte de su historia. Acaba de volver a su casa, tras un parto y una internación de mes y medio debido a complicaciones de salud. Su hermana e Iván, un ruso que es su pareja, se hacen cargo del bebé. Ella no posee instinto materno; no siente nada por su hijo ni tiene idea de cómo atenderlo. Antes de Iván tuvo un par de historias: con un primo abusador y tránsfuga, primero, y luego con Pedro, un sociólogo con quien convivió algo más de un año. Vino en plena adolescencia desde un pueblo a vivir en Buenos Aires en casa de una pariente anciana, hasta que murió, y trabó amistad con Mara, una actriz, y Ludmila, de final trágico.

III.

            Hay varios planos a destacar. En principio, está la estructura del relato donde, a la vez que se habla en presente, existe un permanente flashback sobre las demás historias previas. Luego, el estilo narrativo resulta descarnado, sin juicio de valor, sobre lo que le sucede a la protagonista. Como si ella pudiera verse a sí misma como un observador neutral. Finalmente, la composición psicológica de los personajes principales resulta más que acertada. La narradora, al acercarse a algo que le produce dolor, decide ponerse entre paréntesis –una obsesión a hacer cálculos matemáticos- para así soslayarlo.

IV.

            Existe una doble pendiente en el texto. ¿Puede todo llegar a un punto donde desbarrancarse nuevamente?, ¿hay una tendencia a la repetición, o sólo es regodearse en el fracaso? Por otro lado, ¿es una asignatura pendiente el sentir desapego por el hijo engendrado; el percibirlo sólo como una apófisis que necesita de nosotros?; el bebé, ¿me acerca a la pareja o me distancia?, ¿soportará el varón promedio que yo no quiera ser madre? Buenas –y genuinas- preguntas todas. El texto –breve- da lugar a un debate mucho más profundo.

V.

            Con una prosa cortante y algo sintética –propia de las limitaciones de la protagonista-, sin florituras ni erudición, Dimópulos nos ofrece una mirada singular sobre los vínculos que hacen a la vida cotidiana, incluyendo mujeres a quienes la maternidad no les llama. Un libro excelente.

domingo, 7 de julio de 2019

Anhelo y decepción. Música para feos, Lorenzo Silva


Destino, 2016

I.

            Lo apunté apenas una lectora elaboró un comentario entusiasta acerca del contenido, que nada tenía que ver con los famosos policiales que el autor solía entregarnos. Lo que inclinó la balanza para su busca ha sido que el texto incluía varias canciones entrelazadas a la historia principal, lo que picó mi curiosidad melómana. Una vez aquietados los fuegos, me lo llevé conmigo a una semana de descanso. Nada más apropiado.

II.

            Mónica cuenta con veintinueve años, no es demasiado agraciada aunque tampoco fea como indica el título. Periodista, trabaja para la productora de un programa televisivo por un sueldo magro que sólo le permite hacer frente a los gastos cotidianos. Desesperanzada, una noche de viernes se deja llevar por una amiga ligera de cascos y en un tugurio conoce a Ramón, un cuarentón que mantiene reserva sobre su profesión. Entre ellos nacerá una historia de amor sui generis.

III.

            La novela –que se divide en tres partes- va cobrando un enfoque femenino al ser Mónica quien narra en primera persona. A través de diálogos y letras de canciones intercambiadas por los protagonistas el lector accede a una relación que alcanza su clímax pronto, y decrece a medida que se le revela la profesión de Ramón. El texto incluye una lista con los temas y sus intérpretes hacia el final del libro.

IV.

            Lo más logrado es la selección de canciones –algunas de las cuales no conocía-; no solo por los temas que abordan, sino por reforzar la amplia diferencia de edad entre los personajes, respondiendo adecuadamente a ello. Si bien la mirada femenina está bien lograda, no pasa lo mismo con el personaje masculino, que resulta algo escaso. Podrá argumentarse que, dado el desarrollo de la trama, está totalmente justificado, pero a mi humilde entender le ha faltado una pizca de presencia.

V.

            De estilo directo, ameno y coloquial, el libro oscila entre el anhelo de dos seres que, después de sucesivos fracasos, intentan gestar una nueva relación y la decepción que impone la realidad al frustrar el éxito de la misma. Acaso algo previsible, el lector concluye el libro con cierto sabor agridulce en la boca. Ideal para un viaje de algunas horas o como lectura veraniega.

martes, 2 de julio de 2019

Esgrima verbal. Higiene del asesino, Amélie Nothomb


Circe, 2009

I.

            El título me fue sugerido por otro lector al principio de esta década, para quien éste era lo más granado de las letras de Nothomb hasta ese entonces. Yo había incursionado en su obra anteriormente y su marcado cinismo resultaba si no agradable al menos novedoso. Como había pasado algún tiempo, decidí volver a ella.

II.

            Al anciano Prétextat Tach le quedan dos meses de vida. Premio Nobel de Literatura, no concedió entrevistas hasta el momento y solo ahora, al borde de la muerte, le permite a cinco periodistas que se acerquen a él. A los primeros cuatro, no sólo les toma el pelo sino que los apabulla de tal manera que se van humillados y cabizbajos. La última, una joven que ha leído la obra de Tach al completo pone particular énfasis en una novela inacabada que Tach dejó de escribir muchos años antes y, después de ello, decidió no volver a hacerlo. De ella, se deriva una historia oscura y macabra cuyo desenlace sorprende.

III.

            Así, Tach encarna al escritor arrogante y descreído, que se venga de las jóvenes generaciones a las que tilda de insulsas y superficiales. Ambientada en enero de 1990, en los días en que se desatan las acciones de la Guerra del Golfo, la joven periodista –alter ego de la autora- rescata del olvido un hecho de la vida de Tach con fecha 13 de agosto de 1925 –cuando éste contaba con diecisiete años-, que cambiará no solo el tono de la entrevista sino lo que sobrevendrá hacia el fin de la misma.

IV.

           De estilo descarnado, con frases cortas y contundentes, Nothomb elabora una atmosfera opresiva propia de un thriller, que se va cargando desde el inicio del encuentro entre los protagonistas principales. La esgrima verbal sostenida por ambos, con sus respectivas argumentaciones, es lo mejor del texto; la composición psicológica de los personajes refuerza el desarrollo narrativo.

V.

            Con una estructura teatral –todos los personajes se mueven dentro de un único escenario, a saber, la habitación del inválido Tach-, Nothomb sugiere la posibilidad de que el verdadero amor conduzca a la muerte: hasta qué punto una vida edénica, sin preocupaciones ni sobresaltos, puede generar hastío y locura. Por otra parte, se burla de los tics del mundillo literario, con sus posturas de cenáculos que muchas veces no son más que egos híper desarrollados mal disimulados. Un libro breve con frases interesantes, que mantiene la tensión hasta el final. Muy recomendable.

jueves, 27 de junio de 2019

Novelas de Stefan Zweig. 6. Novela de ajedrez, Stefan Zweig


Acantilado, 2012

I.

            No quería cerrar el mes en curso sin la aparición de una novela de Zweig, de las que compone el presente volumen. La elección de la de marras se debió a cuestiones afectivas. El primer regalo de cumpleaños del que tengo recuerdo, fue un tablero de ajedrez con sus piezas a la edad de siete años, de parte de quien fuera mi padrino. En base a ello, me incliné por esta obra.

II.

            Zweig, sirviéndose del ‘juego de todos los juegos’, expone otros horrores no menos importantes que tuvo al nazismo como protagonista principal. Mark Czentovic, campeón mundial de ajedrez, debe viajar desde Nueva York hasta Buenos Aires para participar en un torneo. Rústico, paleto y engreído, sin mayor talento que para este juego deberá cubrir en barco una travesía que le insumirá casi dos semanas. El narrador –alter ego del autor- es testigo de los sucesos. Un ingeniero americano que también viaja desafía al campeón quien, por un puñado de dólares, accede no sin desdén después de haberse negado. Tras la primera derrota surge el señor B. que advierte al americano no caer en una celada, con lo que el resto de los espectadores propone una partida entre el señor B y Czentovic para el día siguiente.

III.

            La verdadera razón de Zweig aparece en un diálogo sostenido entre el narrador y el señor B. que tiene lugar la noche previa al match. Ese hombre ha estado cautivo de los nazis durante cuatro meses dentro de una habitación de hotel sin más comodidades que lo indispensable. Descendiente de una familia de administradores de bienes del clero y de la familia imperial, los nazis no lo enviaron a ningún campo de concentración, solo lo dejaron encerrado hasta que se deshiciera de los nervios y revelara lo que ellos querían: dónde estaban los bienes. El liso robo de un libro de ajedrez le permitió momentáneamente salir de su encierro pero le provocó una enfermedad nerviosa. Este ha sido el verdadero juego de ajedrez: sobrevivir a los interrogatorios.

IV.

            Zweig plantea que la tortura no sólo puede ser física, sino también psicológica y moral. Un ser humano, alimentado diariamente pero sin acceso a otros seres o tan siquiera a un papel, libro o elemento de distracción, queda sometido a una tensión tan extrema que puede conducirlo a la locura. El desenlace de la novela se vincula más a la secuela que ha dejado en el protagonista la experiencia de aislamiento que en la importancia del resultado del juego.

V.

            Con estilo fluido, magnífica composición psicológica de personajes y descripciones de escenas y sentires muy acertadas, Zweig construye una ficción para reflexionar sobre la sumisión y el aislamiento como formas de opresión y dominación. Una novela más que recomendable, de la que hay versión cinematográfica.

sábado, 22 de junio de 2019

Sensaciones. La primavera llegó en un carro tirado por caballos, Riichi Yokomitsu


También el caracol, 2019

I.

            Leí un comentario en una revista y lo apunté. Siendo el autor amigo de Kawabata no podía dejarlo pasar. Para colmo, el volumen era breve. Lo encontré en una librería donde comparten espacio títulos de editoriales de escasa tirada o, como es el caso, noveles que se lanzan al albur del éxito de ventas, basadas en textos marginales o de autores poco difundidos. La presente es una traducción local y un esfuerzo importante realizado por amantes de las letras orientales.

II.

            El libro está compuesto por cinco relatos de diferente extensión. Las preocupaciones por la vida de una sobrina recién nacida, por parte de un tío adolescente que se enamora de ella; las diversas historias por las que cinco pasajeros desean abordar con premura una carreta que los conduzca a la ciudad; la desesperación de un joven marido que ve apagarse la vida de su esposa; los recelos mutuos de un par de dependientes por robar la fórmula de un colorante que los haría ricos y la fuga de un grupo de trabajadores -que han sido estafados por su empleador- por salir de su hospedaje sin pagar no parecen tener un hilo común. Sin embargo, Yokomitsu captura las sensaciones, las elucubraciones de los personajes, los motivos y las acciones construyendo algo así como una literatura de la percepción.

III.

        Con diálogos afilados, protagonistas bien delineados psicológicamente y escenas que alcanzan un lirismo sin par, en el estilo oriental habitual pero con buen ritmo narrativo –raro para textos de origen nipón escritos entre 1921 y 1931-, Yokomitsu nos cuestiona cuánto de lo que percibimos termina siendo como lo suponemos y en qué medida somos los únicos artífices de lo que acaba por ocurrirnos.

IV.

            El texto se acompaña del Obituario de la muerte del autor -acaecido en 1948-, escrito por Yasunari Kawabata, en un sentido homenaje a quien fuera su amigo, y de un Estudio Preliminar a cargo de Miguel Sardegna, que sugiero leer a posteriori porque sus líneas develan gran parte de cada historia. El único baldón es que la presente traducción utiliza giros y modismos propios del lenguaje local con lo que, en aras de una mejor llegada al público nacional, restringe en cierta medida al resto, nada desdeñable, de habla hispana. Aún así, es buena ocasión para incursionar en él.

lunes, 17 de junio de 2019

Versión Original 22. Niels Lyhne, Jens Peter Jacobsen


Acantilado, 2003

           Rescato del recuerdo un título grato a mi formación lectora. Ha pasado casi una década de su lectura y aún evoco ciertas escenas y diálogos de él. Por ello, quiero ofrecer en esta ocasión mis antiguas líneas acerca de un libro que guardo entre los mejores que he leído. Ojalá ellas sean capaces de disparar la curiosidad de buenos lectores que aún permitan emocionarse.


            Había leído una frase incluida en este título en la que se hacía referencia al talento que poseen los jóvenes que, una vez superado el período de la juventud, lo pierden al igual que a éste. La misma resuena toda vez que me encuentro con algún antiguo conocido con quien otrora compartimos tareas o proyectos y nos ponemos al día acerca de lo que han deparado aquellos viejos sueños y anhelos. Por otra parte, tuve que insistir varias veces a un librero amigo para que me allegara un ejemplar, porque parecía casi saldado. Afortunadamente para ambos, quedaba alguno en los anaqueles.

            Es un libro vibrante, extremadamente sensitivo y comparable al Werther, de Goethe -o Peer Gynt, de Ibsen-, donde se narra la historia de este descendiente de una acomodada familia danesa, propenso a dejarse fluir con la vida. Ambientado a fines de siglo XIX, Lyhne va descubriendo la amistad, el arte, la poesía, el amor, el desengaño, toda una gama de vínculos y pasiones humanas unidas a los altibajos que la vida le va mostrando a cada paso.

            Lo maravilloso del texto es la fluidez y el estilo poético del relato. Jacobsen abunda en sutilezas del lenguaje, giros y expresiones de hondo contenido emotivo para delinear a los personajes que acompañan a su protagonista. A la vez que los construye, los hace partícipes de la trama en que se desenvuelven con tal maestría, que el conjunto se vuelve un todo indisoluble.

            Lyhne encarna esa juventud destinada a sentir, soñadora, dotada de una cuota no despreciable de ingenuidad, sin maldad ni codicia ninguna. Como si todo fuera un lento transcurrir desde el nacimiento hasta la muerte sin otra virtud mayor que la de amar la vida por encima de todas las cosas, a flor de piel. Los amores y las muertes se suceden unas a otras, tanto como la felicidad y el desencanto. Pero se viven naturalmente, sin rencores ni euforias.

            En suma, una obra plena de emoción y romance, cuya lectura acompañada de una luz tenue y el susurro de los “Preludios”, de Claude Debussy –entre otros posibles- la convierten en un deleite más que gozoso. La recomiendo para todo aquel que aun se reconozca a sí mismo como un ser sensible.