miércoles, 28 de septiembre de 2016

e-book 11. Vivir en tiempo presente. En azúcar de sandía, Richard Brautigan


Blackie Books, 2011

                Se conjugaron un par de elementos disparadores que hicieron posible esta lectura, a saber: curiosidad y bronca. Hacía mucho tiempo que deseaba abordar a algún autor de la llamada Beat Generation, la que surgió hacia mediados de los ’50 del siglo pasado y que tanto influyó en la aparición del flower power y del movimiento contracultural hippie; Brautigan puede considerarse parte de ella. La bronca se generó al querer hacerme de un ejemplar de este título: los € 32 de aquí resultaban un despropósito respecto de los € 19 que pedían en España. Sin dudar, apenas verlo disponible, lo descargué gratuitamente desde la Red. Libreros, lo tenéis merecido.

            Libro inclasificable. No es una novela distópica ni tampoco una ucronía. Más bien parece una construcción de una mente extremadamente imaginativa, con algo de inocencia y mucho de buena disposición. Resulta inexplicable un texto en que los tigres hablan –mientras devoran a los padres del narrador-; en el que las truchas sacan la cabeza del agua y miran a los humanos; donde las tumbas se cavan en la profundidad de un río, con féretros con tapa de cristal acompañados de un fuego fatuo que lo ilumina, y en la que se organizan bailes tras un funeral –aunque existen culturas que lo practican-. Esto sin contar que los días de la semana tienen un sol de color distinto, que otorgan propiedades diferentes al entorno –y a las sandías, con que se construye gran parte de la vida cotidiana-.

            El narrador no lleva nombre; viven en una comunidad –de esas que proliferaron entre hippies- llamada Azúcar de sandía, en las que se practica el amor libre y poseen algo parecido a un refugio o templo denominado ‘yoMuerte’ –traducción literal de Ideath, que involucra un juego de palabras-, además de chozas personales. Un criadero de truchas sirve de sala de reunión y donde todo aquello que es mejor no recordar pasa a ser parte de un lugar llamado Olvidería.

La versión digital en la tablet

            La sana camaradería, el contacto con la naturaleza y las actitudes serviciales hacia los demás son un sello distintivo de este texto ecléctico, narrado en capítulos cortos. Todos los personajes parecen vivir en tiempo presente; el pasado quedó como tal y nadie se plantea qué hacer en situaciones futuras. Todos viven en tiempo presente, sin nostalgia ni aprehensión. No obstante, son conscientes de la fragilidad reinante al aparecer la sangre y la muerte. Y las pasiones humanas en forma de celos y envidia tienen alguna relevancia en los hechos.

            De estilo franco y directo, con escenas muy bien montadas y resueltas, Brautigan propone una mirada alternativa y crítica a la hegemonía imperialista de los E.E.U.U., sembrando la duda acerca de sus logros y poniendo cierto énfasis en un regreso a lo natural.

        Si la cultura beat era refractaria al materialismo, al capitalismo y al autoritarismo, promoviendo la búsqueda interior y un mayor respeto por el medio ambiente, este libro es una de las mejores herencias de ella.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Chispazos en la penumbra. Oscuridad total, Renata Adler


Sexto Piso, 2016

           Vino desde la blogosfera al inicio de este frío invierno en que nada cobraba sentido. La índole de la trama se amoldaba a la circunstancia personal. Salí a buscarlo repentinamente. Hallé el último ejemplar junto a un vendedor que acotó: pasó sin pena ni gloria. ¡Cuánta homogeneidad!

            Fue Raymond Carver quien se preguntó ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?, famoso título de uno de sus libros. La pregunta deja en suspenso su continuación: ¿de qué hablamos cuando sufrimos una ruptura o un desamor? Adler se encarga de esbozar alguna variante de las posibles respuestas, de un modo muy particular.

           El libro se compone de tres relatos de curso independiente. El elemento unitivo son fragmentos en que la protagonista nos participa de sus pensamientos, que hacen a su propia historia, insertos en medio de la narración principal, y párrafos que se repiten como ideas fuerza, ya sea con evocaciones de escenas vividas en el pasado o con reflexiones que la narradora realiza, como el lapidario

‘Eres, fuiste lo más parecido que tuve en mi vida a una historia real.’

           Una estancia solitaria en isla Orcas; un incidente automovilístico nocturno en la carretera de Dublín o los pormenores del acontecer en un pueblo de E.E.U.U., no parecen tener mucha conexión entre sí. Sin embargo, mientras la vida transcurre, la angustia de abandonar una relación que llevaba años –como amante de un hombre casado- y la congoja producto de la certidumbre de que esa relación no tenía futuro mayor que el que había tenido, no impide a la relatora cuestionarse a sí misma,

‘¿Puede ser que accidentalmente tirara lo más importante?’

            Párrafo aparte merece la consideración de la identidad de la protagonista. Se inicia como Kate Ennis, una periodista. Pero hacia fines del segundo relato, la necesidad de falsear el apellido para salir de Irlanda, convirtiendo el Adler en Haddock, da paso a la transformación de Ennis en Adler, desdibujando así la línea divisoria entre ficción y realidad, y lo que comenzó como novela bien puede ser parte ahora de una autobiografía.

             La originalidad de este trabajo radica en la forma que encuentra Adler de narrarnos su dolor; un dolor que aparece como chispazos en medio de una grisura, de una penumbra que subyace a la rutina diaria. Sobre la superficie todo se desenvuelve normalmente, pero son esos motivos de desasosiego los que exponen el vacío que anida en el interior de la protagonista.

‘Sin embargo, lo que has hecho es organizar tu vida de manera que las cosas con un poco de alegría o belleza fueran las cosas en las que yo no participaba.’

          De prosa coloquial y fluida, la autora intenta hallar una explicación a sus propios cuestionamientos, a modo de justificación de ese portazo final. La edición se acompaña de un posfacio de Muriel Spark, que brinda una perspectiva sobre la autora y sobre este libro, por lo demás tan emotivo como interesante.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Anécdotas de pueblo. 222 patitos y otros cuentos, Federico Falco


Eterna Cadencia, 2014

           Al aparecer su segundo libro de cuentos bajo el mismo sello editor me pregunté si no me estaría perdiendo algo, si no interesante, al menos novedoso. Mas fiel a mi principio de comenzar por lo primero, me incliné por su título anterior. La proximidad de una semana de vacaciones junto con la brevedad de sus páginas fueron la excusa para llevarlo conmigo.

            Los relatos que componen esta selección ya habían visto la luz en otras publicaciones de tenor local, pero es la presente edición la destinada a allegar al gran público tanto al material como al autor.

            La mayoría del contenido pareciera tener lugar en el pueblo de General Cabrera, sito en la provincia de Córdoba, de donde Falco es oriundo, aunque bien podrían insertarse en otras geografías con carácter pueblerino, sin sufrir menoscabo alguno. En cambio, son pocos los relatos con tintes urbanos.

            Una ofrenda a la Virgen, la muerte de una mascota, la quema de un ave, la confesión de un intento de suicidio después de muchos años, la parición de un perro azul son, entre otros, los móviles de esta antología en la que el nervio conductor es siempre un hecho cotidiano, sin mayor trascendencia aparente, al que Falco se encarga sabiamente de darle un giro adecuado para sembrar inquietud, con aristas que bordean la locura, lo sobrenatural y la perversión, o la ingenuidad y el costumbrismo.

El libro de Falco visitando la plaza central de Humahuaca, Pcia. de Jujuy, Argentina

       En sus narraciones se entretejen testimonios de abuelos, tradición religiosa, observaciones sobre la vecindad, que facilitan la construcción de personajes totalmente verosímiles, aún con historias que no lo son. Es que el discurso narrativo de Falco, directo y franco, se basa en la oralidad: el lector asiste expectante a una escena que el autor le está describiendo verbalmente, de manera que no lee lo que ocurre, lo está viendo. Es el estilo escogido lo que hace diferente a esta colección que, por lo demás, no deja de trascender el nivel de anécdotas de pueblo. Eso sí, fantásticamente narradas.

            Como en toda compilación, es posible que el nivel de los relatos presente altibajos, puesto que los temas abordados y el trasfondo de los hechos hacen variar la extensión de los mismos, tanto como el uso de ciertos golpes de efecto, mas el conjunto en general se vuelve llevadero y entretenido.

              No soy una voz autorizada a la hora de evaluar el libro dado que no suelo leer relatos, como es de público conocimiento. Pero resultó ser buen compañero de viaje y muy apropiado para despejar la cabeza del diario trajín. Un buen ejemplar para iniciarse en el universo literario de Falco.

martes, 13 de septiembre de 2016

Pelibro 6. Melancolía de la resistencia

          Esta conjunción surgió entre gallos y medianoche, inesperadamente. Resulta que la investigación sobre el autor me llevó a la existencia de un film que desconocía. Para poder saber acerca de las posibles existencias del mismo en terreno local, acudí a mi vieja compañera cinéfila, sin mayores novedades al respecto. Al retirar una copia de otro film se me ocurrió preguntar al responsable y hete aquí que podía facilitarme una copia. Lo que sigue, son apreciaciones sobre libro y film que distan más de treinta días entre sí.


Libro

MELANCOLÍA DE LA RESISTENCIA

László Krasznahorkai (Acantilado, 2001)

         Apunté al autor el año pasado, al hacerse acreedor del premio Man Booker Internacional a la trayectoria. Hace poco, le propuse a Agnieszka leerlo conjuntamente, pero supongo que entre sus avatares y la cercanía de su descanso anual, pobre oferta resultaba para la distracción y el ocio. Al final, decidí encararlo después de disfrutar de una semana de vacaciones.

          Libro raro, pero interesante si los hay. Es una novela que se desarrolla en algún poblado húngaro –del que no se dan noticias- a fines de los ’80, en plena efervescencia que conducirá a la esfera de países soviéticos a su liberación y a la caída del muro de Berlín. La mirada de Krasznahorkai es bastante escéptica respecto del porvenir. Sugiere a través de la trama que nada de lo que ha sido habrá de cambiar y que la libertad y los derechos del hombre, conculcados a lo largo de décadas, sólo pueden alcanzar realización en lo profundo del propio ser.

           La novela comienza con un viaje en tren de la señora Pflaum, cincuentona y voluptuosa, de regreso a su casa después de visitar a sus hermanas. Las descripciones se ajustan tanto a la realidad cotidiana, en cualquier geografía, que uno no puede menos que sentirse identificado con lo que en ella ocurre. Luego, la señora Eszter, una arribista que goza del beneplácito del comisario local, dispuesta a alcanzar trascendencia, arbitra los mecanismos para hacer frente a lo que serán desmanes de una chusma resentida que implanta el miedo y el terror a los habitantes. Aquellos se reúnen alrededor de una figura líder –el Duque-, integrante de la troupe de un circo cuya principal atracción es la exposición de los restos de una ballena.

         Los protagonistas son tres. La citada señora Eszter, desterrada del hogar conyugal pero con ínfulas; János Valuska, el hijo de la señora Pflaum, un simplón de treinta años, inocente, algo voluble y soñador, quien vive en armonía con el universo, y el director musical Eszter, dueño de un poder de análisis que no va a la zaga de su pesimismo sobre el acontecer inmediato, quien simpatiza con el carácter deletéreo de Valuska, su servidor y amigo.

            Así, la señora Eszter encarna al clásico trepador, dotado de una buena dosis de sentido común y practicidad, que le conceden la posibilidad de medrar con las autoridades de turno. En cambio, Valuska es un idealista encerrado en su mundo volátil, al que la realidad se le presenta de repente, sin brindarle chances para la reacción. La otra arista la compone el musicólogo, quien percibe que la resistencia contra el caos que se avecina es un despropósito y se recluye en su mundo interior, último bastión de supervivencia.

          Acompañan a éstos un puñado de personajes secundarios que resultan apropiados para que Krasznahorkai despliegue entre sarcasmos e ironías su feroz crítica a una política estrecha de miras, a una sociedad abúlica y carente de ideas y a un poder omnímodo y autoritario que hace de la mediocridad un culto.

            Con frases bien construidas y un estilo coloquial no exento de lirismo, el autor describe escenas memorables que resultan metáforas de ese descontento, acallado por imperio de las fuerzas del orden. Un libro brillante, de los mejores que he leído en el año, sin duda, y un agradable descubrimiento.



Film

WERCKMEISTER HARMÓNIÁK

Béla Tarr (Mokép, 2001)

          Menuda sorpresa deparó este film. Comencemos diciendo que Tarr acomete el rodaje en blanco y negro, despojando de matices y extremando la crudeza de la historia que se ha de narrar.

            El film abre con una escena casi surrealista –que también describe el autor, aunque éste lo hace algo más adelante- donde János Valuska intenta representar el movimiento del sistema solar con los parroquianos que asisten a una taberna, poco antes de cerrar. En esta visión, el argumento conductor de la película se basa en la naturaleza irracional del descontento; el común de la gente se siente infeliz y necesita desprenderse de una violencia interior, descargándola entre sus semejantes. Para ello, un mesías circunstancial apodado ‘el Príncipe’ –transportado por  un circo- convoca a las masas a fin de llevar a cabo el saqueo del poblado, enarbolando la demencia de lo colectivo por sobre la conducta racional individual; una suerte de catarsis masiva.

        Con extensos primeros planos, escenas antológicas, una cámara que se acerca o aleja lentamente -capaz de girar 360°-, el uso de un exquisito juego del contraluz y sólidas actuaciones de Lars Rudolph (Valuska), Peter Fitz (Gyura Eszter) y la siempre vigente Hanna Schygulla (Tünde Eszter), Tarr brinda su propia mirada sobre la barbarie impuesta en nombre de la libertad, a la vez que efectúa una denuncia social en defensa de las víctimas, que sólo pueden oponer ostracismo y solidaridad entre ellas como mecanismo de protección ante la agresión.

        Es esa necesidad de volver a los orígenes a la que alude el musicólogo Eszter en su célebre monólogo sobre las armonías de Andreas Werckmeister, un sistema de afinación de instrumentos de tecla de fines de siglo XVII, una metáfora que obra como llamado a adaptarse a la nueva situación, de manera de poder sobrevivir.

          Si bien el film no se apega a la totalidad del texto literario, Tarr elabora un film metafísico y superlativo, a la altura de la obra de Krasnahorkai. Para no perder.

Testimonio del sexto Pelibro

jueves, 8 de septiembre de 2016

Meditaciones desde la prisión. Cartas a Olga, Václav Havel


Galaxia Gutenberg, 1997

               Lo apunté cuando apareció un compendio de su vida en una revista que repasaba su extensa trayectoria tanto literaria como política, poco antes de su deceso en 2011. La diosa Fortuna permitió que me allegara el único ejemplar disponible, días previos a que otro lector –entusiasmado por el mismo artículo, seguramente- fuese en su busca a la histórica librería donde lo hallé. Mi interés por esta destacada figura de las letras checas radicaba en saber cómo un escritor y dramaturgo devino presidente de la república, tras algunos años de prisión. Particularmente esta obra, condensa en gran medida su pensamiento.

            El libro es una selección de cartas enviadas a su esposa desde las cárceles donde estuvo recluido desde junio de 1979 hasta septiembre de 1982; cartas escritas a razón de una por semana, único privilegio del que gozaba mientras permanecía cumpliendo condena por ‘delitos contra la seguridad del estado’, una graciosa manera que las autoridades checas encontraron para silenciar a un opositor político.

            Se hace necesario citar varios planos del material que compone el libro. En principio, Havel fue arrestado y destinado a la cárcel de Ruzyně, en Praga, mientras se efectuaba su proceso judicial –los últimos meses de 1980-. Las cartas de ese período lo muestran algo nervioso y ansioso por conocer el dictamen, mucho más pendiente de sus necesidades de recluso –enseres, cigarrillos, vitaminas, etc.- y de su acontecer cotidiano, que de su elaboración literaria  Una vez condenado, al ser enviado a la prisión de Heřmanice donde debió realizar tareas de soldador, sus escritos se ven modificados pues la censura carcelaria sólo le permite hablar de sí mismo, con lo que Havel comienza a profundizar en sus reflexiones y a ordenar sus ideas.

            Es entonces que, obligado a convertirse en el nervio central de su discurso epistolar y haciendo uso de conceptos tomados de la fenomenología de Husserl y de Merleau-Ponty, intenta hacer primero un análisis de sus humores –positivos y negativos-, para luego exponer ideas personales acerca de la responsabilidad que todo ser humano debe asumir como ser sociable, su acendrada creencia en que la fe es el motor para estar vivo, la necesidad de descubrir cuál es el rol que todo ser humano debe cumplir en el orden de las cosas (sic) y un sinnúmero de expresiones que dispara su concepción del mundo y de la vida. En ese sentido, el libro es un testimonio vivo que obra como legado de su pensamiento.

            Hacia el final, cuando Havel ya ha sido trasladado a Pilsen, el último cúmulo de cartas se ocupa de su visión filosófica, su búsqueda continua del ser, con muchos elementos tomados de Levinas –quien influyó vastamente en su postura-. Resulta bastante engorroso tener que trasegar estas páginas que mucho deben a la ontología y que bien pudieran haberse soslayado del texto, aunque ofrecen a cambio una serie de análisis sobre la necesidad de hallarle sentido a la vida, no exenta de contradicciones y evoluciones que el paso del tiempo ayudaron a mutar, a pergeñar, a fin de dotar a su pensamiento de solidez y coherencia.

           En suma, una obra testimonial de quien pudo mantener una mirada positiva de la vida y del arte aún en condiciones adversas. Si mientras se lee, en el fondo suena una buena versión de Má Vlast (Mi Patria), de Bedřich Smetana, mejor.

Susurros sostenidos entre Havel y Smetana

sábado, 3 de septiembre de 2016

e-book 10. Poemas para tiempos oscuros. El guardia, el poeta y el prisionero, Jung-Myung Lee


Grijalbo, 2014

             Fueron varios los lectores amigos que le rindieron honores al título de marras con sendas y emotivas reseñas. Mas fue Ana, la enorme Ana Blasfuemia, quien tuvo la proverbial gentileza de enviármelo en formato digital para que este periférico y nómade lector pudiera despuntar el vicio de la lectura de un libro que, en papel, jamás visitó esta tierra.

            Estamos en la cárcel de Fukuoka, en 1944. Un guardia héroe de guerra, Sugiyama, encargado de la censura postal y literaria –además de infligir vejaciones varias a los reclusos-, aparece brutalmente asesinado en ese lugar de máxima seguridad. Se sospecha de aquellos presos políticos de origen coreano quienes pudieran haberse cansado de los métodos abusivos del preboste; sobre todo de uno de ellos, Yun Dong-Ju, con quien había entablado una cierta relación. Para ello, encargan la investigación a un novato, Watanabe, que se convierte así en el relator de los acontecimientos, una vez rendido el Japón y ya convertido él mismo en prisionero.

            Esta sentida novela es poliédrica. Muchos planos poseen un desarrollo independiente. En primera instancia, resalta su concepción policial. ¿Quién fue el autor del asesinato y por qué?; misterios que Watanabe deberá resolver. Pero en un segundo plano –que considero más apasionante para el lector y más afín a sus gustos- se encuentra la metamorfosis sostenida por el severo carcelero al descubrir el poder de las palabras; esas mismas palabras que él suprime con vehemencia en cada carta o comunicación que sus custodiados intentan vanamente mantener con el mundo exterior, de manera de despojarlos de su identidad. Ellos no son nadie, nada, no merecen pervivir.

          Además, hay un plano no menor que sirve de testimonio de las aberraciones cometidas por el expansionismo japonés respecto de los disidentes coreanos que luchan por su identidad como pueblo. En ella se incluyen los experimentos médicos, el abandono de su condición de seres humanos a través del hambre, el frío y la falta de abrigo y la obligación de renunciar a su idioma para adoptar el japonés.

            Lo más sustancioso se halla alrededor de ese cambio que tiene lugar en un fiero guardián al despertar en él la curiosidad sobre la poesía. Yun Dong-Ju existió realmente y fue un poeta del que solo se pudo reunir en un único volumen una suerte de resumen de su obra. Es el poder de esa obra, esos poemas para tiempos oscuros como los que se vivían, los responsables de la transformación del carcelero y, en gran medida, la justificación que encuentra su sustituto como explicación más plausible a su accionar a partir de ese descubrimiento. Y esa cometa de la portada, elemento significante de la narración, se vuelve emblema del deseo de libertad.

      Rilke, Jammes, Gide, Shakespeare y Dostoievski hacen esporádicas apariciones en estas páginas, así como varios de los poemas de Yun Dong-Ju, junto a una cita que abre el plano músico –literario; nada menos que Die Winterreise, esa colección de lieder de Schubert tan afín al melómano.

Portada del e-book junto a la obra de Schubert, en versión de Dietrich Fischer-Dieskau y Jörg Demus, de 1966.

            Con semejante despliegue, resulta difícil no involucrarse como lector en el relato propuesto por el autor. Rescato tanto la obra de Schubert como las notas de Rilke que esclarecen acerca del sentir de sus personajes.

            En estilo fluido, con diálogos carnosos y un sinnúmero de alusiones a autores y lecturas –puesto que el narrador también comparte el gusto por la poesía y la literatura- todo el libro combina pasión. Pasión por las letras que se convierten en pasión por la vida.

             En suma, un libro entrañable, muy cerca del corazón de todo aquel que ama los libros y la buena literatura. Las opiniones de Mientras Leo, Agnieszka y U-topía pueden leerse con un solo click en sus nombres.

lunes, 29 de agosto de 2016

Versión Original 15. De amor y hambre, Julian Maclaren - Ross


Sudamericana, 2005

           Este libro me fue sugerido por ciertos lectores empapados en literatura inglesa. Le di una oportunidad, y hoy día no me arrepiento. Se encuentra dentro de lo más granado del período previo a la IIGM y está tan bien narrado que merece ser leído. Lo que sigue, han sido mis prístinas impresiones sobre él, apenas acabado mediando el 2010.


          Creo que fue la noticia de la edición de una última novela suya, cuyo arácnido título llamó mi atención, la que decidió mi investigación acerca del autor. Cuando encontré que hasta Graham Greene lo admiraba, no pude menos que salir en su búsqueda y hallarlo ya casi al borde del agotamiento de sus existencias.

            Imagínate que un compañero del trabajo, con quien mantienes una relación poco más que superficial, es despedido y, al conseguir otra colocación, te pide un gran favor, dado que se va a ausentar al menos tres meses. ¡Nada menos que le hagas compañía a su esposa!

            Ambientada a fines de los años treinta, cuando el conflicto bélico que llevó a Europa a la Segunda Guerra Mundial estaba aun en ciernes, pero donde la miseria ya se hacía notar en plena decadencia del Imperio Británico, este ficticio triángulo –que no resulta tal- hace las delicias del lector.

            Con su prosa fluida y directa, donde los detalles sólo son un aditamento más del nervio conductor de la narración, la novela se vuelve austera y descarnada. La historia de un periodista – escritor devenido en vendedor de aspiradoras a domicilio, sus relaciones sociales y laborales, su personalidad parca y egoísta se van ganando la atención del lector a medida que las hojas se suceden. Resulta tan dinámico y atrapante, que por momentos resulta difícil abandonar su lectura. Tal es así, que creo haber transitado sus 285 páginas en casi dos días.

            En medio del relato, Maclaren – Ross deja entrever un cabal conocimiento acerca de la vida no sólo de los promotores o vendedores a domicilio, sino también de la sociedad de su época, a la que retrata con cierto rigor no exento de sarcasmos e ironías. Indudablemente, el autor tenía experiencia personal y carnal del gremio que delinea, así como del entorno social en el que éstos se vieron inmersos. Y brinda un condimento adicional: el libro incluye un repaso de films y libros de aquella época.

        La sórdida sociedad inglesa que ve su ingreso en una nueva guerra, sus clichés y estereotipos, la bohemia de no tener un rumbo fijo –sólo deudas contraídas- y las distintas circunstancias que van teniendo lugar, hacen un relato atractivo y divertido, sin golpes bajos ni lugares comunes. Si bien el final puede parecer algo previsible, no amengua su calidad en ningún momento.

            No esperes una maravilla literaria; más bien se asemeja a esos libros que arrancan una sonrisa, cuya trama se transforma en mueca con algo de sorna, pero siempre con estilo.

         Si tienes ganas de leer algo menos riguroso que W. Somerset Maugham –al que se asemeja- y tan creativo como algunos libros de J. Barnes, pasa por la librería y pídelo. Estoy seguro que éste, al menos, no te va a defraudar. Sin lugar a dudas, un feliz hallazgo.