I.
Impulsados por la ubicua aparición de un par
de títulos de breve extensión bajo un sello local poco antes de que el autor se
alzara con el Nobel 2025, no hubo club de lectura que no incluyera alguno de
ellos, merced también a lo accesible de su costo. La curiosidad por leer a poco
menos que un desconocido arrolló a las voces de quienes advertimos que ninguno de ambos estaba entre lo más granado de su obra. Lo cierto es que muchos
miembros desistían a medida que leían. No faltó quien dijera que era ‘denso,
lento y aburrido’.
II.
En esta suerte de alegoría sobre el Japón ancestral, el autor nos sitúa en una
búsqueda. El nieto del príncipe Genji abandona la ciudad de Kioto en tren, rumbo
al sudeste. Desciende en la primera estación, donde todo parece distinto. Emprende
la marcha por callejuelas laberínticas sin encontrar a su paso a nadie que lo
oriente hacia su objetivo: hallar el jardín más hermoso del mundo dentro de un
monasterio. De pronto, siguiendo una pared, se da cuenta de que ya ha ingresado
al mismo, pero lo recibe un pórtico doble. En los patios sucesivos tampoco hay nadie.
III.
Habituado a ser atendido y sintiéndose
desfallecer, el protagonista intenta dar con ese jardín, mientras su séquito de
protectores, al notar su ausencia, sale en su busca, con más ánimo de juerga y distención
que de dar con su paradero. Al fin del día, no habiéndolo encontrado, dan por concluido
su trabajo. Seguramente, al regresar lo habrán de ver o, de todas formas, él
volverá pronto -se justifican entre sí-.
IV.
En este libro –que no por breve requiere la
atención lectora y, como en otros textos suyos, una relectura de párrafos, dado
su estilo rebuscado-, Krasznahorkai rinde un pequeño homenaje a la cultura
japonesa, donde la búsqueda interior de la propia existencia y el sentido de la
vida es un camino personal –de allí que el protagonista no tenga contacto con
otros seres-, lleno de idas y vueltas, en el que a veces nuestros pasos orillan
el ansiado objetivo, pero no somos capaces de advertirlo, o requiere adentrarnos
en un lugar que desestimamos por sombrío. Tal vez la luz más enceguecedora puede
verse envuelta en medio de las sombras.
V.
Con un texto coloquial, que por momentos alcanza cierto lirismo poético, y descripciones minuciosas que crean una atmósfera de irrealidad y ensoñación, Krasznahorkai nos brinda una obra cargada de símbolos que refleja cuan largas son las sombras en nuestro camino hacia la luz. Más que adecuada para iniciarse en el universo literario del húngaro.

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