sábado, 14 de febrero de 2026

Pelibro 43. Dorayaki

 

Fueron muchas las señales que me impulsaron a realizar este Pelibro. Primero, fue un boom editorial tras su lanzamiento en español a principios de 2024; tal fue así, que la primera edición se agotó rápidamente –también su reimpresión-. Tuve que esperar hasta fines de ese año para obtener un ejemplar. Luego, una cinéfila rescató del olvido el film basado en esta novela. El febrero pasado, al visitar una casa de té japonés, me sentí tentado de probar este famoso pastelillo y, por fin, durante mis últimas vacaciones la conserje del hotel me la recomendó encarecidamente.

Libro

Durian Sukegawa (Chai, 2024)

               Esta breve novela que tan buena repercusión ha tenido, toma como punto de partida una pastelería en la periferia de Tokio, que se especializa en ofrecer esos magníficos bocados, llamados dorayaki. El encargado de llevar adelante el negocio es Sentaro, un hombre de mediana edad y probada lealtad, a quien el dueño de la tienda ha ofrecido conducirla para saldar con él una deuda contraída de la que el propietario se ha hecho cargo.

               Aun habiendo aprendido a elaborarlos, Sentaro solo desea saldar su deuda y dejar su puesto. Después de haber pasado dos años en prisión, piensa en dedicarse a escribir, mientras ofrece al público unos pastelillos, cuando menos, mediocres. El secreto de ellos radica en su pasta interior, de la que se abastece comercialmente. Una mañana es sorprendido por una anciana, que se acerca para intentar ocupar un puesto de auxiliar. Ante la negativa inicial, le allega al poco la pasta elaborada por ella. A partir de allí se entablará una relación de aprendizaje entre ambos personajes que llevará a la tienda a su apogeo.

               Pero la anciana Tokue tiene los dedos deformados y despierta la sospecha de padecer la enfermedad de Hansen (lepra). El rumor no se hace esperar y el éxito inicial se desbarata lánguidamente. La viuda del dueño apremiará a Sentaro para que la despida, pues la tienda –y ella misma- corren riesgo de supervivencia. Para colmo, una jovencita clienta, Wanaka, quien está por concluir estudios primarios, le pide a Sentaro que se haga cargo de su mascota -un canario que casi no puede volar- porque se han quejado de su canto los vecinos del edificio donde vive. Ha sido Tokue quien lo ha sugerido, ahora que ella se ha retirado.

               Así, esta obra está basada en tres personajes que responden a generaciones e historias distintas: aquella que, en la primera posguerra fue encerrada y aislada según la legislación vigente; el hombre que tras haber sido privado de la libertad intenta recomponer su vida y una jovenzuela que se debate entre proseguir estudios o dedicarse a trabajar para ayudar a la economía familiar. Todos ellos albergan sueños de liberación y cambio.

               Con una prosa concisa y precisa, Sukegawa ofrece una mirada de aquellos que, por diferentes razones, son marginados, pero que aún conservan la esperanza de una vida mejor y más plena, sin importar la edad a la que respondan. Siempre se estará dispuesto a hacer los esfuerzos necesarios para alcanzar los sueños; ése es el mensaje que guarda el texto. Fluido y ameno, de estilo directo y alternando buenos diálogos con silencios elocuentes, el libro se vuelve entrañable. Recomendado para lectores sensibles, que podrán disfrutar de él de un sentón.


Film

UNA PASTELERÍA EN TOKIO

Naomi Kawase (Nagoya Broadcasting Network, 2015)

               En primer lugar, la realización de la cineasta nipona responde en esencia al espíritu en que fue inspirada la novela. Si bien ambos finales distan de ser parecidos –el del film está un poco abreviado-, lo cierto es que comparten la emotividad.

               Desde el punto de vista técnico, rescato la fotografía en primer lugar. Los distintos encuadres, el juego de contrapunto entre claroscuros y esa imagen de los cerezos en flor –los clásicos sakura-, símbolo de lo efímero de nuestra vida según la vivencia japonesa, deleitan al espectador, ofreciendo una atmósfera tanto de intimidad como de marginalidad. Luego, está la más que acertada banda sonora del film, siempre al servicio de las escenas. Y también el montaje, que le otorga una fluida continuidad a la trama.

               Respecto del elenco, en su gran mayoría ilustres desconocidos para el público occidental, desarrollan con acierto sus roles, de manera que transmiten en sus expresiones el sentir de cada personaje en todo momento. Quien encarna a la anciana Tokue es la responsable de la ilación con el resto de protagonistas, que hacen que el conjunto de figuras se vuelva querible.

               En suma, una película de casi dos horas de duración que prácticamente no se notan, tan bueno es el guion y su realización. Como última aclaración, es un film que llega a tocar la sensibilidad del espectador, sin caer en ningún tipo de sensiblería barata; de alguna manera intenta exponer la realidad de un grupo de enfermos que, aun habiéndose curado y erradicado la enfermedad, siguen siendo víctimas de la aprehensión humana. Para disfrutar y conmoverse.

Testimonio del Pelibro 43

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