jueves, 30 de abril de 2026

Soledad en el Paraíso. Sueños de trenes, Denis Johnson


Random House, 2016
 

I.

                Un colega lector lo rescató del olvido proponiéndolo como lectura a compartir –cosa que no logró- en virtud del estreno de una realización para TV basada en el texto, que aun hoy puede hallarse en alguna plataforma. Recordé haberlo adquirido hacía tiempo y me pregunté por qué dejé pasar una década para encararlo, si tenía el atractivo de no llegar a las ciento cincuenta páginas. Repasando las recomendaciones de quienes lo leyeran cuando apareció, las opiniones estaban divididas. Buena ocasión para salir de dudas.

II.

                En la historia de Robert Grainier puede resumirse gran parte de la de los E.E.U.U. desde fines del siglo XIX hasta los pasados años ’60 en el ámbito rural de esa nación. En su vida se halla la de la mayoría de ciudadanos cuya existencia pasó sin ton ni son; a ellos solo les tocó vivir. Grainier fue un jornalero del Oeste que trabajaba construyendo puentes para el ferrocarril, aserrando árboles o cargándolos. Parco en palabras, prudente en sus modos y sin grandes luces intelectuales, ha sabido conformar una familia, con esposa, hija y una porción de terreno.

III.

                Pero la desgracia, que siempre acecha al común de los mortales, lo ha dejado en medio de una soledad cuyo silencio clama por amor y compañía. Así, ante la adversidad que le acompaña, Grainier solo intenta sobrevivir en medio de lo que él supone su espacio; al que vuelve una y otra vez, por más que las inclemencias atmosféricas o las inundaciones se lleven sus pocas pertenencias. Al cabo de varios años logrará establecerse como transportista.

IV.

               En un somero análisis, la novela presenta altibajos. Por un lado, está el acontecer del protagonista, sometido a los embates de la diosa Fortuna, junto a un puñado de personajes secundarios que refuerzan la construcción psicológica de Grainier. Pero muchas de las historias paralelas que se derivan de la principal quedan truncas, sin alcanzar la continuidad necesaria y el conjunto parece navegar a la deriva. Rescato lo acertado del estilo elegido por el autor para narrar su historia: expresiones rudas, de frases cortas, muy propias del ambiente tosco y rústico en que se desarrolla la acción.

V.

               Directa y frontal, con desplazamientos temporales hacia adelante y hacia atrás, Johnson ofrece una obra compuesta por episodios –que bien podrían leerse como relatos independientes- acerca de quien ha tenido que vivir gran parte de sus días en la soledad del Paraíso, sin mayor expectativa que llegar al día de mañana. Una novela interesante, que bien podría haberse extendido y ganarse el rótulo de joya literaria. Aun así, una buena lectura que se acaba en horas.

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