Losada, 2000
I.
Hace algunas semanas atrás
comenté una novela histórica basada en este autor, considerado el primer
escritor argentino. En esta ocasión, visito sus dos obras más reconocidas. Para
hacer una interpretación adecuada, se hace necesario un par de explicaciones
previas. Para quienes desconocen la historia de este país, el Estado surgió a
partir de fundaciones que constituían el Virreinato del Río de la Plata, que no
eran más que aldeas a las que una extensa llanura –en general- separaba unas de
otras. Alrededor de estos asentamientos se ubicaba parte del pueblo, en las
afueras de las fortificaciones. Cuando los aborígenes nativos reunidos en malón se acercaban, sus objetivos eran
la lucha por provisiones y el rapto de mujeres, que destinaban a su servicio
privado y a la procreación. Esas mujeres se denominaban cautivas.
II.
Respecto de la organización
nacional, no surgió hasta mediados del siglo XIX, cuando algunos de los pensadores
pudieron viajar al exterior y hallar en la democracia, con su división de
poderes, el sistema de representación política más adecuado para la
conformación de un Estado nacional basado en una constitución. Antes de ello,
cada aldea obedecía a un caudillo que
los gobernaba localmente y representaba sus intereses. En el caso de la
provincia de Buenos Aires, con una ciudad-puerto abierta al comercio
internacional –que recaudaba derechos de aduana- la economía se centraba en la
producción de charqui y tasajo –carnes desecadas-, en manos de hacendados con
extensas pasturas y numerosos animales vacunos. El matadero era su unidad de producción y fuente de ingresos.
La versión digital, con otra portada pero la misma edición, gentileza de EpubLibre
III.
Yendo a los textos, La cautiva es un poema escrito en rima,
donde una de esas mujeres escapa junto a su pareja malherida y se oculta lo más
que puede para no ser capturados y asesinados. El trabajo le valió todo el
reconocimiento de la sociedad al autor. Asimismo, El matadero, es una obra póstuma; el propio Echeverría no la vio
publicada en vida. En sus páginas, repasa la realidad social de esa
institución, que respondía a la conducción federal
de la república –sin intención de organizarse políticamente- y el terror que
ejercía en sus opositores –los unitarios-
con su fuerza de choque y represión, la Mazorca.
Aquí sí ya hay una toma de posición política, que en su momento le costara al
autor el exilio en Montevideo, donde moriría.
IV.
Ambas piezas condensan la
realidad socio-política local entre los años 1830 y 1840 cuando fueron escritas,
mientras Juan M. de Rosas ejercía todo su poder; de allí su importancia
histórica. Imbuidas del espíritu romántico de la época y con la esperanza
puesta en un futuro mejor, son parte del canon literario argentino. Obras
breves más que recomendables.

