Anagrama, 2010
Fueron varias las personas que me recomendaban este librito singular; la mayoría de ellas, excelentes lectoras/es. Al principio, no lo tomé muy en cuenta, pero ‘tanto va el cántaro a la fuente…’ que al final terminé por buscarlo.
Este texto es una selección de cartas intercambiadas entre la autora, habitante de la ciudad de Nueva York, y un empleado de la firma Marks & Co. Libreros, ubicada en Londres, especializada en libros agotados, a partir de la respuesta a un anuncio efectuado a fines de 1949, y por espacio de casi veinte años. En el transcurso de ese lapso de tiempo, Hanff se vio imposibilitada –por falta de fondos- de viajar a la capital inglesa para conocer personalmente a su proveedor de libros raros y, cuando pudo hacerlo en 1971, éste ya había fallecido.
Esta interacción epistolar pone de manifiesto un sinnúmero de amables gestos de una y otra parte que acabaron convirtiendo a cliente y vendedor en sólidos amigos. El envío por correo, por parte de Hanff, de alimentos y artículos imposibles de adquirir en la Inglaterra de posguerra - debido al racionamiento impuesto por tal motivo- es retribuido por Frank Doel a través de la búsqueda y remito de los libros usados que aquella confiesa de su súbito interés, tarea ímproba para un país que se está rehaciendo.
Ese intercambio deriva también en saludos y agradecimientos de parte del resto del personal que se ve beneficiado junto a Doel y su familia por la generosa acción de Hanff en tiempos difíciles y austeros.
Lo paradójico del caso es que Hanff se ganó la vida escribiendo guiones para TV y obras de teatro –que jamás tuvieron repercusión-, y el éxito le llegó justamente al publicar estas cartas guardadas tan celosamente, algunos años después.
Si bien ya no existen ni los protagonistas ni la tienda de libros que da nombre a esta obra, al concluir la lectura el texto despierta la enorme curiosidad de visitar las inmediaciones de lo que otrora ha sido un bastión de abastecimiento intelectual, que a lo largo de décadas brindó servicios para ávidos y empedernidos lectores como quien esto escribe.
El libro es, entonces, en sí mismo, un testimonio de lo que la pasión por la literatura puede realizar aun entre desconocidos, geográficamente distantes, en condiciones sociales diferentes, pero unidos por el amor a los libros. E implícitamente, un agradecimiento a todos aquellos que con sus sugerencias, rastreos y consejos nutren nuestro placer cotidiano: la lectura.