I.
Me lo habían sugerido ya en 2008,
pero no había ejemplar disponible. Recién apareció por estas costas la edición
de marras hacia fines de 2011, y desde allí esperaba pacientemente. Intentando disminuir
la cantidad de títulos pendientes, lo seleccioné a principios del año en curso
sin saber en qué momento recalaría su lectura. Al iniciar otra obra, mucho más
demandante, quise compensarla con algo más ágil.
II.
Quien haya leído Alicia en el país de las maravillas
habrá de estar encantado de leer esta
obra. El argumento inicial es burdo: el protagonista necesita dinero para publicar
una obra sobre su numen inspirador: un ‘científico’ llamado De Selby quien, entre
sus muchos desvaríos, sostiene que el planeta no es casi esférico sino en forma
de salchicha. Para ello, cuenta con John Divney, un encargado de la tienda de
aquél, quien necesita dinero para formalizar su relación con su chica.
III.
Habiendo regresado en la
veintena, tras haberse quebrado una pierna -que fuera sustituida por una pata de palo-, y sin padres ni familia,
el protagonista –que no recuerda su nombre- acompaña a Divney para asesinar y robarle
a un viejo avaro cuando va camino de depositar su dinero. Divney se lleva el
botín para guardarlo en un cofre durante unos días. Cuando el tullido le pide su
parte, le indica que lo dejó en la casa del viejo; sólo tiene que ir a
buscarlo.
IV.
A partir de ese momento, comienzan a ocurrir
cosas raras: habla con el fantasma del muerto quien le indica que debe hallar
al tercer policía para recuperar el cofre. La comisaría parece bidimensional;
el sargento está obsesionado con el robo de bicicletas; a la eternidad se puede
acceder en ascensor –¡y se puede volver!-, y un sinnúmero de situaciones unas más
desopilantes que las otras se van dando cita sin solución de continuidad. O’Brien
hace gala de una imaginación frondosa, donde todo puede pasar –incluso, que un
grupo de lisiados con pata de palo vayan a liberar al protagonista-.
V.
De estilo fluido y coloquial, con escenas que bordean lo grotesco y lo bizarro, pero que arrancan las sonrisas del lector, en una espiral siempre in crescendo, O’Brien ofrece una novela tan original como divertida, donde el Infierno puede convertirse en un remolino con mucho de surrealista y de absurdo. Con un desenlace magnífico, que cierra de manera brillante el texto, es una obra para disfrutar y gozar de buena literatura. Muy recomendable.

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