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miércoles, 14 de octubre de 2020

Incunables 11. Atracción gravitatoria. Loxandra, María Iordanidu

Lumen, 2000 

I.

            Fue el lanzamiento de una nueva edición del título de marras –bajo otro sello editorial- el que hizo que le apuntara. La pesquisa me condujo a una primera edición, que la Fortuna me allegó a través del canal de libros usados. Se me hacía necesaria una obra amena, previendo lecturas de más largo aliento, y opté por ésta debido a su contenido.

II.

            Hay ocasiones en que una figura condensa en sí misma la realidad de toda una familia, un modo de vida, una cultura esparcida por doquier, como si en ella sola se pudiera resumir un período histórico y social. Para la autora, su abuela Loxandra encarnaba el centro de ese universo y Constantinopla, en la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, el lugar en el que ejercía esa suerte de atracción gravitatoria.

III.

            El libro no es una biografía, sino una novela que incluye hechos reales. Iordanidu focaliza la narración en la extendida comunidad griega que vivía en esa metrópoli, bisagra geográfica entre Oriente y Occidente, bajo el Imperio Otomano. Y lo hace describiendo el entorno de esta mujer singular -quien no solo criara a sus hermanos menores, sino también a sus propios hijos y a los cuatro que venían con su marido viudo-, desde el interior de la casa. En este sentido, el clima íntimo y familiar, con el bullicio propio de una dinámica vida social, dota al relato de versatilidad y fluidez, convirtiéndolo en un friso de época.

IV.

            Tan supersticiosa como generosa, Loxandra está pendiente de todo aquello que la rodea. Amores y desavenencias, bodas y sepelios, nada escapa a su interés. Ella es la gran protagonista de un mundo que va cambiando. Las luchas étnicas, la aparición de los nacionalismos y el deterioro del Imperio sólo se dejan entrever mediante una mínima alusión a lo que ocurre en la calle. Esto también es un acierto, pues los sucesos externos temporalizan la historia sin interrumpir el núcleo narrativo ni perder intimidad.

V.

            Con una prosa coloquial de estilo costumbrista, diálogos y escenas bien construidos, Iordanidu nos lleva a una ciudad y un período en que la magia de la vida era pura efervescencia, con una figura señera, que tal vez la Justicia –a sabiendas de lo que sobrevendría- haya hecho desaparecer junto con su tiempo. Una novela que se devora, capaz de deleitar a cualquier lector.