jueves, 26 de marzo de 2026

e-book 203. Cotilleos alrededor del Rey Sol. El jardinero del Rey, Frédéric Richaud

Duomo, 2015

 I.

               Era llamativa la portada, no solo por su cuidada imagen sino porque se promocionaba como una novela de culto para las próximas generaciones de ecologistas, aparecida en un semanario europeo. Fue uno de los primeros libros en versión digital que obtuve, pero no encontré a lo largo de una década la ocasión para encararlo. Ahora, decidí alternar con él entre otras lecturas más demandantes.

II.

               Richaud rescata del olvido un personaje que, si bien puede resultar menor, también podría haber cobrado trascendencia debido al desempeño de un oficio que, no por poco atractivo entrañaba menores riesgos: ser nada menos que el jardinero del palacio de Versalles durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol. Para colmo, en momentos donde el monarca no sólo dio órdenes de ampliar las instalaciones edilicias sino hacer de ella su lugar de residencia junto a la corte que le acompañaba, alrededor de un centenar de personas.

III.

                Así, es la figura de Jean-Baptiste de La Quintinie la verdadera protagonista de esta novela, que comienza en 1674 y por espacio de varios años será el responsable de los jardines y también de desarrollar huertos para abastecer la ingesta real y de su corte, de manera cotidiana y oportuna. Alejado de los frentes de batalla de las sucesivas guerras que el rey mismo dirigía con un par de comandantes leales, su tarea no era menor, la cual requería de un personal numeroso en cada una de las áreas de aprovisionamiento, sin inmiscuirse en las intrigas palaciegas, las falsas delaciones de traición o los envenenamientos oficiosos que pululaban en su derredor.

La versión digital, gentileza de EpubLibre

IV.

               La Quintinie no se encuentra solo; lo acompañan un par de conocidos suyos, confiables, y un amigo con quien se cartea frecuentemente, Philippe de Neuville, quien fuera compañero de estudios en Derecho. Neuville, en tiempos tan tempestuosos, no se arredra para escribir libelos (sic) en contra de la realeza, en aquellos temas que considera se deben mejorar. El intercambio epistolar es un buen recurso para dejarle saber al lector el clima de época, los avances tecnológicos, la vida de la población iletrada, etc. Es el real condimento del texto.

V.

               De estilo ameno y coloquial, con buenos diálogos y descripciones del entorno palaciego, el texto resulta fluido, sin declinar la tensión hasta el desenlace. No habré aprendido mucho sobre jardinería y horticultura, pero al concluirlo me queda un buen sabor de boca, como el de un vino añejo y cuidado. Los ecologistas, de parabienes.

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