Cátedra, 1994
I.
Cumplo en saldar una deuda
conmigo mismo. Aproveché la creación de un club de lectura de clásicos, que
proponía este título, para efectuar su relectura.
Los numerosos participantes aportaron opiniones sobre aspectos en los que
quizás no hube de reparar cuando la encarara, hace más de un cuarto de siglo, volviéndola
mucho más enriquecedora con el intercambio, a lo largo de un par de meses. Siendo
una obra cumbre de la literatura universal y conocida por la inmensa mayoría de
lectores, sólo habré de restringirme a exponer algunas reflexiones.
II.
La historia es conocida. Anna
Oblonsky está casada con Alexei Karenin, un hombre fuerte del Estado en la
Rusia zarista, a través de un matrimonio concertado, sin amor. Ambientada hacia
fines de 1860, ella guarda hacia su pequeño hijo el amor que le es esquivo con
su marido, siempre frío y distante. Cultiva las reuniones de la alta sociedad
rusa, repartida entre Moscú y San Petersburgo. Dotada de una belleza sin par y
dueña de un gran poder de seducción, toda su firmeza comienza a desmoronarse
cuando un joven aristócrata militar, Vronski, comienza a cortejarla, logrando
su amor y el posterior abandono del hogar conyugal.
III.
Paralelamente se desarrolla la
historia de Konstantin Lievin, un terrateniente treintón al frente de un
latifundio rural, enamorado de la pequeña cuñada de Anna, quien además de
hacerse cargo de las tareas de producción propia, comienza a preguntarse por la
razón de su existencia. Acompañan estas tramas un puñado de personajes
importantes, como Stepán, el hermano simpático y adúltero de Anna, su
observadora esposa, Dolly, y un coro de personajes circunstanciales, que responden
al clima de época.
IV.
Dividida en ocho partes, la
novela es poliédrica. No sólo está la trama narrativa de dos familias que
pueden compararse –una, en entorno rural y la otra, urbana- sino que además
Tolstói añade a ella sus propias ideas acerca de la educación del campesinado,
las dudas en las creencias religiosas, el rol de la burocracia política en el
ascenso social y la búsqueda de las razones de nuestra existencia, en una
atmósfera de acendrada hipocresía, donde la condena al vacío y aislamiento
consiguiente no se hace esperar para quienes no cumplan con el decoro que ella
misma exige. Así, alcanzar la efímera felicidad parece parte de un sueño eterno.
V.
De estilo fluido y coloquial, este
extenso texto incluye un mayúsculo trabajo de elaboración psicológica de los
personajes, donde cada uno obedece a un estereotipo diferente, logrando una
mirada de conjunto abarcadora de la totalidad de la sociedad de su tiempo. En
suma, una obra colosal que hará las delicias de todo buen lector. Para leer y
releer, con tiempo.

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