martes, 31 de marzo de 2026

La felicidad es un sueño eterno. Anna Karénina, Lev Tolstói

Cátedra, 1994

I.

               Cumplo en saldar una deuda conmigo mismo. Aproveché la creación de un club de lectura de clásicos, que proponía este título, para efectuar su relectura. Los numerosos participantes aportaron opiniones sobre aspectos en los que quizás no hube de reparar cuando la encarara, hace más de un cuarto de siglo, volviéndola mucho más enriquecedora con el intercambio, a lo largo de un par de meses. Siendo una obra cumbre de la literatura universal y conocida por la inmensa mayoría de lectores, sólo habré de restringirme a exponer algunas reflexiones.

II.

               La historia es conocida. Anna Oblonsky está casada con Alexei Karenin, un hombre fuerte del Estado en la Rusia zarista, a través de un matrimonio concertado, sin amor. Ambientada hacia fines de 1860, ella guarda hacia su pequeño hijo el amor que le es esquivo con su marido, siempre frío y distante. Cultiva las reuniones de la alta sociedad rusa, repartida entre Moscú y San Petersburgo. Dotada de una belleza sin par y dueña de un gran poder de seducción, toda su firmeza comienza a desmoronarse cuando un joven aristócrata militar, Vronski, comienza a cortejarla, logrando su amor y el posterior abandono del hogar conyugal.

III.

               Paralelamente se desarrolla la historia de Konstantin Lievin, un terrateniente treintón al frente de un latifundio rural, enamorado de la pequeña cuñada de Anna, quien además de hacerse cargo de las tareas de producción propia, comienza a preguntarse por la razón de su existencia. Acompañan estas tramas un puñado de personajes importantes, como Stepán, el hermano simpático y adúltero de Anna, su observadora esposa, Dolly, y un coro de personajes circunstanciales, que responden al clima de época.

IV.

               Dividida en ocho partes, la novela es poliédrica. No sólo está la trama narrativa de dos familias que pueden compararse –una, en entorno rural y la otra, urbana- sino que además Tolstói añade a ella sus propias ideas acerca de la educación del campesinado, las dudas en las creencias religiosas, el rol de la burocracia política en el ascenso social y la búsqueda de las razones de nuestra existencia, en una atmósfera de acendrada hipocresía, donde la condena al vacío y aislamiento consiguiente no se hace esperar para quienes no cumplan con el decoro que ella misma exige. Así, alcanzar la efímera felicidad parece parte de un sueño eterno.

V.

               De estilo fluido y coloquial, este extenso texto incluye un mayúsculo trabajo de elaboración psicológica de los personajes, donde cada uno obedece a un estereotipo diferente, logrando una mirada de conjunto abarcadora de la totalidad de la sociedad de su tiempo. En suma, una obra colosal que hará las delicias de todo buen lector. Para leer y releer, con tiempo.

 

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