Concreto, 2025
I.
Fui el responsable de la lectura
conjunta, al ser propuesto entre otros títulos por la Arquitecta. Habitualmente, nos allega libros que, de por sí, no
elegiría; por eso espero con ansias sus opciones, para incursionar en letras
que no son de mi agrado, generalmente novedades. Lo que llamó mi atención en
esta ocasión fue que había sido obsequio de su hermana mayor. Me pregunté qué
imagen de una persona debe tener quien regala un libro a otra –que no siempre
coincide con la de un tercero, aun siendo el mismo destinatario-.
II.
Esta breve novela, premio
Estímulo a la Escritura en Narrativa Breve 2022, editada bajo el sello de una
tan novel como ignota editorial, tiene una narradora, quien parece explicarle a
la autora –porque se dirige a una tal Camila-, la vida de las mujeres de su
familia, que le dieron origen e identidad. Así, mientras repasa las
características más sobresalientes de su bisabuela Julia, su voluptuosa y rubia
abuela Lucía, su ausente madre Silvia –fallecida cuando Camila era niña- y su sustituta,
Adriana, la autora va tejiendo una historia que la tiene como protagonista.
III.
Es una voz en sueños la que impulsa su
escritura. Descendiente de indias, criollas y gringas, Camila parece ser
producto de múltiples cruces: en ella convergen razas, geografías, anhelos de
liberación y una defensa activa de los derechos de las mujeres, aun bajo el rol
de docente del área de Letras. Porque enseñar también es una militancia: es hacer patria.
IV.
El título, entonces, alude a distintas
acepciones. Por un lado, están las ciudades (Rosario, Merlo -San Luis-, las
sierras de Córdoba) que la protagonista recuerda ir cruzando en un plateado Ford
Falcon Deluxe 1968. Luego está la necesidad de abandonar lo conocido y –metafóricamente-
cruzar una frontera a través de la escritura para adentrarse en la búsqueda de
una identidad, buceando en el pasado familiar. Finalmente, al encarnar el
cruzamiento de generaciones, razas y deseos Camila se vuelve una pasajera en
tránsito: en trance perpetuo hacia la pertenencia.
V.
Con una prosa que muchas veces se
acerca a lo poético, poblada de imágenes naturales –amapolas, girasoles,
caballos, mulas, ríos, etc.- que representan sendos símbolos narrativos y
dotada de un nervio conductor –la savia, que se vuelve sangre, y la sangre que
se vuelve tinta-, Vázquez ofrece una obra que podría enmarcarse en la autoficción, o ficción del yo, pero lo realiza de manera original, versátil y
fluida. En suma, una bocanada de aire renovado sobre un tema tan trillado como es
el intento de explicarnos quiénes somos. Auspicioso debut de la autora.

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