RBA, 1995
I.
No iba a desaprovechar la ocasión
tras tantos años de espera, apenas fue propuesto. Siendo, probablemente, el
texto más abstruso y complejo de Faulkner, a la vez que vanguardista, parecía
más que adecuado para leer y debatir en grupo. Lo cierto es que, si bien no ha
sido de fácil lectura para la mayoría, los abandonos fueron mínimos pues la
sinergia emergente entre todos ejerció como aliento colectivo, permitiendo
alcanzar un nutritivo debate final acerca de las distintas miradas y
consiguientes interpretaciones.
II.
Ambientado en Jefferson, capital
del ficticio condado de Yoknapatawpha, hacia la Fiesta de Pascua de 1928, y por
espacio de tres días, con una referencia a un suceso ocurrido en 1910, Faulkner
narra la decadencia de la familia Compson, que supo otrora pertenecer a la
élite sureña, herederos de latifundios productores de algodón, y que en los
últimos años tuvieron que deshacerse no solo de terrenos, sino también de
muebles, antes de caer en el descrédito y la ignominia. Lo que se dice, una
familia barranca abajo.
III.
Muertos ya el padre y el
primogénito de sus cuatro hijos, con una hija alejada del solar familiar –aunque
dejando a su propia hija al cuidado del resto- y con el menor de los hermanos
discapacitado mental, es Jason, el tercero de los hijos, quien intenta sobrellevar
la ahora exigua vida de sus moradores especulando en la Bolsa con los escasos
bienes que restan, mientras masculla su resentimiento por no haber gozado de
los beneficios de sus hermanos mayores.
IV.
La novela consta de cuatro partes, narradas
por tres protagonistas y un narrador externo que centra su mirada en la
responsable de la servidumbre. Las dos primeras resultan cuanto menos muy
arduas, puesto que cuesta entender quién se encarga de la narración y el estado
interno de ese personaje en el momento de hacerlo. A medida que se progresa, el
lector puede comenzar a componer una suerte de rompecabezas, donde la
temporalidad está rota y donde el flujo de conciencia que atraviesa en gran
medida las páginas dificulta aun más su comprensión. No obstante, es esa
construcción fragmentada la que vuelve original a todo el texto.
V.
De estilo directo, con el uso de
párrafos en letra cursiva –que denotan cambios temporales o narrativos-; por
momentos sin éstos ni tampoco puntuación que sirva de aviso, el lector debe
entregarse a una lectura más emocional que racional para ir desbrozando el
camino y así rearmar el universo familiar, su historia y su devenir. En suma,
es una obra colosal que supone todo un desafío. No apta como umbral para
adentrarse en las letras de Faulkner. Tal es así, que pasados dieciséis años de
su publicación, su editor sugirió al autor construir un Apéndice aclaratorio,
para enfrentar las dudas que pudieran subsistir. Para leer –y releer- con mucho
tiempo.

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