domingo, 23 de agosto de 2026

Barranca abajo. El ruido y la furia, William Faulkner

RBA, 1995

I.

               No iba a desaprovechar la ocasión tras tantos años de espera, apenas fue propuesto. Siendo, probablemente, el texto más abstruso y complejo de Faulkner, a la vez que vanguardista, parecía más que adecuado para leer y debatir en grupo. Lo cierto es que, si bien no ha sido de fácil lectura para la mayoría, los abandonos fueron mínimos pues la sinergia emergente entre todos ejerció como aliento colectivo, permitiendo alcanzar un nutritivo debate final acerca de las distintas miradas y consiguientes interpretaciones.

II.

               Ambientado en Jefferson, capital del ficticio condado de Yoknapatawpha, hacia la Fiesta de Pascua de 1928, y por espacio de tres días, con una referencia a un suceso ocurrido en 1910, Faulkner narra la decadencia de la familia Compson, que supo otrora pertenecer a la élite sureña, herederos de latifundios productores de algodón, y que en los últimos años tuvieron que deshacerse no solo de terrenos, sino también de muebles, antes de caer en el descrédito y la ignominia. Lo que se dice, una familia barranca abajo.

III.

               Muertos ya el padre y el primogénito de sus cuatro hijos, con una hija alejada del solar familiar –aunque dejando a su propia hija al cuidado del resto- y con el menor de los hermanos discapacitado mental, es Jason, el tercero de los hijos, quien intenta sobrellevar la ahora exigua vida de sus moradores especulando en la Bolsa con los escasos bienes que restan, mientras masculla su resentimiento por no haber gozado de los beneficios de sus hermanos mayores.

IV.

                La novela consta de cuatro partes, narradas por tres protagonistas y un narrador externo que centra su mirada en la responsable de la servidumbre. Las dos primeras resultan cuanto menos muy arduas, puesto que cuesta entender quién se encarga de la narración y el estado interno de ese personaje en el momento de hacerlo. A medida que se progresa, el lector puede comenzar a componer una suerte de rompecabezas, donde la temporalidad está rota y donde el flujo de conciencia que atraviesa en gran medida las páginas dificulta aun más su comprensión. No obstante, es esa construcción fragmentada la que vuelve original a todo el texto.

V.

               De estilo directo, con el uso de párrafos en letra cursiva –que denotan cambios temporales o narrativos-; por momentos sin éstos ni tampoco puntuación que sirva de aviso, el lector debe entregarse a una lectura más emocional que racional para ir desbrozando el camino y así rearmar el universo familiar, su historia y su devenir. En suma, es una obra colosal que supone todo un desafío. No apta como umbral para adentrarse en las letras de Faulkner. Tal es así, que pasados dieciséis años de su publicación, su editor sugirió al autor construir un Apéndice aclaratorio, para enfrentar las dudas que pudieran subsistir. Para leer –y releer- con mucho tiempo.

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