martes, 18 de agosto de 2026

La gran epopeya sureña. Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell

RBA, 1993

I.

               Esperaba en el tótem desde la fecha de publicación. Más de una vez me sentí tentado de encararlo, pero su voluminosa figura me disuadía. Es que los avatares del diario trajín atentan contra cualquier ejemplar que ronde el millar de páginas, como el presente. Tras el anuncio de su lectura a otros miembros del grupo, sólo uno –y con retrasos- me acompañó en esta quimera.

II.

               La historia se ambienta en el estado de Georgia, desde poco antes de la Guerra de Secesión norteamericana (1861 – 1865) hasta entrados los años ’70 de ese siglo. La familia O’Hara cuenta con Tara, una próspera plantación de algodón que, al igual que sus vecinos, explota bajo el sistema esclavista de trabajadores negros, quienes también se ocupan de la servidumbre familiar. El matrimonio cuenta con tres hijas, destacándose entre ellas la mayor y más mimada: Scarlett. Acompañan a la heroína un puñado de personajes tan protagonistas como ella: el honorable Ashley Wilkes –de quien se encuentra enamorada-; una prima de éste, Melanie Hamilton, con quien contraerá matrimonio y Rhett Butler, un especulador que se vale del contrabando.

III.

               Dividida en cinco partes, la novela narra –desde el punto de vista sureño- cómo era la vida antes de la guerra y cómo fue cambiando a medida que las sucesivas derrotas comenzaron a amenazar el estilo de vida, hasta culminar con una rendición que condujo al hambre y la pobreza extrema. Alternando entre Atlanta y Jonesboro, el texto expone no solo la dominación yanqui, sino también los años de Reconstrucción, caracterizados por el ascenso de arribistas que expoliaban a los derrotados a través de impuestos, y las vejaciones a que eran sometidos los mismos por quienes fueran sus esclavos, ahora libertos gracias al respaldo del ejército vencedor.

IV.

                Rescato los dos planos en que se divide la obra. Primero, está el acontecer entre los personajes principales: a un par de pícaros e inescrupulosos Scarlett y Rhett, capaces de cualquier cosa con tal de ganar dinero, Mitchell les opone el instruido, culto y respetuoso matrimonio Wilkes, que aun en la miseria siguen representando la educada, culta e hidalga sociedad sureña de antaño. Luego, la autora se vale de la trama de sus protagonistas para testimoniar a lo largo de algo más de una década las transformaciones sociales que fueron modelando a los ciudadanos en su intento por sobrevivir, primero, y prosperar, después.

V.

               De estilo coloquial y ameno, con múltiples escenas que reparten risas y emociones por igual, Mitchell entrega una epopeya única, con una tensión narrativa que permanece hasta el desenlace. Párrafo aparte merece la realización que dirigiera Victor Fleming en 1939 para la pantalla grande, basada en esta novela que, si bien ya había recibido el Premio Pulitzer en 1937, la catapultó a la fama mundial, convirtiéndola en un superventas. Tan extensa como entretenida. 

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