I.
Fue propuesto durante el cierre
de un libro anterior, como al pasar, sin ahondar mucho en el contenido. Traía
un incentivo extra, a lo exiguo de su costo: para la reunión final habría de
asistir su autora. Como no frecuento letras locales –y quien me proveía de esos
títulos se llamó a cuarentena-, aproveché
la ocasión para renovar contacto con novel autora.
II.
Harmonica es la tercera de cuatro
hermanos, ella y su hermana menor nacidas en Francia, hijos todos de una pareja
de exiliados argentinos durante la última dictadura que viven en los suburbios
de París. Narrado en primera persona, la novela se divide en tres partes. En la
primera se presenta la multitud de personajes familiares con su historia a
cuestas. En la segunda, se habla sobre la llegada de Harmonica a Argentina,
como jurista especializada en crímenes de lesa humanidad -quien acaba de romper
con su pareja-, y en la tercera, se recoge lo sucedido durante los siete días
que su madre la visita en Buenos Aires.
III.
Un padre de origen judío y
burgués, militante de izquierda en los candentes años ’70 de Argentina, se ve
obligado a poner rumbo al exterior, llevándose a su hijo de dos años y a su bebé
de meses junto a su esposa. Radicados en París, con el tiempo la familia ha
crecido; el cambio de hábitat a una casa más grande y espaciosa es su señal. Si
bien todos se esfuerzan por mantener el equilibrio interno, existen prístinos
silencios que hacen difícil la convivencia. Máxime cuando la lengua que se
maneja entre todos no es aquella en la que se guardan secretos y angustias que
toda familia conlleva.
IV.
Es de destacar tres grandes aciertos de su
autora. Uno, haber escrito la obra en español y no en francés, consolidando así
las expresiones que le brindan frescura y fluidez a todo el texto. Luego, no remitirse
a un testimonio, sino que utiliza ser hija de exiliados para plantear algo más
evanescente pero importante: el desarraigo lingüístico –y, por extensión,
cultural- de quienes se refugian en otras geografías y que se ven obligados a
callar. Por último, los cambios de registros narrativos –capítulos con títulos,
que trocan en fechas de un diario y de ahí a una enumeración de los días- hacen
del conjunto una novela tan versátil como comprometida.
V.
De estilo directo, con cierto tono infantil –propio de quien no maneja el idioma en que se expresa-, descripciones precisas de sentires y escenas desopilantes que arrancan sonrisa o carcajada –una madre extasiada con canciones de Julio Iglesias o madre e hija plantando en la ESMA –de manera clandestina, obvio, un ginkgo biloba-, hacen de la novela una lectura entretenida. Para brindarle una oportunidad.
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