jueves, 17 de septiembre de 2026

Silencios del desarraigo. Una familia bajo la nieve, Monica Zwaig


 Blatt & Ríos, 2026

I.

               Fue propuesto durante el cierre de un libro anterior, como al pasar, sin ahondar mucho en el contenido. Traía un incentivo extra, a lo exiguo de su costo: para la reunión final habría de asistir su autora. Como no frecuento letras locales –y quien me proveía de esos títulos se llamó a cuarentena-, aproveché la ocasión para renovar contacto con novel autora.

II.

               Harmonica es la tercera de cuatro hermanos, ella y su hermana menor nacidas en Francia, hijos todos de una pareja de exiliados argentinos durante la última dictadura que viven en los suburbios de París. Narrado en primera persona, la novela se divide en tres partes. En la primera se presenta la multitud de personajes familiares con su historia a cuestas. En la segunda, se habla sobre la llegada de Harmonica a Argentina, como jurista especializada en crímenes de lesa humanidad -quien acaba de romper con su pareja-, y en la tercera, se recoge lo sucedido durante los siete días que su madre la visita en Buenos Aires.

III.

               Un padre de origen judío y burgués, militante de izquierda en los candentes años ’70 de Argentina, se ve obligado a poner rumbo al exterior, llevándose a su hijo de dos años y a su bebé de meses junto a su esposa. Radicados en París, con el tiempo la familia ha crecido; el cambio de hábitat a una casa más grande y espaciosa es su señal. Si bien todos se esfuerzan por mantener el equilibrio interno, existen prístinos silencios que hacen difícil la convivencia. Máxime cuando la lengua que se maneja entre todos no es aquella en la que se guardan secretos y angustias que toda familia conlleva.

IV.

                Es de destacar tres grandes aciertos de su autora. Uno, haber escrito la obra en español y no en francés, consolidando así las expresiones que le brindan frescura y fluidez a todo el texto. Luego, no remitirse a un testimonio, sino que utiliza ser hija de exiliados para plantear algo más evanescente pero importante: el desarraigo lingüístico –y, por extensión, cultural- de quienes se refugian en otras geografías y que se ven obligados a callar. Por último, los cambios de registros narrativos –capítulos con títulos, que trocan en fechas de un diario y de ahí a una enumeración de los días- hacen del conjunto una novela tan versátil como comprometida.

V.

               De estilo directo, con cierto tono infantil –propio de quien no maneja el idioma en que se expresa-, descripciones precisas de sentires y escenas desopilantes que arrancan sonrisa o carcajada –una madre extasiada con canciones de Julio Iglesias o madre e hija plantando en la ESMA –de manera clandestina, obvio, un ginkgo biloba-, hacen de la novela una lectura entretenida. Para brindarle una oportunidad.

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