sábado, 17 de octubre de 2026

Asedios. Milkman, Anna Burns


Alianza, 2019

 I.

               Fue en el intercambio literario tras el cierre de una lectura conjunta que una ciudadana británica me recomendó libro y autora, de quienes no tenía noticias a la fecha. Reforzó la misma expresando que se había alzado con el Booker Prize en su edición de 2018 y existía una traducción al español que circuló en su momento. Accedí rápidamente a la versión digital, pero se me dio por buscar su existencia en papel y logré hallar un ejemplar en el circuito de libros usados.

II.

               La narradora, una joven de dieciocho años a quien su familia nombra como la hermana del medio mantiene una relación sentimental con un medio novio, con quien no se decide a comprometerse formalmente. De pronto, es perseguida y acosada por ‘el lechero’, un hombre casado con el que conviene no involucrarse. Pero la gente que la observa desata una multitud de habladurías que la sindican como novia de aquél, sin fundamentos válidos.

III.

               Ambientada hacia fines de la década de los años ’70, en medio de los disturbios generados por la lucha entre unionistas al Reino Unido (en su mayoría, protestantes) y los republicanos irlandeses (en su mayoría, católicos) –que tantas vidas costara a lo largo de treinta años-, la protagonista se ve asediada en varios planos: primero, en el político, porque quien la acosa es un reconocido paramilitar con contactos con los opositores; luego, por su propia madre, que la fustiga para que se case en breve –con un católico, claro- y así genere familia con descendientes. Finalmente, por su ‘mejor amiga’ que le hace notar que su tozudez de andar por la calle leyendo –evadiéndose de lo que ocurre en el entorno- sólo la perjudica aun más en la mirada social.

IV.

                Destaco la construcción de este thriller psicológico, donde todo hecho cotidiano u opinión personal se politiza: o estás con los nuestros o eres un traidor, sin términos medios. A ello, se le debe sumar la presión socio familiar (con un hermano muerto y otro oculto, supuestos miembros del IRA) para que se comprometa en una relación formal, y la existencia de personajes secundarios que estimulan la atmosfera opresiva en la que la muchacha se desenvuelve –una envenenadora demente, un matón con intenciones de violarla, etc.-. Todo esto, unido a cierta dosis de humor, mientras ella intenta evitar por todos los medios de encontrarse con su acosador, hacen que la novela se vuelva trepidante.

V.

               De estilo ameno y coloquial, donde abundan los eufemismos –los de la otra orilla, nuestros rebeldes- y casi sin nombres propios, Burns ofrece un trabajo sólido que atrapa y divierte por igual, alcanzando un desenlace que se atisba desde las primeras páginas, sin perder tensión narrativa. Una verdadera joyita que hará las delicias de todo buen lector, si no le resulta ominosa.

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