Minotauro, 2018
II.
Esperaba, como la mayoría que
pertenece a esta colección, su momento. Al no visitar tan a menudo libros de
relatos y, menos, de ciencia – ficción, intercalé el volumen entre otros
títulos más frondosos. La obra se
compone de una Introducción a cargo del autor, un prólogo con el título de
marras, un epílogo -que retoma el prólogo- y entre ambos, una serie de cuentos
de variada extensión. Esta edición traducida responde a la de Avon Books, de
1997 y de William Morrow, de 2001 –omite Los
globos de fuego y añade El Hombre
Ilustrado al final de la misma-.
III.
Su presentación, cuanto menos,
resulta muy original. En el Prólogo, el narrador se encuentra con un hombre con
una particularidad: está totalmente tatuado. Aparentemente, una hechicera capaz
de viajar en el tiempo había realizado el trabajo, con una condición: cada uno
de los dieciocho tatuajes compone una historia que, durante la noche puede desplazarse,
cobrando vida narrativa. Por consiguiente, el lector se adentrará en cada una
de ellas, a partir de allí.
IV.
Una nave espacial arriba a un
planeta pero nadie sale a recibirla; unos padres permisivos dejan que sus hijos
jueguen en una jungla a través de una pantalla; la tripulación de una nave es
despedida al Cosmos tras un impacto; un matrimonio intenta refugiarse de una
guerra biológica navegando en el tiempo; un hombre compra un robot idéntico a
él para zafar de su esposa, son algunos de los tópicos compilados en este
volumen hacia 1951, donde el hilo conductor reposa en una mirada crítica acerca
de la frialdad que caracteriza a la tecnología, mientras explora la psicología
humana -sentimientos de soledad, culpa, predación, vacío, etc.- en universos
posibles.
V.
De estilo coloquial, ameno y directo, con
construcciones imaginativas y una elegancia narrativa más que precisa, Bradbury
indaga el comportamiento humano en situaciones límites, como la búsqueda de
amparo bajo una lluvia densa que nunca se detiene o la necesidad de ver crecer
a un hijo cuando el padre es enviado a misiones espaciales que duran meses.
Para quien desee iniciarse en la narrativa del autor, es un libro más que
adecuado; mantiene la tensión en cada relato y deja material para la reflexión.
Un libro que no dejará a nadie indiferente.
I.
Poco antes de renunciar, dijo que éramos un grupo
que le resultaba abiertamente hostil. Así era; el año anterior sólo seis de la
veintena que componía el curso no suspendió su asignatura. Pasé el verano siguiente
auxiliando a mis compañeros para que los daños fueran menores. Pero en ese
efervescente 1977 me hizo descubrir a Bradbury a través de La larga lluvia y despertó mi curiosidad sobre sci-fi. Luego vinieron Elton John y Bernie Taupin, e hicieron otro
tanto con Rocket Man, también
incluido en el libro. Me juré que algún día lo leería al completo. Casi medio
siglo después, cumplo. Sirva de pequeño homenaje a Ana M. Salemme, mi profesora
de Literatura.

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