viernes, 2 de octubre de 2026

Promesa cumplida. El hombre ilustrado, Ray Bradbury

Minotauro, 2018

II.

               Esperaba, como la mayoría que pertenece a esta colección, su momento. Al no visitar tan a menudo libros de relatos y, menos, de ciencia – ficción, intercalé el volumen entre otros títulos más frondosos. La obra se compone de una Introducción a cargo del autor, un prólogo con el título de marras, un epílogo -que retoma el prólogo- y entre ambos, una serie de cuentos de variada extensión. Esta edición traducida responde a la de Avon Books, de 1997 y de William Morrow, de 2001 –omite Los globos de fuego y añade El Hombre Ilustrado al final de la misma-.

III.

               Su presentación, cuanto menos, resulta muy original. En el Prólogo, el narrador se encuentra con un hombre con una particularidad: está totalmente tatuado. Aparentemente, una hechicera capaz de viajar en el tiempo había realizado el trabajo, con una condición: cada uno de los dieciocho tatuajes compone una historia que, durante la noche puede desplazarse, cobrando vida narrativa. Por consiguiente, el lector se adentrará en cada una de ellas, a partir de allí.

IV.

               Una nave espacial arriba a un planeta pero nadie sale a recibirla; unos padres permisivos dejan que sus hijos jueguen en una jungla a través de una pantalla; la tripulación de una nave es despedida al Cosmos tras un impacto; un matrimonio intenta refugiarse de una guerra biológica navegando en el tiempo; un hombre compra un robot idéntico a él para zafar de su esposa, son algunos de los tópicos compilados en este volumen hacia 1951, donde el hilo conductor reposa en una mirada crítica acerca de la frialdad que caracteriza a la tecnología, mientras explora la psicología humana -sentimientos de soledad, culpa, predación, vacío, etc.- en universos posibles.

V.

                De estilo coloquial, ameno y directo, con construcciones imaginativas y una elegancia narrativa más que precisa, Bradbury indaga el comportamiento humano en situaciones límites, como la búsqueda de amparo bajo una lluvia densa que nunca se detiene o la necesidad de ver crecer a un hijo cuando el padre es enviado a misiones espaciales que duran meses. Para quien desee iniciarse en la narrativa del autor, es un libro más que adecuado; mantiene la tensión en cada relato y deja material para la reflexión. Un libro que no dejará a nadie indiferente.

I.

Poco antes de renunciar, dijo que éramos un grupo que le resultaba abiertamente hostil. Así era; el año anterior sólo seis de la veintena que componía el curso no suspendió su asignatura. Pasé el verano siguiente auxiliando a mis compañeros para que los daños fueran menores. Pero en ese efervescente 1977 me hizo descubrir a Bradbury a través de La larga lluvia y despertó mi curiosidad sobre sci-fi. Luego vinieron Elton John y Bernie Taupin, e hicieron otro tanto con Rocket Man, también incluido en el libro. Me juré que algún día lo leería al completo. Casi medio siglo después, cumplo. Sirva de pequeño homenaje a Ana M. Salemme, mi profesora de Literatura.

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