domingo, 17 de enero de 2016

Enajenaciones. Lea, Pascal Mercier


Cántaro, 2008

           Lo apunté apenas salió, después de haber leído un comentario en una revista local. Pasaron varios años sin noticias de él. Una tarde, al intentar retirar otro título por una librería sita dentro de un shopping, posé mi vista en uno de sus numerosos anaqueles, lo vi y lo llevé. Una recomendación posterior lo puso entre los elegidos.

              Dos hombres adultos se conocen por casualidad en un café de Saint-Rémy, Provence, una mañana ventosa. Martijn van Vliet pasa unos días allí para recordar a su hija, mientras que el cirujano Adrian Herzog visita a su hija Leslie, después de haberse acogido a los beneficios de una jubilación anticipada. El regreso de ambos a Berna en el móvil del primero no sólo nos permite conocer en detalle su historia sino también la del propio Herzog, en una suerte de recorridos paralelos.

            La muerte de Cécile, madre de Lea, cuando ésta contaba con siete años, dispara la narración. Al llegar a una boca de subterráneo, Lea queda fascinada por el sonido de un violín ejecutado magníficamente por una artista callejera y decide dedicarse por entero a su estudio. Para ello acude a tomar clases con Marie Pasteur, una antigua concertista. Entre ellas se establecerá una relación con mucho de mística, hasta que en el horizonte aparezca el viejo rival de Pasteur y arrebate a su pupila para una mejor preparación musical. A partir de allí, aparecerán los primeros síntomas de desórdenes mentales de Lea, hasta su internación y posterior deceso.

            Pero a la vez que van Vliet va adentrándose en la trágica vida de Lea, Herzog comienza su propia evaluación sobre su vida, familiar y profesional. Un padre viudo, atormentado, que sólo vive para su hija y llega hasta el desfalco y la humillación por hacerle frente a la creciente enfermedad de Lea, da paso a la larga ausencia del otro padre –Herzog- tanto frente a su ex -esposa como a su hija, y a la pérdida de confianza en sus manos, el otro instrumento involucrado.

            Una rara simbiosis de dos protagonistas que no son amigos ni siquiera conocidos, pero que se necesitan mutuamente mientras regresan a lo que queda de sus vidas; el sometimiento neurótico de uno a los designios de su hija y el supino desinterés del otro por la suya, en una suerte de juego de espejos, y la sensación de enajenación que sobrevuela por toda la obra son los puntos destacables de la misma. 

         Con un estilo fluido y coloquial y una exquisita elaboración de sus personajes, Mercier indaga sobre nuestros vínculos más directos. ¿Pueden personas que habitan nuestro círculo íntimo convertirse alguna vez en las más absolutas desconocidas? Ése parece ser el dilema que el autor nos allega en un libro por demás interesante.

10 comentarios:

  1. "Tren nocturno a Lisboa" de Mercier es una de las mejores novelas que he leído jamás, así que me apunto "Lea" y ahora mismo me marcho en su busca. Besos

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    1. Gracias por tu reconocimiento, Agnieszka. Es una obra posterior a la que has leído, pero ha sido la primera
      que adquirí y respeté su primogenitura. No obstante, tengo su anterior esperando.
      Es rara; de mucha elaboración psicológica de sus protagonistas y de llamadas a reflexión a los lectores. Pero su lectura no es tiempo perdido.
      Un beso grande.

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  2. Opino lo mismo que Agnieszka respecto a Tren nocturno a Lisboa, me encantó la novela, de lo mejor que he leído. Lea parece que puede ir en la línea de la otra novela en la que el autor indaga en las mil y una concesiones que el ser humano lleva a cabo para huir de la soledad. En Tren nocturno el autor plantea algunas preguntas como: ¿qué sucedería si fuéramos fieles a nosotros mismos? ¿Por qué perdemos el tiempo en banalidades y dejamos aparcados deseos largamente acariciados para un tiempo posterior que luego nunca llega? No sé si aparecen en esta las mismas preocupaciones.

    En todo caso sí parece que los personajes de Lea nos pueden turbar con sus reflexiones.

    Si que puede ocurrir, puede pasar que personas cercanas se pueden convertir en desconocidos, a veces por minucias, algo que a mi me deja consternada cuando sucede.

    Abrazos!!

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    1. Hay partes cuyo llamado a la reflexión trasciende el propio texto, U-to. En general, tiene un perfil mucho más psicológico que narrativo. Pero me ha gustado, aunque reconozco que puede volverse denso de a ratos.
      En otro orden, me ha pasado esto que plantea la novela, de sentir que todo se está alejando de lo que conocía. Me recordó una vieja obra cuyo título era (es) 'All my friends are going to be strangers', de Larry McMurtry.
      Un abrazo grande!

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  3. Tengo pendiente bajar de las nubes y coger el tren a Lisboa, así que a Lea la voy a dejar tranquila que si te hago tanto caso con las lecturas que luego te me engrupas y no puede ser.
    Ah, y el bibliotecario dice que sí, que podés hacer como el pibe de Kafka en la orilla y venirte a dormir a la biblioteca.
    Un beso enorme.

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    1. Qué triste es saber que me has de tener por un 'engrupido' -un término local, propio de mediados de los '70-. Tengo el viaje a Lisboa pendiente. Si te apetece, armamos un viaje transatlántico, como antaño.
      Espero no provocar tu ira para cuando me mude a la biblioteca, y te entregue los libros en persona...
      Un beso para vos!

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  4. ¡Hola!
    Tengo pensando leerlo. Gracias por tan buena reseña.
    ¡Nos leemos! :-)

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    1. Hola! Gracias por tus palabras. Espero que sea de tu agrado para cuando lo leas.
      Saludos!

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  5. Son numerosas las veces que he escuchado elogios hacia Pascal Mercier y, especialmente, al libro que citáis en los comentarios "Tren nocturno a Lisboa". Con el libro que comentas, "Lea" al menos hay un nexo común, yo también soy padre de una hija, tal vez sea un buen punto de partida. Un abrazo grande Marcelo!

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  6. Tienes mucha razón, amigo Paco. Me había olvidado de Izas! Pero te percibo como un padre amoroso con tu hija y no totalmente dependiente de su capricho como es este caso. Habría que preguntarle a Ara, ¿no?, ja, ja.
    Para mi, fue una buena introducción al universo de Mercier; queda aún el 'Tren' por leer.
    Un gran abrazo!

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