I.
Venía recomendada con gran consenso lector.
Primero, por alzarse con el premio Lumen de novela en 2024. Luego, porque en el
ámbito local no faltó influencer, gurú o
líder carismátic@ literari@ que no la recomendara. Es la primera novela de
su autora, a quien ya se conocía a través de libros de poemas. Había mucha
efervescencia dentro del grupo para encararla y poca resistencia de los más
escépticos.
II.
El texto, escrito en primera persona, podría
enmarcarse entre las ficciones del yo.
La narradora, alter ego de la autora,
repasa su vida y, en especial, la de su madre, nacida en 1950 en una ciudad bielorrusa
bajo dominio soviético, y fuera anotada en 1953, tres años después, tras la
muerte de Stalin. La historia comienza con el nacimiento de la narradora, pocos
meses después del desastre nuclear de Chernóbil, en la ciudad de Gómel, una de
las más damnificadas por las secuelas de la radiación.
III.
La obra se divide en tres partes.
En la primera se describe la infancia de una generación en medio del desastre
ecológico, la estrechez, la enfermedad y la miseria, hasta su mudanza a Buenos
Aires a la edad de diez años. La segunda está constituida por una serie de capítulos
donde la narradora –que pende de un trapecio- se comunica con su abuela y las
compañeras del pantano, aquél al que fueran destinadas tras su regreso de la
Alemania nazi. Una combinación entre surrealismo y onirismo creativo, con
cierta dosis de humor e ironía.
IV.
Finalmente, a causa de su separación y regreso
a la casa de su madre, ya en su treintena, se disparan una colección de
evocaciones que tienen por nervio conductor la relación madre – hija y los
recuerdos del pasado en su tierra de origen. Es de aclarar que muchos lectores
se sintieron sorprendidos –cuanto menos, si no desilusionados- pues pensaban
hallar sustanciales alusiones a Chernóbil; la mayor de ellas se incluye en el
título: ‘luciérnagas’ era el apodo que recibían aquellos que se habían
contaminado con la radiación espuria, motivo suficiente para ser aislados del
resto de la sociedad. La foto de portada es la de su madre cuando joven.
V.
De estilo coloquial, fluido, con
el uso preciso de vocablos en las descripciones de situaciones y sentires –muy propio
de los poetas-, Litvinova nos ofrece una obra equilibrada, no conmovedora pero
sí emotiva, donde las figuras centrales son las mujeres –en especial su madre y
su abuela Catalina-, y su capacidad de resiliencia; de poder reconstruirse en
tierra ajena y distante y sortear los contratiempos con alegría y esperanza. Una
novela para lectores sensibles.

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