viernes, 30 de enero de 2026

Pelibro 42. Orlando

 

Esperaba esta relectura. La primera fue en 2008 y sospeché que compartiéndola habría de ofrecer un debate profundo acerca de los temas que aborda la novela –la pacatería victoriana, la elección personal en la identidad de género, etc.-. Así, cuando una destacada académica de Letras decidió incluir esta obra entre sus lecturas anuales, no dudé un instante en aprovechar la oportunidad y constituir este Pelibro, tras obtener una copia del memorable film basado en la novela, que había tenido la ocasión de ver en la época de estreno.

Libro

Virginia Woolf (RBA, 1995)

Inspirado en su declarado amor por Vita Sackville-West, Woolf nos relata la historia de un aristócrata inglés del período romántico, inclinado a la poesía, que se convierte en mujer –sin pérdida ninguna de sus dotes intelectuales ni virtudes- de la noche a la mañana y en la que su vida transcurre a lo largo de tres siglos y medio, siempre con la misma edad.

Lo sorprendente del libro es que, sin ser explícita, la ambigüedad sexual está llevada de manera natural, sin apologías ni vergüenzas, con las sutilezas propias del estilo narrativo de Woolf. Además, la historia le permite ir describiendo como trasfondo los sucesivos cambios que va sufriendo la sociedad inglesa durante ese período a la vez que delinea una mirada burlonamente crítica del narrador biográfico de entonces y del puritanismo victoriano, donde cuenta más el apego a los roles sociales y la apariencia que las inquietudes que se suscitan en el interior de sus ciudadanos.

No obstante, hay una toma de posición de parte de la autora. No es casual que Orlando escriba mediocres poemas siendo hombre y, una vez surgida la transformación, la mujer se deshaga de esos escritos y los mejore en calidad. Por otro lado, alza su voz contra la imposibilidad de que, siendo el personaje una mujer, la sociedad no le permita heredar los bienes ancestrales de su padre; una forma de protestar contra las normas impuestas a las mujeres de su tiempo.

Disfruté del retrato fidedigno de su época y la fina ironía de las líneas donde expresa veladamente sus críticas a la sociedad victoriana (el cumplir con las formalidades del matrimonio y la maternidad, entre otras), tanto como la adecuada incorporación temporal de los descubrimientos científicos, los que vuelven más verosímil y sustancioso al texto.

Aunque reconozco su carácter ambiguo -muchas asociaciones homosexuales la idolatran y la consideran poco menos que un icono de reafirmación sexual (sobre todo, lésbica)- no puedo menos que pensar en que no sólo hace defensa de los derechos de la mujer, sino también nos lega un mensaje mucho más esperanzador en el que el amor a la poesía y las letras, la búsqueda de la felicidad y su realización en el amor humano trascienden los géneros y el tiempo.

De estilo directo y coloquial, el texto resulta por momentos enrevesado y requiere leerse sin prisas. El travestismo shakespeariano transita las páginas –el protagonista de As you like it lleva el mismo nombre que esta obra-, y más allá de lo simbólico, el personaje sólo alcanzará la inmortalidad gracias a la letra impresa. Una obra para analizar, leer, releer y compartir opiniones.

Film

Sally Potter (Adventure Pictures, 1992)

               Aun hoy la realización de Potter convoca mi admiración. No solo por intentar ofrecer una versión a tono con una novela cuya estructura narrativa impide ser plasmada en un guion acertado, sino que, más allá de las licencias que todo director se toma al optar por ciertas escenas, dejando afuera otras –una de sus potestades-, e incluso habiendo cambiado el final, el film se apega bastante bien al conjunto de la historia y mantiene el espíritu juguetón, paródico y por momentos sarcástico que la autora inglesa transmite en sus páginas.

               Hay alguna omisión notoria. La importancia de la poesía y la literatura que Woolf exhibe en su texto está casi totalmente ausente; solo se acude a ella cuando es funcional a la trama.

               Varios son los aciertos. En principio, la elección de Tilda Swinton –que, a pesar de ser mujer, encarna muy bien la androginia- para el rol protagónico. Luego está el sorprendente vestuario, que se adapta a los cambios de los siglos y geografías. Además, está la música que Potter compuso con David Motion dejándola en manos del entrañable David Bedford. Los exteriores de San Petersburgo y Uzbekistán componen un landscape memorable.

               Otros puntos altos se encuentran en haber dividido el film en secuencias con títulos introductorios –muerte, sexo, poesía, nacimiento, entre otros- que acompañan a los años calendarios donde se desarrollan las escenas; el uso de la mirada a cámara de la actriz, para cambiar de escenario, y los primeros planos de los ojos de Swinton, verdadera expresión de la profundidad de la mirada del personaje, que se debate entre la naturaleza y la melancolía. El resto del elenco está a la altura de la puesta y el argumento.

               En suma, un film que indica que, más allá de hombres o mujeres, todos somos personas; el dualismo de género es una construcción artificial que obedece a conceptos educativos simplistas o perimidos, a necesidades políticas o acuerdos institucionales que no tienen que ver con la libertad del ser humano. La escena final –totalmente arbitraria- no deja de corresponderse con las afirmaciones identitarias contemporáneas a la película, rodada en 1992 y no en 1928, fecha del lanzamiento del libro. Para disfrutar solo, acompañado, en familia o con amigos, una y otra vez.

Testimonio del Pelibro 42

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