miércoles, 20 de mayo de 2026

Sobre la necesidad de ser incluidos. Ellen Foster, Kaye Gibbons

las afueras, 2018

I.

                Fue una sentida reseña la que disparó su búsqueda, hace ya muchos años. Debí esperar largo tiempo hasta su arribo a estas costas, y tras eso, el ejemplar debió esperar también lo suyo hasta que me inclinara por él. De hecho, lo había seleccionado junto a otros títulos para proponer a un ínfimo grupo de lectores, sabiendo que habría de agradar. La inesperada disolución del mismo me privó la experiencia de compartirlo, pero no revocó mi decisión de encararlo.

II.

                El título de marras lleva el nombre de su protagonista, una niña de once años que vive en el Big Sur norteamericano. Afortunadamente, ha podido dejar atrás una infancia trágica: el suicidio de su madre, un padre alcohólico y maltratador y parientes que solo la refugian por días, cuando no le dan la lisa espalda. El hallazgo de una nueva mamá que la cobije y le permita crecer en un entorno más adecuado se conoce desde el principio de la novela. Entonces, ésta narra las peripecias de todo lo acontecido previamente hasta llegar a ese final feliz.

III.

                El texto cuenta con varios aciertos, comenzando por la construcción de la protagonista. Por un lado, Ellen es una niña bastante despierta, muy curiosa e inteligente, capaz de enfrentar el desarraigo y las desigualdades sociales con éxito y salir fortalecida después de lidiar bajo circunstancias adversas. Por otro, si bien hay cierto juicio de valor sobre la moral, la frescura con que Gibbons ha dotado a Ellen en sus maneras de expresarse compensan largamente cualquier sesgo aleccionador. En su voz, tan infantil como nítida, resuenan otros personajes de novelas de iniciación.

IV.

               Además, la narración aborda el estado de marginación, las diferencias de clase y la segregación racial con cierta altura. No es menor que su mejor amiga sea una niña negra, por quien sus propios padres se desviven, mientras que en su derredor blanco –supuestamente superior- campean la hipocresía y la disfuncionalidad.

V.

               De estilo ameno y coloquial, con diálogos bien provocados y escenas que contrastan –algunas duras, otras tiernas, pero siempre sin golpes bajos ni de efecto-, y acompañada por un puñado de personajes secundarios que refuerzan la solidez del relato, Gibbons ofrece una obra sobre la resiliencia y la irrenunciable necesidad que todos tenemos –más un niño- de sentirnos incluidos, de pertenecer a un núcleo humano, familiar o no. Una lectura entretenida, tan emotiva como luminosa.

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