Random House, 2026
I. Empujados por el reciente lanzamiento, lectores
afines a las letras de Almada se alegraron al saber que la votación de lectura
conjunta recayera en este título. En rigor de verdad, no es el primer escrito
donde un inmueble cuenta su historia; Manuel Mujica Láinez narró los avatares
de una casa ubicada en el casco urbano de Buenos Aires, cuyos ocupantes
pertenecían a la clase dirigente argentina. En cambio, Almada se inclina por
una casa de aldea, situada en el Litoral.
II.
La historia se retrotrae al
pasado entrerriano, evocando la figura mítica de Justo J. de Urquiza quien
habiendo derrotado a las fuerzas de Juan M. de Rosas –y también a las de
Mitre-, decidió recluirse en su estancia de San José, donde fuera asesinado en
1870 por una partida de mercenarios. Desde allí y hasta el presente, una casa
comienza a narrar su propia vida, describiendo con detalles los sucesos más
significativos y, de paso, las costumbres sociales. Así, exhibe el rol de
sumisión y sometimiento de las mujeres respecto de sus hombres; el de éstos
respecto del patrón que les arrienda
la tierra, y las dificultades en la supervivencia.
III.
Pero, además de estos tópicos, se
desarrolla una trama que bordea la intriga policial. Los últimos habitantes de
la casa fueron los Lucero quienes, un buen día, sin mediar comunicación
ninguna, abandonaron todo lo que poseían y sin más, se esfumaron sin dejar
rastros. Tanto el dueño del terreno como la policía han tomado cartas en el
asunto, pero sin arribar a ninguna conclusión razonable. Existen rumores –como
en toda aldea- que dicen que el patrón se enamoró de la mujer de su inquilino y
decidió matarlos; otros, que se cansaron de esa vida, etc. Lo cierto es que nadie
parece saber demasiado.
La versión digital, gentileza de una colega lectora
IV.
La novela presenta altibajos.
Entre sus aciertos está el estilo narrativo de Almada, reconocible en ésta como
en sus obras anteriores, y el uso de expresiones locales que han fortalecido el
conjunto de trama y descripciones costumbristas. Por el otro, la autora parece
haber querido abarcar distintos aspectos de la vida en el lugar, iniciando
algunos temas importantes, sin darles un adecuado cierre. Hasta la historia de
los Lucero se desvanece en un final abierto, sugerido pero no explicitado,
dejando la sensación de un trabajo incompleto.
V.
De estilo coloquial y ameno, la
novela fluye rápidamente hacia un final algo previsible y no muy concreto. Hay
detalles poco felices que opacan el trabajo –v.g., la casa no puede relatar
aquello que no ocurrió dentro de sus propias paredes o en sus inmediaciones-.
Sin estar mal, no es un trabajo a la altura de los anteriores. Recomendable
para fanáticos de la autora.


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