Automática, 2019
I.
Habiendo transitado con antelación las letras
del autor, me alegró mucho al ser propuesto este título en un club de lectura. En
momentos en que toda información proveniente de China parece perniciosa y/o
desleal –al menos, en este patio trasero de los E.E.U.U.-, convocar a una voz
literaria de ese origen –quien, de paso, no parece sentir demasiado apego por
el régimen actual-, ha sido, cuanto menos, un desafío. Su breve extensión y su
emotivo contenido hicieron el resto.
II.
Una aldea cercana a las montañas
de Balou, en Henan, sufre una de las más adustas sequías históricas. Pasan los
días y ante el calor sofocante y la falta de agua, tanto como de perspectivas
optimistas, sus habitantes deciden migrar y buscar otras tierras en las que
sobrevivir. Toda cosecha local ha sido arrasada y ya no quedan alimentos
disponibles. En este marco, un anciano setentón, junto a su perro ciego,
deciden permanecer para abrigar una última esperanza: ver crecer, alimentar y
cuidar el único –y último- brote de una planta de maíz, que el viejo cultiva en
un terreno a poco más de cuatro kilómetros de distancia.
III.
Mientras tanto, deben enfrentar la hambruna
mediante raciones que ambos comparten. En principio, utilizan los escasos
recursos que les quedan una vez que la población ha partido. Luego, intentan
despojar del alimento a la multitud de ratones que se dan cita alrededor. Más
tarde, cazarlos y alimentarse de ellos. Pero el hombre tiene un desafío diario:
debe encontrar agua y llevarla a su parcela para regar el brote. Y en el camino
puede hallarse con una jauría de lobos, tan hambrientos como él mismo…
La versión digital, gentileza de una amiga lectora
IV.
La breve novela es poliédrica. Hay
un primer plano, el de la supervivencia, en que ambos protagonistas –el viejo y
el perro- comparten sus cuitas, con la verbalización del primero y la
aquiescencia silenciosa del segundo, de manera que el animal alcanza una suerte
de humanización. Luego, hay una no tan velada crítica al comunismo chino, donde
la utopía de la igualdad se desbarata, porque no son todos iguales –éstos son
huérfanos sociales-. Después, está la alusión no menor al cambio climático,
responsable último de las prolongadas sequías, y finalmente una burla a la
propaganda maoísta, a través del grotesco.
V.
De estilo fluido y ameno, con monólogos introspectivos,
abundante cantidad de silencios –muchos de ellos, como respuesta a los diálogos
que el perro no puede efectuar-, y un final tan epifánico como liberador, Yan
compone una historia donde el eje está puesto en la lucha por la vida, y donde todo
da vueltas alrededor de un brote de maíz. Un texto luminoso y recomendable.


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