martes, 22 de septiembre de 2026

Los viajes de Chatwin. 2. Los trazos de la canción, Bruce Chatwin

Península, 2005

I.

                En el segundo volumen que compone esta trilogía, Chatwin narra las peripecias de un viaje sui generis a Australia. En stricto sensu, es la crónica que toma cuerpo mientras intercambia gentes y geografías en busca de un mito que circula en el territorio: los aborígenes australianos delimitaban sus terrenos en base a una canción que cada propietario conocía, única en su melodía. Esa canción servía de frontera de las parcelas a la vez que resguardaba los lugares sagrados.

II.

                Para proveerse de material de primera mano, Chatwin entra en contacto con Arkadi, un ruso residente, quien no solo le servirá de guía en su travesía sino que se encargará de las negociaciones con los pueblos originarios para respetar los lugares santos, en vista a la construcción de una nueva línea ferroviaria que atraviese esos terrenos. Así, a partir de este vínculo se abrirá una aventura junto a un puñado de personajes tan circunstanciales como entrañables, en la Australia profunda, en una atmósfera de escasez y supervivencia extrema.

III.

                Por sus páginas desfilan camionetas desvencijadas, viviendas precarias, tabernas desconchadas y otros elementos del entorno que, con la maestría literaria de las descripciones del autor, no solo se vuelven reales; el lector siente lo que está siendo narrado. Por otra parte, al estructurar la obra en breves capítulos, cada uno de ellos puede ser leído como si fuera un relato o episodio unitario.

IV.

               Destaco un plano no menor que alcanza la obra hacia el final de la misma. Allí, Chatwin se despoja un tanto de lo narrativo para darle espacio a una serie de reflexiones de naturaleza antropológica, filosófica y conductual, haciendo gala de meditaciones sobre el comportamiento humano, su agresividad, su predación de especies y naturaleza, su condición gregaria, su tendencia al sedentarismo y la vida nómade, que hacen del conjunto un texto memorable, que no se restringe al ámbito de un libro de viajes, como lo han catalogado. Es un compendio enriquecedor al ya vasto esfuerzo de poner en palabras toda una cultura basada en canciones.

V.

               De estilo coloquial, ameno y fluido, con profusión de escenas propias de un western y un sabio reparto entre diálogos y silencios, Chatwin ofrece una obra que conjuga tintes autobiográficos con recursos narrativos y elementos de ficción, en una amalgama que mantiene el interés lector hasta el desenlace. Una maravilla que asombrará al lector más entrenado. Para no dejar pasar.

 

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