Tenía
ganas de volver a sendas obras, libro y film. Era muy joven cuando encaré el
texto y algo más maduro cuando me decidí a ver la versión cinematográfica. Al
reeditarse el primero en una edición económica, lo llevé junto a otros títulos incluidos
en la colección.
Libro
Anthony
Burgess (Planeta, 2018)
La historia se centra en las
acciones de Alex, un adolescente de quince años quien, junto a tres amigos,
sale por las noches a robar a los comerciantes, violar a jovencitas, luchar
contra otras pandillas y ejercer violencia sobre los viejos indefensos.
Ambientada en una sociedad futura, Alex es el líder de su propia pandilla y
miente descaradamente a sus padres acerca de sus actividades, diciendo que trabaja de noche. El conjunto se reúne
en una lechería, en la que se sirven preparaciones lácteas que incluyen drogas,
capaces de exacerbar el lado violento de los clientes.
Así, Alex participa del mismo, pero
una vez efectuada la cura, el tratamiento lo vuelve incapaz de tomar decisiones
acerca de su vida. Para colmo, es despojado de su habitación en su casa y se
vuelve a encontrar con todos aquellos que de alguna manera han sido sus
víctimas, tomando la previsible revancha.
El libro está estructurado en tres
partes bien definidas, cada una con siete capítulos. Esta edición se acompaña
de un prólogo del propio autor, donde aclara que la edición en E.E.U.U. –la que
tuvo Kubrick en sus manos- no contaba con la redención propuesta en el último
capítulo, debido a una supresión de corte netamente editorial.
En estilo coloquial, profuso en una
jerga propia de los adolescentes –nadsat,
que requiere acudir al glosario al final del volumen-, Burgess captura la
naturaleza violenta de algunos jóvenes y la lleva hasta sus límites. Publicada
en 1962, sostiene que el hombre debe poseer el derecho inalienable de decidir
el curso de sus acciones morales, sin injerencia del poder del Estado. Se le podrá juzgar
por ellas, pero no prohibir o censurar su ejercicio de la libertad con la
excusa de que ‘es por su bien’, un
eufemismo para someter al ciudadano contra su expresa voluntad. Además,
aprovecha para burlarse –con mucha altura- de los avatares del poder y sus
negociados. Una obra pionera, mal incluida en la categoría de Ciencia Ficción.
Deja poso para reflexionar.
Film
Stanley Kubrick (Warner
Bros, 1971)
¡Qué se puede decir
del film! El trabajo de Malcolm McDowell en el rol protagónico de Alex es
simplemente espectacular: transmite a la perfección todo el cinismo y la
violencia de su personaje principal. El guión se apega bastante bien a la
historia original, aunque Kubrick se ha tomado algunas licencias, siendo la más
notoria el final abierto, mucho más sugerente que la conclusión que hace
Burgess en el libro.
Destaco el manejo de la cámara, que
alterna primeros planos con tomas panorámicas, haciendo un uso moderado del
zoom. Filmado en Inglaterra, tanto la ambientación como la música seleccionada
para los distintos cuadros acompañan apropiadamente la narración. El resto del
elenco está a la altura de la interpretación de McDowell, con puntos sobresalientes
en Patrick McGee (F. Alexander) y Anthony Sharp (Ministro).
El hecho curioso del film es la
resolución de cómo Mr. Alexander reconoce a su viejo atacante: esto ocurre
cuando Alex, tomando un baño en la mansión de aquél, entona la canción Cantando bajo la lluvia (inexistente en el texto del autor), la que también
cantaba mientras obligaba a su víctima a observar la violación de su mujer, sujetado
por sus esbirros amigos. Dicen que fue el propio actor el que sugirió al
director incluir el cantillo en ambas escenas. En el libro, Alexander sólo
alberga la sospecha acerca de Alex, pero la tortura subsiguiente se debe más a
una cuestión de naturaleza política que personal.
Otro acierto de la realización es
haber reducido el vocabulario nadsat –
adolescente a una mínima expresión. De no haber sido así, hubiera corrido
riesgo de perderse parte de la fluidez narrativa –cosa que ocurre al inicio del
libro, hasta que el lector se familiariza-.
En suma, una obra maestra de Kubrick
que vale la pena ver una y otra vez.
Testimonio del decimooctavo Pelibro