Adriana Hidalgo, 2003
Traigo
desde el olvido una reseña, efectuada hace una década para otro espacio, sobre un
título del recientemente galardonado Premio Nobel de Literatura. Si bien ya he
leído el título que se cita en este texto, me pareció oportuno ofrecer una
mirada personal sobre esta compilación de fragmentos, alejada del resto de la obra del autor austriaco.
Fue durante el período de enfermedad
de nuestro editor el pasado invierno que, ante la imposibilidad de acudir a sus
actividades cotidianas, desde este mismo espacio se le sugirió que aprovechara
a leer. Uno de nuestros visitantes le propuso justamente este título. Yo tomé
debida nota, al tiempo salí a buscarlo y, dada la naturaleza del libro, decidí
encarar su lectura ya sea por ser una rareza o, simplemente, para leer algo
distinto a lo habitual.
La
obra es un diario -sin el formato clásico de un diario- que fue escrito en
París entre 1975 y 1977, cuando el autor se encontraba escribiendo “La mujer
zurda”. El propio Handke expresa que son materiales descartados que no pudo
incorporar en las novelas, a los que les otorga el carácter de una crónica
inmediata de percepciones a través de fragmentos que recogen un instante
determinado, un comentario, un pensamiento, una idea para incluir en un trabajo
posterior,
“Ella hablaba desesperada
en dirección al fuego, y yo pensé que se arrojaría a él para sacarle a su
desesperación ese dejo eternamente retórico”.
como
también estados de ánimo, reflexiones e imágenes:
“El hombre a la mujer: “¿Es
la sexualidad tan importante para ti?”. La mujer: “Las palabras solas no me dan
suficiente sosiego”.”
Todos estos fragmentos representan
escenas, como si sólo fuera cuestión de disponerse a observar y anotar. Lo
difícil del caso es saber qué observar y qué anotar. Es decir, aquello que es
llamado a cobrar relieve. Hasta en las cosas más nimias, Handke vuelve
comprensible su entorno y expresa la actualidad de su acontecer. Mientras se
lee, el contenido tiene la frescura de la narración en tiempo presente; no como
anécdotas a las que les cabe un dejo de nostalgia.
A
lo largo del texto se dan cita la internación y operación cardíaca del autor;
sus paseos y charlas con su hija, el miedo a la muerte, diálogos oídos por
casualidad y un sinnúmero de evocaciones de raíz biográfica.
Es un libro que recuerda al “Libro
del Desasosiego”, de Pessoa, sin el matiz depresivo, pero con una estructura
similar, que permite leerlo de a ratos, o intercalado con otras lecturas, dada
la ausencia de una trama continua. Quizás pueda servir de modelo o como
elemento disparador para todo aquel que se inicie en la escritura.
Dejo para el regocijo del lector
este maravilloso párrafo. Ojalá que de toda pareja pudiera decirse lo que
sigue:
“Solo la cercanía más cercana pudo calmarlos,
pero calmarlos totalmente, esa cercanía era suficiente; no necesitaban una
mirada, ni una palabra, ni un gesto, ni contacto, sólo el puro estar juntos.
Entonces no eran dos personas, eran sólo una en un bienestar perfecto y sin
conciencia, satisfecha consigo misma y con el mundo. Sí, si hubieran retenido a
uno de los dos en el lugar más remoto de la casa, poco a poco el otro se habría
movido espontáneamente, sin resolución, hacia aquél. La vida era para ellos un
enigma cuya solución sólo podían encontrar juntos”.




