I.
Parecía un libro distinto -con un contenido que supuraba inquietud- cuando leí un comentario de él hace ya muchos años. Salí en su busca al poco; estaba saldado. Por fortuna, había un ejemplar de segunda mano disponible, pero tuvo que soportar una paciente espera hasta este momento. Opté por él debido a su brevedad. Me equivoqué; requería de concentración.
II.
Novela rara si las hay. En Eschberg,
una aldea entre Austria y Alemania el último de los Alder se ha muerto de
inanición. Estamos en 1892 y ya no hay más nadie. Tras los tres grandes
incendios, sólo quedaron dos familias: los Alder y los Lamparter, con
matrimonios endogámicos y, por consiguiente, con trastornos de carácter y/o
psicológicos. Un narrador -que continuamente alude al lector para que focalice
la trama-, cual comentador de su propia obra, va relatando la vida de Johannes
Elias Alder, un ser prodigioso, capaz de percibir los sonidos universalmente y
convertirlos en música.
III.
Nacido en 1803 y cuyo rasgo esencial
es tener las pupilas de color amarillo, este Elias no está sólo. Lo acompaña un
primo, Peter, y su numen inspirador, la pequeña Elsbeth, hermana del anterior,
de quien Elias se enamora profundamente, aunque tiene la desgracia de no ser
correspondido. La enfermedad –o borrachera profunda, da igual- del organista de
la iglesia local, le brinda a Elias la ocasión de hacerse cargo del órgano a
una temprana edad y demostrar su talento existencial. Sólo que ese talento
quedará restringido a la aldea y se diluirá con el tiempo, lo mismo que su
poseedor.
IV.
Este protagonista solitario e introvertido, disfruta de la vida al aire libre y de componer melodías, sin descuidar las labores en la granja de su padre. El éxtasis al que lo conduce su amor por Elsbeth y la música creada en el órgano hacen de Elias un místico, alguien a quien se le ha permitido vivir la experiencia de Dios. Pero ese Dios cruel, le impide trascender su prodigio a la vez que le priva del amor de su amada –que se casará con otro primo-. Así, Elias llevará una corta vida, no sin padecer un estado de locura antes de morir.
V.
Con una prosa amena y coloquial, en
medio de una atmósfera opresiva y cierta dosis de onirismo, Schneider nos
interpela sobre el sueño, el amor, la música y la muerte, elementos
omnipresentes en este trabajo. ¿Puede explicarse –o mejor, interpretarse- la
vida de un ser humano sin ellos?, ¿hasta dónde cobra sentido poseer un don
especial si no se puede compartir con los demás? En suma, un libro que resulta interesante
por la perspectiva que ofrece.





