Debate, 2015
I.
De los combates, aciertos y errores,
triunfos (más) y derrotas (menos) de la Segunda Guerra Mundial, hemos visto y
aprendido a través de los films bélicos que Hollywood (en su mayoría) nos ha
querido mostrar (vender); sobre todo, del protagonismo yanqui en la misma, como
si ellos hubieran sido los (únicos) triunfadores. También hemos vibrado con la defensa
aérea inglesa al intenso bombardeo de sus ciudades y la acción de la
resistencia francesa una vez que los nazis ocuparon su territorio. Poco se ha
exhibido, en cambio, del frente ruso, verdadero vencedor o, al menos, responsable
de inclinar la balanza a favor de los Aliados. Pero mucho menos se sabe de las
mujeres soviéticas que participaron junto a los hombres en la contienda.
II.
Con este trabajo, Alexiévich viene a
cubrir un enorme vacío que dejó la Gran Guerra Patria –así se la llama a la
IIGM en Rusia- con todas esas mujeres que de alguna manera tomaron la valerosa
decisión de enfrentarse a un enemigo poderoso y mejor equipado. El libro
compila una serie importante de testimonios de las sobrevivientes, tomados
entre 1978 y 1985, dándole de esta manera voz a las que, por prudencia, miedo o
principio de conservación, callaron una vez alcanzada la Victoria. Porque hasta
ahora, la guerra era sólo cosa de hombres.
III.
No solo narran sus anécdotas
aquellas destinadas a comunicaciones, enfermería, medicina y propaganda, sino
también las que tomaron armas -francotiradoras, pilotos, tanquistas, etc.- y
las que formaron parte de los partisanos,
la milicia rural. Cada una, a medida que evoca sus recuerdos, le va entregando
al lector jirones de su propia vida. Varias de ellas lloran; otras prefieren
callar para no volver a sentir aquel dolor. Alexiévich sabe darle el espacio a
todas para que se explayen, se tomen sus tiempos y prosigan con sus relatos.
Como siempre, desgraba las pláticas una vez concluidas y las vuelca al papel
sin su participación.
IV.
Los testimonios abordan distintos
temas: el horror de los bombardeos, las condiciones sanitarias, los motivos por
los que se enrolaron en la milicia, los actos de heroísmo, el escaso
reconocimiento de las autoridades, el frío y el hambre, el miedo a quedar
mutiladas, el amor y el regreso a casa, entre otros. Para muchas, la guerra no
concluyó el día de la Victoria; prosiguió desactivando minas del terreno y
enfrentando a las otras mujeres –las que se quedaron en casa- que las tildaron
de prostitutas.
V.
Alexiévich agrupa la temática por
capítulos en un libro que es fiel reflejo de lo vivido por todas esas mujeres
que, fusil o gasa en mano, decidieron hacer suya la lucha contra la invasión nazi.


