Salamandra, 2017
El porqué
Se ha abierto una controversia
descomunal entre los lectores tras la aparición de este título en traducción
castellana. Una mayoría lo pondera como heredero de buena literatura –algunos
han llegado a señalarlo como descendiente de Flaubert, nada menos-. Frente a
ella, una minoría aguerrida lo tilda de plano, abúlico, sin matices. Ante
semejante reto, no podía hacer otra cosa que pasar por la experiencia de leerlo
y ver qué me dejaba.
La historia
Todo comienza con el rescate de un viejo
cabrero en medio de una aldea de los Alpes una mañana de febrero de 1933.
Andreas Egger, con algo más de treinta años, intenta salvar la vida a un pastor
pero éste, asustado por la proximidad de la muerte, se escapa apenas puede. Un
narrador nos cuenta que Egger perdió a su madre a principios de 1900; fue
criado por un pariente y azotado de tal forma que ha quedado cojo de por vida.
Una vez que pudo emanciparse, consiguió trabajo en una empresa que comenzaba a
colocar teleféricos. Se enamoró, pero perdió a su amada. Lo alcanzó la guerra y
fue destinado al frente. Capturado por los rusos, estuvo ocho años viviendo
entre ellos hasta que al final volvió a su pueblo, sin encontrar nada de lo que
había dejado. Como su lesión le impidió acceder a un empleo, su conocimiento de
los senderos lo convirtió en guía de turismo. Así hasta su retiro, cuando dejó
de ocupar una pieza en la aldea para aislarse dentro de un establo abandonado y
morir con casi ochenta años. De poco hablar, gustaba de contemplar el panorama
que las montañas le ofrecían, eludía la vida urbana y descreía en los
beneficios del progreso.
Análisis somero
Seethaler construye una novela alrededor de un
protagonista tosco, sin instrucción, en un estilo literario que tiene mucho de
crónica, con un narrador tan omnisciente como invisible. Pareciera que sólo
intenta hacerle llegar al lector los hechos tal como sucedieron. Con escasez de
diálogos –necesario para afirmar la identidad psicológica del personaje- y un
sinnúmero de recursos propios del oficio, el autor nos brinda dos posibles
lecturas.
Si nos quedamos sólo con el
desarrollo de la narración, lo único destacable es la coherencia interna del
texto y la manera escueta y directa que Seethaler ha utilizado para describir
los momentos más importantes en la vida de su protagonista; una vida que, por
otro lado, no reviste trascendencia ninguna: no plantea aspiraciones, no
despierta pasiones ni se mueve por afanes materiales. Así, el libro resulta
simplote, lineal de cabo a rabo y, hasta por momentos, aburrido. Sospecho que
los lectores más críticos han efectuado esta lectura.
Sin embargo, si nos animamos a ir algo
más allá, encontraremos algunos otros elementos que enriquecen la novela.
Egger, un hombre sin educación formal, parece rústico pero su lesión no le
priva de ser inteligente. Se da cuenta que necesita trabajar para ganarse el
pan y tener un techo donde cobijarse, mas no necesita mayores recursos; le
alcanza con disfrutar día a día lo que la vida le ofrece y, con ello, alcanzar
cierto grado de felicidad. En ese aspecto, Egger encarna al ser humano en
armonía con el medio ambiente –tan en auge hoy-, que da al traste con el modelo
de éxito y confort proclamado por los medios de comunicación del capitalismo.
Por otra parte, hay una crítica al
tan ansiado progreso que, si bien facilita la vida a los pobladores con la
llegada de la energía eléctrica y los turistas -que aseguran su prosperidad-,
pierden riqueza social con el arribo de la TV y su cuota de superficialidad.
Además, desmitifica la visión romántica que se tiene sobre la vida en el campo:
sobrevivir allí es una tarea ruda, ardua y requiere de una dedicación continua
-lo que con el paso del tiempo genera achaques crónicos, entre otras realidades-.
Si unimos este enfoque con lo conciso del estilo y la brevedad de toda la obra,
estaremos entonces ante un éxito literario que goza de justificación. Es
probable que esa mayoría de lectores aludida al inicio se haya enfocado en esta
mirada.
Conclusión
Es un libro que resume el paso de
casi un siglo sobre una aldea de los Alpes, para alguien que no ha tenido
opciones pero que ha hallado su manera de ser feliz, más allá de los sinsabores.
Si bien mantiene cierta actualidad, parece destinado a documentar los cambios
que han acompañado la vida de un aldeano, aunque no sin dejar de reflejar que
son vestigios de una época perdida, como el autor señala en el texto.
Coloquial, su lectura resulta amena y rápida. Una propuesta interesante.