Nuevo Siglo, 1994
I.
Creo que el título surgió de un
comentario en el blog de un amigo, y lo apunté. Luego, cuando tuve la
oportunidad, me hice de una versión digital. No tenía mucha idea acerca de lo
que iba a encontrar, pero un poco de fantasía siempre ha sido buena, sobre todo
cuando la realidad cotidiana se ha vuelto gris y rutinaria.
II.
Nos encontramos con un trabajo que
data de 1884. Teodoro es un funcionario de menor valía que habita en la pensión
de doña Augusta, en Lisboa. Apenas puede hacer frente a sus gastos, pero goza
de la lectura. Un día, mientras leía uno de esos empolvados libros, descubre
que podría hacerse millonario con solo hacer tintinear una campanilla. No cree
en ello, pero… la campanilla se hace presente, a la vez que un hombre vestido
de negro quien, con sutilezas y argucias, intenta convencer a Teodoro de que
efectúe el hecho. Con ello, dará muerte a un longevo mandarín de los confines
de China y, por un birlibirloque, heredará su cuantiosa fortuna. Teodoro no
duda y hace sonar la campanilla y…
La versión digital, gentileza de Epublibre
III.
Lo cierto es que, si bien Teodoro se
hace rico, la figura del mandarín lo acosa día y noche, de manera de hacerle
saber que toda su familia no solo se ha empobrecido sino que el hambre golpea a
sus puertas. Incapaz de renegar del dolor ajeno, Teodoro intentará llegar a los
confines de la China para devolver en parte los fondos del mandarín, aunque con
ello deba asumir riesgos de vida.
IV.
Con una pluma proverbial, ágil y muy
divertida, Queiroz pone el acento en la codicia y en la necesidad de restañar
el mal que se ha hecho. Consciente de los recovecos del alma humana, el autor
va planteando reflexiones sobre el materialismo, la justicia y, en definitiva,
de cuánto vale aumentar nuestras riquezas, con el costo de empobrecer a los
demás. No poca cosa, en estos tiempos. Un libro que invita a la reflexión.






